por Luis Fernando Granados *

El mismo día en que despidió a Sergio Raúl Arroyo, el secretario de Educación Pública nombró a Fausto Alzati director de Televisión Educativa. Sí, ese mismo Fausto Alzati que, no contento con haber dirigido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en los últimos años del salinato, en diciembre de 1994 tuvo la desfachatez de tomar posesión como secretario de Educación Pública —ostentándose siempre como doctor en economía política y gobierno por la Universidad Harvard.

Apenas nueve días después de iniciado el nuevo gobierno, Jessica Kreimerman, reportera de Reforma, reveló que el doctorado de Alzati era, como se decía entonces, cachirul, o sea falso. (El término, derivado del nombre “artístico” del vetusto Enrique Alonso, se había empleado por primera vez para ridiculizar el que la Federación Mexicana de Futbol hubiera falsificado las actas de nacimiento de un puñado de seleccionados nacionales juveniles en 1988.) Tras un primer intento de confundir a la opinión pública —argumentando que lo único que le faltaba para obtener el grado era un trámite (que resultó ser el examen profesional)—, el doctor Alzati ofreció una disculpa por el hecho de que “algunas amigos u otras personas me llaman doctor y no candidato”. (Éstas y las demás referencias provienen de la hemeroteca de Reforma; aquí está una versión libre de la nota de Kreimerman.)

Como si se tratara de una comedia, sin embargo, pocos días después La Jornada reveló que tampoco la licenciatura en derecho que el doctor Alzati decía haber obtenido en la Universidad Autónoma de Guanajuato era verdadera. El remate, más bien cantinflesco, lo ofreció el propio doctor Alzati a principios de 1995: “Prefiero que me llamen por mi nombre —dijo a Norma Jiménez de Reforma el 13 de enero—, y en general me parece que deberíamos ir haciendo en este país un ejercicio de antisolemnidad porque nos va a ayudar a ser más democráticos e igualitarios.” Diez días después, el 23 de enero, el abogado de la antisolemnidad fue despedido. (Sólo tres años más tarde, en 1997, obtuvo finalmente el grado que hoy lo adorna.)

El escudo de la escuela
El escudo de su escuela.

En vísperas del desenlace, Humberto Musacchio —cuya “República de las Letras” aparecía todavía en Reforma— hizo notar que, en sus años al frente del Conacyt, el doctor Alzati había dispuesto que el grado mínimo indispensable para pertenecer al Sistema Nacional de Investigadores, esa “institución de beneficencia que sirve para paliar los míseros salarios de nuestros científicos”, fuera, precisamente, el doctorado.

En retrospectiva, el comentario de Musacchio asombra por su agudeza profética: si la inflación de títulos, promovida, entre otras instituciones, por el Conacyt, ya era un problema a mediados de los años noventa, en la actualidad la espiral parece haber alcanzado proporciones verdaderamente enfermizas. Como la pulsión social por ostentar un doctorado —y aquí “ostentar” no es mero sinónimo manido— está en gran medida vinculada con el deseo o la necesidad de pertenecer al SNI, o al menos tener una plaza de tiempo completo en una universidad o centro de investigación, la cantidad de fraudes que infestan la vida académica en nuestro país no debería sorprender a nadie.

Que un profesor como Boris Berenzon robe pasajes de un libro ajeno para obtener su doctorado en la UNAM; que una profesora como Adriana Álvarez Sánchez presente intacta su tesis de maestría de la UNAM, “enriquecida” con apenas tres capítulos, para obtener un doctorado en la Universidade de Santiago de Compostela (como puede comprobarse comparando este documento con este otro), o que —como se muestra en el blog Filosofía sin plagio— los profesores Célida de los Ángeles Godina y Jesús Rodolfo Santander, ambos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, recurran con frecuencia al plagio en sus publicaciones, son actos que no pueden simplemente denunciarse y, si todavía es posible, castigarse.

(No se piense, sin embargo, que semejantes comportamientos han sido causados por la fragilidad de la civilización en estas tierras. Se recordará que apenas en febrero pasado Annette Schavan, ministra de educación del gobierno de Angela Merkel, renunció a su cargo cuatro días después de que la Universidad de Düsseldorf la despojó de su doctorado cuando se comprobó que había hecho pasar trabajo ajeno como propio en su tesis —véase esta nota de Deustche Welle.)

Como hace una veintena de años en el caso del doctor Alzati, el problema de fondo es mucho más grave y está más extendido de lo que se piensa o deseamos reconocer: es la existencia de una estructura institucional, de una política toda, para la cual el doctorado es un fetiche y cada vez más un requisito, y para la cual la publicación incesante —de lo que sea, casi— es la única medida posible de calidad científica. Sin esos incentivos institucionales, ni los doctores Alzati, Berenzon y Álvarez Sánchez, ni los profesores Godina y Santander, ni todos sus semejantes, habrían tenido por qué ensuciarse las manos del modo en que lo han hecho.

22 Comments

  1. Concuerdo con casi todo, sin embargo, en el siguiente párrafo: “Sin esos incentivos institucionales, ni los doctores Alzati, Berenzon y Álvarez Sánchez, ni los profesores Godina y Santander, ni todos sus semejantes, habrían tenido por qué ensuciarse las manos del modo en que lo han hecho”. (Granados, 2013) se podría interpretar como una justificación al plagio, considero que más que un problema estructural de tipo político e institucional para medir la calidad científica es un problema ético, educativo y hasta cultural. Saludos

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    1. De acuerdo con Manuel Rivera: los incentivos pueden estar viciados, pero la decisión de cometer actos deshonestos es una responsabilidad individual, aunque el contexto influye.

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    2. Creo que exageran, si Adriana Alvarez presenta su tesis de licenciatura en maestría en primer lugar no es plagio porque son sus escritos, nadie puede ser acusado de plagiarse a si mismo. En segundo lugar, su tesis de licenciatura desde un principio tenía calidad de maestría, cosa que considera la universidad de Santiago porque ninguna universidad acepta una tesis que no valga el grado que aspira, las revisan con lupa 6 sinodales con maestría o más. Hice lo mismo y lo increíble es que la licenciatura no me dio mención honorífica pero si me la dio el posgrado UNAM, lo que me pareció un acto de justicia. No veo ningún delito en el caso Alvarez, pero estoy de acuerdo que el tal Boris o Falzatti son plagios o mentiras muy claras y punibles.

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  2. Me gusto y concuerdo en lo que comenta de que “el problema de fondo es mucho más grave y está más extendido de lo que se piensa o deseamos reconocer” y precisamente ese es un punto medular, ¿cómo corregir algo en lo que muchos están inmersos y en donde son juez y parte? Por eso la tibieza ante tal problema, por eso el silencio.

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  3. Luis Fernando: coincido con algunos de los señalamientos que se te han hecho, no creo que las exigencias de Conacyt ni de la academia mexicana ocasionen estos casos; son, simplemente, tramposos que aprovechan la impunidad. Berenzon sigue siendo profesor de tiempo completo (igual que Álvarez) y Alzati es otra vez funcionario de alto nivel.

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  4. Me parece una bajeza de su parte lo indicado sobre la doctora Álvarez. Una falta de respeto para el sistema universitario español. Creo que en personas como usted es donde está el verdadero problema.

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  5. Dos comentarios, dos.

    1. No defiendo ni justifico los fraudes académicos. Los fraudes, fraudes son, y sólo sus autores son responsables de ellos. Digo que su frecuencia es indicio de un problema estructural, y que deberíamos discutir ese problema estructural. Ocurre un poco como con las matanzas de civiles en Estados Unidos. Nadie afirma que los asesinos sean inocentes. Lo que se discute es si el derecho constitucional a portar armas no es también parte del problema.

    2. ¿Cometo una bajeza porque digo que la tesis de maestría de la profesora Álvarez está contenida de manera íntegra —y sin reconocimiento de parte— en su tesis doctoral? Eso es lo que veo al comparar ambos trabajos: mismo título, temporalidad superpuesta, índice prácticamente idéntico, una sola escritura. Y mírense también las fechas. La profesora Álvarez es la doctoranda más rápida del mundo: la primera tesis la presentó en junio de 2007; la de doctorado, en septiembre de ese mismo año. Me gustaría que alguien me explicara cómo es que eso no constituye un fraude.

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  6. De la misma manera que para el Consejo Técnico de nuestra Facultad no parecen existir las demandas contra Boris, a las que él llama equívocos; de la misma manera que calumnia Alfredo Jalife y que miente Catón, así de fácil, querido Luis Fernando, te demostrarán que es una bajeza denunciar el plagio o el autoplagio.

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    1. Hay que tener presente toda la versión para evitar afirmaciones y comparaciones realmente ofensivas: la Dra. Adriana Álvarez nunca ocultó a la Universidad Santiago de Compostela que la investigación que presentó y prosiguió en el doctorado, es parte del trabajo de maestría y eso consta en la carta airada que enviaron las autoridades de tal universidad al Consejo Técnico. También aclarar que en Santiago de Compostela y en España en general no existe la figura de la “maestría”, por lo cual es perfectamente legítimo presentar un trabajo previo y propio para proseguirlo en el doctorado. ¿Que ella se doctoró rápidamente? ¿Ha oído sobre las carreras simultáneas? Si en un solo sistema educativo se pueden cursar dos carreras y se pueden obtener dos licenciaturas casi al mismo tiempo, considere que obtener la maestría en un sistema -México-, trabajar en la investigación de doctorado y obtenerlo en otro sistema -España-, es posible. ¿Dónde está el engaño o el fraude?

      Diferencia “pequeña”: se ha denunciado a Boris Berenzon por plagiar a múltiples autores en múltiples ocasiones, encubriendo sus plagios. Adriana Álvarez jamás ocultó ni a Santiago de Compostela ni a la UNAM lo que usted, Josefina MacGregor o Fernando Ibarrola califican como “autoplagio”.

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  7. Hay mucho de cierto en lo que dice mi amigo Benjamín Hernández Palacios: que “las tesis-para-obtener-el-grado (lo mismo que infinidad de libros de muchos que presumen de “tener obra”) años ha que se convirtieron, usualmente, en monumentos a la intrascendencia, en fusilatas en do mayor o repeticiones insulsas de temas mil veces abordados por otros…
    Que detrás de muchos títulos rimbombantes no está la calidad del saber ni la fecunda relación entre intelectos, sino la domesticada sumisión a las reglas instituidas y el acrítico seguimiento de lo que no es más que una variante de las empolvadas normas de la “enseñanza-aprendizaje”, que obliteran cualquier pensamiento independiente.
    Ver Benjamín Palacios Hernández, “San Rebuziano en el país de los doctores”,
    http://www.15diario.com/15diario/0912/091231/31palacios.html

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  8. En términos institucionales, los mensajes son claros. Alumnos de licenciatura y posgrado matriculados en la Universidad Nacional Autónoma de México, tienen dos caminos para lograr la meta más preciada por cualquier persona; pueden obtener un trabajo de profesor o investigador de tiempo completo y el reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadores, si roban ideas de otros y adulan a sus profesores encargados de comisiones dictaminadoras. No olviden el camino a “Santo Domingo” de Compostela, en esos portales pueden encargar un título expres de “doctorado” que, a ojos del H. Consejo técnico de FFyL, tiene mucho más valor que el de cualquier otra universidad inclusive, lamentablemente, que los de la propia UNAM. ¿Para qué tardarse 4 o 5 años en una tesis de doctorado?, ¡Vamos a España todas las que tenemos maestría! y regresemos a despojar a los pobres ingenuos que se dedicaron a trabajar.

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  9. Hay que tener presente toda la versión para evitar afirmaciones y comparaciones realmente ofensivas: la doctora Adriana Álvarez nunca ocultó a la Universidad Santiago de Compostela que la investigación que presentó y prosiguió en el doctorado, es parte del trabajo de maestría y eso consta en la carta airada que enviaron las autoridades de tal universidad al Consejo Técnico. También aclarar que en Santiago de Compostela y en España en general no existe la figura de la “maestría”, por lo cual es perfectamente legítimo presentar un trabajo previo y propio para proseguirlo en el doctorado. ¿Que ella se doctoró rápidamente? ¿Ha oído sobre las carreras simultáneas? Si en un solo sistema educativo se pueden cursar dos carreras y se pueden obtener dos licenciaturas casi al mismo tiempo, considere que obtener la maestría en un sistema -México-, trabajar en la investigación de doctorado y obtenerlo en otro sistema -España-, es posible. ¿Dónde está el engaño o el fraude?

    Diferencia “pequeña”: se ha denunciado a Boris Berenzon por plagiar a múltiples autores en múltiples ocasiones, encubriendo sus plagios. Adriana Álvarez jamás ocultó ni a Santiago de Compostela ni a la UNAM lo que usted, Josefina MacGregor o Bernardo Ibarrola califican como “autoplagio”.

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  10. Estimado Luis Fernando, compartimos tu opinión. Hace algunos meses denunciamos los plagios de la Dra. Godina y el Dr. Santander (BUAP) y muy pocos entendieron que no era nuestra intención desprestigiar a dichos profesores sino poner en evidencia los mecanismos de contratación y el uso de recursos públicos para publicaciones de mala calidad. Por desgracia, no recibimos apoyo de muchos profesores y vimos con tristeza como muchos de ellos trataban de defender a los acusados; es lamentable que, como en el caso de Berenzon, se empeñen en negar que las cosas andan mal en la producción del conocimiento de este país, pero es evidente que el nepotismo y la corrupción están haciendo mella en las universidades públicas. Gracias por mencionar el caso que denunciamos, da gusto saber que no sólo unos cuantos se enteraron.

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  11. Como bien menciona el autor, el problema de plagios y chapuzas académicas es mucho más grave que lo que la población percibe. Cuando uno se entera de golpe que fue plagiado la sensación de inconformidad lo invade de manera total. El que un extraño se beneficie con el esfuerzo de uno de manera injusta no debe de ser tolerado. La UANL está publicando en línea los trabajos de titulación de sus egresados, no sé cuántas universidades están haciendo accesibles las tesis de sus egresados pero estoy seguro que en el próximo futuro todas las tesis, memorias, tesinas y todo trabajo de titulación de las universidades más importantes del país estarán en línea. Cuando ello suceda muchos plagios serán descubiertos. Ello será benéfico para el país puesto que mucho mediocre y holgazán recibirá lo que merece, por lo menos el retiro de un título que se logró con trampas, un título académico no merecido. – Si se me permite comparto mi caso en: http://red-academica.net/observatorio-academico/2013/07/29/tesis-para-dos/#comment-9799

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  12. Hay mucha tecnología disponible para detectar plagios. Creo que las universidades mexicanas deberían instrumentarlas como parte del proceso de titulación. Quien presenta tesis sabe que el detector puede atraparlo.
    Que lo piense dos veces…

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  13. Además de ser una bajeza, como bien dice Mónica, lo que han hecho con la Doctora Álvarez cierto grupo de “investigadores” es un acto de pura envidia. Ella es una persona normal y por eso a esa pseudo intelgentzia le molesta tanto. Por normal, no me refiero a sus facultades mentales, las cuales las tiene íntegras al igual que las académicas y las éticas. Por normal, me refiero a que ella es una persona trabajadora y luchadora que defiende el nombre de la UNAM allá por donde va. Por normal, me refiero a que es una profesora accesible y actualizada cuyo principal objetivo es hacer bien su trabajo. Por normal, me refiero a que no es ninguna recomendada a dedo. Por normal, aunque a ciertas personas les moleste, es una excelente profesional. Lamentablemente, ese es uno de los grandes problemas que tiene México, el que los privilegiados del sistema de castas quieren seguir siendo privilegiados, en esta vida y en las otras. La única duda que tengo yo es cómo la Universidad de Santiago de Compostela y la UNAM no han hecho nada y no le han parado los pies a todos los que difaman a una profesora que lo único que ha hecho es lo que todos deberían hacer, trabajar.

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