por Joaquín E. Espinosa *

Desde hace unas semanas, tanto en las redes sociales como en periódicos y revistas digitales de México han abundado comentarios acerca del llamado “caso Boris” (ver los artículos de Alida Piñón en El Universal, Gabriel Torres Puga y Roberto Breña en Nexos, así como las intervenciones de Josefina Mac Gregor y Pedro Salmerón en este espacio). Se han comentado ampliamente su inasistencia a clase (el susodicho es profesor de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM), y sobre todo una amplia y muy comprobada serie de plagios: amplias citas sin dar su procedencia tanto en sus tesis de grado (maestría y doctorado) como en los subsecuentes libros publicados con base en ellas; ver el blog Yo(también)quierountrabajocomoeldeBoris.

Se ha discutido acerca de su poca seriedad y honestidad intelectual, de lo oneroso que resulta que un vástago de la Universidad Nacional incurra en artilugios tan ruines e indignos, y del vacío que existe en la propia legislación universitaria acerca del robo intelectual. Pero hay una cuarta cuestión que tiene mucha relevancia y considero es la más preocupante para el entorno del “doctor” Berenzon. La facultad que tiene en nómina al plagiario, a sabiendas de sus recurrentes faltas, sólo en una ocasión ha sancionado al profesor (y únicamente con un extrañamiento). Ante la denuncia que apenas hace pocos meses se hizo en su contra por el robo de material intelectual, nada ha dicho o hecho aún.

Hasta ciero punto es de comprenderse que la reglamentación de la UNAM tenga un vacío en esa materia: ¿quién iba a pensar que un universitario, con todas sus credenciales y reconocido como doctor, pudiera llegar a incurrir en el plagio, en el robo de las ideas ajenas? Vaya, que a muchos nos ha tomado por sorpresa. Pero, de forma totalmente opuesta, parece increíble que la institución que lo alberga, sumamente reconocida en el ámbito del pensamiento y las humanidades, respetada por las mentes egresadas de ahí y admirada por sus científicos en historia, pasadas las semanas ni siquiera haya hecho una declaración pública o, de manera más determinante, haya suspendido en sus labores al imputado.

Ahora bien, el improperio no queda ahí. Si ya es bastante grave que de sus entrañas provenga un ladrón intelectual, no lo es menos el hecho de que la institución le haya reconocido y le mantenga en sus grados. Si bien el plagio está demostrado a las claras, “no tiene la culpa el indio” sino el jurado que permitió que esos textos se convirtieran en tesis. Peor aún si el historiador que dirigió las “investigaciones” del aspirante al grado es nada más y nada menos que la reelecta directora para el período 2013-2017, doctora Gloria Villegas Moreno.

La casa de Boris Berenzon.
La casa de Boris Berenzon.

Tanto a mí, como alumno que soy de esta facultad, como a mis compañeros, se nos hace una burla el hecho de que se haga caso omiso de un acto tan condenable. A nosotros, desde el inicio de la carrera se nos hace énfasis en la importancia que tiene el bien citar, tanto para poder ubicar la fuente consultada como para respetar las ideas ajenas. Prácticamente se dedican dos semestres completos a aprender a señalar de buena manera el origen de las ideas que no son nuestras, y que mencionamos por adherirnos a ellas. Incluso se nos pone al tanto de que en caso de incurrir en una falta de reproducción no reconocida se nos pondrá a disposición de las autoridades universitarias.

Pero, ¿qué pasa si uno de los académicos, un profesor, efectúa la falta y no es castigado por ello? ¿Qué pasará si la falta queda impune? Creo que la Facultad de Filosofía y Letras está ante una situación definitiva: o demuestra su seriedad y profesionalismo, o comienza una política de permisión y excepcionalismos que redituará en la caída del nivel académico, y volverá descarados a los que falten a los más elementales parámetros de responsabilidad intelectual. En vista de lo acontecido, incluso puede comenzar a pensarse en que la impasibilidad de las autoridades es más bien un solapamiento. Y ello, créanme, acabaría definitivamente con la credibilidad y reputación que teníamos por mayores virtudes de esa institución.

13 Comments

  1. Difiero en un asunto substancial sobre el que creo que tengo que escribir: los sinodales de una tesis, menos aún los de una tesis de posgrado, no son corresponsables de un plagio. El especialista en el tema es el doctorante, no los sinodales ni el director de tesis (si así fuera, no avanzaría la ciencia: yo solo podría dirigir tesis sobre el villismo… y ni eso ¿acaso puedo estar al día de las tesis presentadas en la Universidad de Ruritania Occidental susceptibles de ser plagiadas por un vivales, como ha ocurrido en otros casos?)
    No, ni el director de tesis (en este caso la doctora Villegas) ni los sinodales, son cómplices del plagio del plagiario Berenzon. De la doctora Villegas puede molestarme su actual silencio como directora de la Facultad o el que no se deslinde de algo de lo que ella no es ni puede ser responsable: las trapacerías de Berenzon.

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  2. Doctor Salmerón:
    Me parece que en lo general tiene usted razón: imposible es saber más sobre una tesis de posgrado que quien la escribió, y en general no es evidente que haya plagios si uno no está sobre aviso y ya los anda buscando. Pero lo invito a que haga la siguiente observación sobre este caso en específico, que le revelará la calidad de la lectura que recibió la tesis de maestría del señor Berenzon y servirá de indicio de la gravedad de los problemas de los que Boris es ejemplo. Abra el libro Historia es inconsciente, versión editada de la tesis de maestría de Boris: http://es.scribd.com/doc/138602976/Plagio-Boris-Berenzon-Historia-Es-Inconsciente. Vaya a la página 120, donde dice “Robert Darnton nació en los Estados Unidos en 1939…”. Ahora vaya al artículo de Fractal de 1996, del cual se plagia ese párrafo y los subsiguientes: http://www.mxfractal.org/F2darn.html. Vuelva a Historia es inconsciente, ojee otras páginas: se dará cuenta de que el sistema de citación usado en todo el libro menos en esos fragmentos plagiados es el “francés” o “tradicional”: llamados a pie de página con referencias completas. Observe que en los pedazos que le señalo, igual que en el texto plagiado, el sistema de citas cambia al Harvard. Ahora revise la bibliografía de Historia es inconsciente: por supuesto, no trae algunas de las obras citadas en el formato Harvard. El proceder de Boris no sólo es inmoral: es de una torpeza extraordinaria, de alguien que no sólo plagia sino que lo hace a lo bestia, convencido a tal punto de su impunidad que se permite no adaptar lo que plagia en un mínimo intento por disimular. ¿A usted, como director de tesis de posgrado, se le pasaría por alto que su tesista varió súbitamente su sistema de citación? ¿Usted daría su visto bueno a ese escrito, consideraría a quien lo presenta en esas condiciones apto para llegar a un examen profesional y obtener un título de maestría, uno de doctorado? ¿Qué es lo que pasó aquí? En el mejor de los casos, la doctora Villegas (y el sínodo…) no leyó este trabajo, que no sólo dirigió en su versión tesis sino que presentó cuando fue editado en San Luís (revise el c.v. de Villegas, p. 94, aquí: http://www.juntadegobierno.unam.mx/pdf/filosofia/2013/Villegas-Moreno-curriculo-completo.pdf). Ejemplos como este hay muchos: el mismo Aurrecoechea denunciaba frases truncas en el plagio a su obra en Re/tratos de la /revuelta, que atribuía (¿y cómo no coincidir?) a un descuidado proceso de corta y pega.

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  3. En la era de inernet es muy fácil encontrar un texto, sobre todo cuando se trata de Monsivais, Zea u Paz, que considero que debieran concocer personas como la doctora Villegas y el doctor Matute.

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  4. Sigo en mi punto, estimada Beatriz: yo mismo, cuando escribo borradores, cito de la manera más económica posible y cuando presente textos para su revisión y posteriormente, para su publicación, cambio por completo la manera de citar. El ejercicio sobre los palgios de Berenzon ya se hizo y resulta irrefutable. Mi único punto es que el director de una tesis no es necesariamente corresponsable, como se ha llegado a afirmar, como se está afirmando. Menos aún los sinodales. Mi otro punto es que, sin duda, probado el plagio y la trampa sistemática, patológica en este caso, las autoridades deben manifestarse.

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  5. Me permito diferir nuevamente, doctor Salmerón. El argumento que desresponsabiiza absolutamente a los directores de una tesis se muerde la cola. Si no son responsables de ningún modo sobre el producto, su misma existencia es superflua: prescindamos pues enteramente de ellos, lo mismo si es un collage de plagios que un trabajo genial se tratará de la responsabilidad exclusiva del tesista. Pero no es así. La dirección de tesis es en principio un pacto de colaboración intelectual y guía profesional entre quien ostenta un grado académico y quien aspira a obtenerlo, es un acto de acompañamiento en el tránsito de una calidad a otra dentro de un sistema institucional escalonado. Suponer que quien libremente aceptó participar en calidad de tutor de un proceso académico no es en modo alguno responsable del resultado final es falso, máxime si exige su nombre en portada y luego puntaje en sus informes al SNI y al PRIDE por dirección de tesis. Sencillamente no me cabe que cuando la tesis es aprobada, premiada y publicada se te felicite y estimule por tu trabajo formativo, y que cuando resulta ser un collage de plagios sea improcedente exigirte cuando menos una explicación. Si sale bien, lo hicimos juntos; si sale mal, es culpa tuya. Aquí tal vez el matiz sea entre palabras: no es lo mismo complicidad, concepto que implica una acción consciente y deliberada del todo improbable en este caso, que corresponsabilidad, que implica aceptar la parte.que cada quien jugó en la comisión de una falta, sobre todo, insisto, si la falta reportó beneficios también a los involuntarios involucrados, como es el caso con la dirección de tesis. Coincidimos: el silencio sobre el caso es intolerable. Pero no se acaba ahí: aún suponiendo que fue engañada en su buena fe, la doctora Villegas debe explicar que eso fue lo que ocurrió y no otra cosa, y también cómo ocurrió: que nos diga a todos qué pasó, aunque sea para contribuir a evitarlo en un futuro si estamos en el entendido de que es una práctica indeseable. Y también debe renunciar, así sea simbólicamente, a los beneficios, por pequeños que sean, que estas estafas le reportaron. Pero por supuesto que esto no va a pasar. ¿A quién no le conviene que Boris, cuyas acciones califica usted de “patológicas”, sea, “en su enfermedad”, el único responsable? Reconocer, por ejemplo, algo tan elemental como que rara es la lectura detenida que recibe una tesis en la facultad tiene implicaciones que pocos albergan deseos de explorar. Significaría tal vez que mucha gente comete omisiones en el desempeño de su trabajo. Tal vez que el conocimiento que se produce en esa academia no está sujeto a un escrutinio relevante. Tal vez que los salarios y generosos estímulos que el sector público paga a los académicos “productivos” no están tan evidentemente justificados o tan equitativamente atribuidos. Tal vez que la selección de quienes ocupan lugares de privilegio en las instituciones académicas no ha sido especialmente imparcial o rigurosa. ¿Y cuántos, de entre los omisos, escrutadores, estimulados y privilegiados quieren pensar seriamente en estas cuestiones?. Mejor que sea culpa de Boris, que la pague, y que lo demás siga como está. Ahora bien, la impunidad durante década y medio de ausentismo, y el sabático en París tras el extrañamiento de 2011, ¿quién nos los explica?, ¿qué manual de patología discute la naturaleza de esa enfermedad?, ¿a quién responsabilizamos por semejante irresponsabilidad en la formación de tantas generaciones de historiadores?, ¿ahí sí podemos ir a tocar la puerta de la directora de la facultad y presidente del Consejo Técnico que lo mandó a pasear a Francia en lo que se calmaba la cosa, o también lo cargamos a la cuenta de Boris y llevamos la fiesta en paz?

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  6. Estimado Joaquín:
    Me parece que el único espacio que nos dejan es el de la resignación. Imagínese usted, si Raúl Salinas de Gortari está a punto de ser exonerado de todo cuanto se le acusó ¡qué podemos esperar del mentado Boris! Se confirma lo que muchos sospecharon: la moral es un árbol de moras.

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  7. Primero, acepto que quizás es muy “drástico” hacer corresponsable a la Dra. Villegas, como menciona el profesor Salmerón, pero de algún modo deben mejorarse los filtros de detección de plagios. Y por supuesto lo muy (pero muy) condenable es que se haya hecho ninguna declaración sobre el asunto, ni siquiera algún “estamos investigando”. Creo que todos los argumentos de “Beatriz” son totalmente válidos, confirman mi forma de pensar y lo que pongo en el texto.
    Y, Juventina, esa es la tragedia (un escritor dijo “en México nada es tragedia, todo se vuelve afrenta”); que uno es el Estado y sus manejos; y (queríamos y querríamos pensar); la UNAM otra!
    Saludos a todos.

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  8. El director de una tesis, y sobre todo de doctorado, así como los miembros del comité tutoral y en seguida los sinodales del examen de grado, son, en ese orden, responsables directos de comprobar la originalidad de la tesis y de su dominio por parte del candidato.

    El hecho de que tales plagios se hayan dejado pasar hace corresponsables a tales individuos, en mayor o menor grado. De otra manera esos procedimientos y órganos colegiados pierden su sentido.
    Asi que difiero de usted, señor Salmerón, ya que yo mismo pertenezco y he pertenecido a tales órganos y los tomo muy en serio. Es una falta grave y ciertamente motivo de preocupacion que hayan dejado pasar esta situacion. Peor aún que después de tanta evidencia los correspondientes responsables indirectos que menciono arriba no emitan un juicio al respecto.

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