por Josefina Mac Gregor *

Un par de horas después de hablar con Gabriel Torres Puga sobre su texto sobre Boris Berenzon (que puede leerse aquí), un colega —queridísimo amigo— me obsequió un impreso suyo con la siguiente dedicatoria: “Para Josefina, universitaria auténtica.” La generosa nota me complació en un primer momento, pero me llevó, casi inmediatamente, a cuestionarme si mi silencio ante el alud de notas y comentarios sobre el “caso Berenzon” correspondía a la actitud de una —ya no auténtica, sino simple— universitaria. Me pareció entonces que era imperativo dar a conocer mi punto de vista, si bien siempre he pensado que éste no es relevante, salvo, quizá, para la vida interna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (en donde, como toda profesora, tengo derecho a exponer, sostener y defender mis opiniones).

Sólo un poco de historia. Mi vida profesional se ha desarrollado en esta —para mí— entrañable escuela. Ingresé como estudiante en 1971 y, desde entonces, no me he distanciado de ella. Allí hice mis estudios de licenciatura, maestría y doctorado, y recorrí todas las categorías laborales a través de innumerables concursos de oposición, abiertos y cerrados, ya que no recibí más apoyo que el moral y el del ejemplo de algunos de mis maestros. Como muchos de mis colegas y compañeros, he establecido un fuerte compromiso con las funciones sustantivas de la UNAM, pues considero que es una manera de colaborar en la solución de los problemas que abaten a nuestro país.

Precisamente de mis maestros aprendí ese compromiso y respeto por la institución que me dio cobijo. Creo profundamente en la tarea docente, así todavía quede mucho por hacer. Por ello, lastima que el esfuerzo de tantos profesores, de hoy y de ayer, se vea lesionado ante la exhibición pública del “caso Berenzon”, que se viene padeciendo desde hace muchos años sin que se le dé una solución definitiva ni de su parte —porque persiste en sus comportamientos al margen de las normas— ni por parte de de las autoridades, que no le ponen fin.

Al igual que otros compañeros maestros, he opinado abiertamente sobre este caso, y he hecho patente mi criterio con respecto a esta situación a varios de los directores de la dependencia, en particular en lo relativo a la inasistencia de Berenzon a sus clases, al abandono de sus grupos y el abuso con respecto a sus ayudantes. Sin embargo, nada se ha logrado; por el contrario, hay quienes han creído que se trataba de una campaña en su contra —versión propalada por él mismo.

Lo que quiero destacar es que en la facultad algunos profesores demandamos que se atendieran las quejas y denuncias de los estudiantes. Me parece que el hecho de que no se les escuchara y, sobre todo, que no les se pusiera remedio, fue lo que llevó a que optaran por utilizar las redes sociales, tan a la disposición y a la mano de la juventud. Pero no sólo revelaron las inasistencias del profesor; también hicieron evidentes otras irregularidades, probables plagios y otras anomalías sumamente lesivas para la vida académica.

Dice a la entrada:
Dante a la entrada de la FFyL: “Una luz para el bien y el mal os dieron.” (Traducción: ciudadseva.com.)

Aun para los universitarios es sorprendente que ante la denuncia de Juan Manuel Aurreocochea (el detonador formal en este momento), las autoridades de la facultad no hayan hecho ninguna declaración, y que se haya guardado el más absoluto silencio sobre el tema, incluso en la propia facultad —lo que ha llevado a concluir que no se han tomado cartas en el asunto.

A fuerza de insistir y preguntar en los pasillos, me he enterado que el Consejo Técnico, la autoridad colegiada de la institución, consultó al abogado general de la UNAM y que formó una comisión —en la que, por cierto, no se incluyó a los alumnos— para analizar el “caso”. También puedo agregar que el 27 de junio, último día de actividades antes de las vacaciones, en la sesión del mismo consejo, se acordó dar un plazo a Berenzon para que presente su defensa.

Así las cosas, me uno a las voces que han dado a conocer su indignación por este asunto. La comunidad académica exige una explicación. Sería insoportable la impunidad. Espero que, al reiniciar labores, las autoridades den una respuesta abierta y clara que permita reparar el daño que el “caso Berenzon” ha causado a la Facultad de Filosofía y Letras en general y al Colegio de Historia en particular.

5 Comments

  1. Ahora bien, ¿la decisión que se tome respecto a Boris realmente dejará satisfechos a los alumnos y docentes que durante años han visto las sistemáticas faltas de presencia y ética de su parte? Como se señala en este texto : http://yoquierountrabajocomoeldeboris.blogspot.mx/2013/06/preguntas-pertinentes-2-por-que-tuvimos.html
    la última vez fue un extrañamiento, que posteriormente fue compensado con un bonito año sabático y tan tan, las cosas a lo mismo.

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  2. Me uno a la exigencia, ya no simple petición, de una respuesta clara y contundente por parte de las autoridades sobre “El caso Berenzon”. Y con clara y contundente, entiendo que se apliquen todos los castigos que los delitos, porque eso son, del pseudo profesor Boris merecen. Sólo hago una observación: el verso de Dante que se cita no es traducido correctamente, su sentido más próximo con el español es el siguiente: “La razón/intelecto le/les es dada para el bien y para el mal”.

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  3. Claras palabras de la doctora Josefina MacGregor Gárate, quién, en mi opinión, tiene derecho a expresarse, no sólo por su larga carrera en la facultad sino porque ha hecho de sí y para sí esa forma, la crítica, que -si no mal recuerdo- ha sido su quehacer y proceder en todos estos años.
    Es simple y no hay que dar rodeos al asunto. Nos queda a todos claro que el sujeto en cuestión se caracteriza por plagiar, no asistir y explotar a sus ayudantes. Al parecer, como sucede en nuestra propia realidad, la mexicana, nuestro sistema jurídico universitario se encuentra en manos de grupos quienes pueden decidir de qué forma se debe actuar dependiendo las circunstancias. En otras palabras, dependiendo el grupo de poder al que se encuentre adscrito dicho sujeto, es que el sistema puede intervenir contra un profesor a o investigador en la universidad; no se diga los académicos sindicalizados porque ahí sí todos saltan.
    Es evidente que el problema ya perdió su cause y se encuentra permeando, o filtrándose, a otros caminos donde se le podrá dar mayor rapidez al asunto y, sobre todo, de alguna forma obligará a la propia universidad a tomar cartas en el asunto.
    Que lástima que se tenga que recurrir a diversas instancias legales, como la civil, para que se deje esa actitud de pernoctar y se pongan a trabajar, a resolver estas vicisitudes del día a día que nos afectan a todos.

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  4. Gracias por su interesante artículo, profesora Mc Gregor. Desde mi punto de vista, esta situación, con todo y lo lamentable que es, constituye una prueba valiosa para nuestra universidad. Si se enfrenta de manera satisfactoria, clara y apegada a derecho por las autoridades universitarias, sentará un importante precedente y obligará a los plagiarios en potencia a pensárselo mejor antes de actuar. ¿Cuantos de los académicos que hoy guardan silencio sobre el caso lo han hecho porque tienen “cola que les pisen”?

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  5. La difusion de la historia: Un ejercicio
    Tesis que para obtener el título de licenciado en historia presenta Boris Berenzon Gorn; asesora, Josefina Mac Gregor Garate

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