Democracia selectiva

por Bernardo Ibarrola *

Un grupo de personas se apropió de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM a partir del sábado 14 de septiembre y la declaró en “paro indefinido”… aunque, al mismo tiempo,  quedó de devolverla ayer por la mañana. Según un texto dirigido a la comunidad de esta facultad por su cuerpo directivo,

El viernes 13 de septiembre a las 17:00 horas, un grupo que dice representar a la autodenominada “asamblea estudiantil” informó de la “toma” de la facultad, como inicio de un “paro indefinido” para apoyar a los maestros de la CNTE. Sin embargo, las actividades académicas prosiguieron de manera normal, casi en su totalidad.

Luego de dialogar varias veces con este grupo para “invitarlo” a expresar su solidaridad de otras maneras —continúa el comunicado—, éste expresó su “más rotundo rechazo a su decisión de cerrar la facultad hasta el domingo 15 a las 8 de la mañana”. Y puesto que “mantuvo una actitud inflexible”, “se le exigió firmar un documento en el cual se hiciera responsable del cierre de la misma, así como de las áreas en las que permanecería”.

El paro.

El paro.

En otras palabras: la dirección no impidió que dicho grupo tomara la facultad, pero consiguió, a cambio, que le firmara un recibo por ésta. Puesto que no presencié estas conversaciones, no puedo saber a qué presiones fue sometido el cuerpo directivo ni con qué elementos de fuerza contaba este grupo. Pero sí puedo colegir fácilmente sus intenciones inmediatas: utilizar la facultad como punto de cita y concentración para una nueva manifestación, como se ve en este cartel, pegado en la puerta:

FFyL, tomada

Comprendo que haya personas que quieran participar activamente en el pulso que la disidencia sindical de la SEP sostiene con el gobierno federal. También me parece revelador que quienes pretenden hacerlo desde la Facultad de Filosofía y Letras ignoren con tal donaire la voluntad de la mayoría y la obligación de los representantes de actuar según el mandato expreso de los representados, dos condiciones sine qua non de cualquier movilización democrática.

Desde que ingresé como alumno a la FFyL, hace casi un cuarto de siglo, he presenciado muchas “tomas” de mi facultad, por los motivos más variopintos. Ninguna de ellas, sin embargo, ha sido respaldada por la mayoría de la comunidad; todas han sido obra de pequeños grupos bien organizados y con objetivos precisos: “vanguardia revolucionaria” deben considerarse ellos en el mejor de los casos; aspirantes a dirigentes de cuadros de organizaciones políticas más o menos opacas o simples aprendices de politicastros, me han parecido siempre a mí.

Lo cierto es que unos cuantos deciden el cierre de una facultad integrada por 1 434 académicos y 7 993 estudiantes; es decir, por 9 427 personas, sin contar a los demás trabajadores. Y lo hacen, según ellos, “por consenso”, cuando consenso quiere decir, literalmente, “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo”.

Filosofía y Letras, tomada

Me parece que en esta simple definición hay una clave para comprenderlos. Supongo que si se les preguntara, nos dirían que el consenso es su norma; que, en efecto, todos los integrantes de su grupo acordaron tomar la facultad. Ellos se representan a ellos mismos y actúan en función de sus propios objetivos, lo cual me parece estupendo, pero no tiene nada que ver con la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Tal vez me equivoque, pero lo dudo. Estoy seguro, en cambio, que harán todo lo posible para que no prospere la asamblea general de estudiantes para discutir estos asuntos el 17 de septiembre al mediodía, cuya convocatoria ya circula en las redes sociales (véase aquí). Es más: apuesto que al cartel que convoca a esta asamblea y que se ve en la foto de arriba, será arrancado en las próximas horas.

29 Respuestas a “Democracia selectiva

  1. Fe de erratas.
    –Primer párrafo, tercera línea. Dice “devolverá”; debe decir “devolverla”.
    –Penúltimo párrafo, cuarta línea. Dice “acordó”; debe decir “acordaron”.

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  2. Me parecen correctos sus señalamientos sobre los vicios del activismo en la facultad, que sin duda son un factor que obstaculiza el desarrollo una actividad política plena entre los estudiantes. Sin embargo, me parece grave que, al menos desde que he tenido la oportunidad de escucharlo expresar sus ideas sobre estos asuntos, ya sea en cartas, artículos o en el mismo salón de clase, nunca haya hecho referencia o crítica alguna al factor determinante de la inmovilidad política de los estudiantes de la facultad, y que tiene que ver con la apatía frente las propias cuestiones políticas que la mayoría de los profesores, incluido usted, inculcan en sus lecciones.

    No me refiero a la discusión sobre la política o lo político, porque esta actividad la realizan todos, sobre todo frente a una pantalla y frecuentemente desde su casa, sino más bien al compromiso práctico que se adquiere con la postura política que toma. Usted critica el mecanismo de las asambleas realizadas en la facultad, porque las considera esencialmente anti-democráticas. Sin embargo, no critica el proceder todavía más anti-democrático y generalmente perjudicial de las autoridades de la facultad: por ejemplo, la construcción del Anexo Adolfo Sánchez Vázquez (de cuestionable funcionalidad) y el dinero gastado en ello; el cambio de lugar de la cafetería (espacio que supuestamente sería utilizado para expandir la Biblioteca), que además sigue ofreciendo un servicio pésimo e inaccesible para buena parte de los estudiantes; la construcción de una sala para maestros, todo ello realizado sin consultar mínimamente a los estudiantes y trabajadores de la Facultad (desconozco si a los académicos se les consultó), e incluso, en ocasiones, saltándose al propio Consejo Técnico. Una actitud de su parte sumamente cuestionable, pero comprensible, dado que hacer tal crítica lo llevaría señalar directamente a personas “conocidas”.

    La inmovilidad práctica de los estudiantes no se debe a los vicios del activismo, sino, principalmente, a la apatía que la academia inculca en ellos desde el principio. ¿o podrá acaso negarme que si la mitad de los estudiantes de la facultad que se encuentran en desacuerdo con el paro de actividades, y en general con el activismo dentro del plantel, con un mínimo de voluntad, se organizaran, podrían revetir cualquier situación de las que usted critica en sus texto? Se debe tener mucho cuidado con la crítica que se realiza, pues si no existe, además de una contrapropuesta, una práctica que lo respalde, lo que promueve, en última instancia es la apatía de los estudiantes. Con su texto no los provee de argumentos para realizar prácticas políticas distintas, sino para justificar una inmovilidad, que, claramente, es el confort de la mayoría.

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  3. Me parece haber entiendo el concepto de “democracia excluyente” que plantea Bernardo Ibarrola. Me parece haber entendido el concepto de “apatía política” que plantea Jorge Méndez. Donde no doy una es en el planteamiento de “parar” un centro educativo para defender los derechos de los educadores. ¿O es en defensa de la educación y luego entonces…? Lo dicho: no doy una.

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  4. Hay una grave confusión en la comprensión de “apatía política” y de toma de la facultad para provocar un paro de labores con el objeto de atraer reflectores; si bien es cierto que hoy en día el estudiante o alumno esta cada vez menos interesado en la actividad política universitaria, también lo es que los que la practican cotidianamente se encuentran enraizados ya en esa cuestión.

    Si quieren que haya diálogo, que haya interés común en un problema social, pues inicien abriendo las posibilidades analíticas, conceptuales de lo que significa un debate sin pasar sobre los derechos de los demás. Se trata de abrir la situación para entrarle de distintas formas, no a partir de una imposición férrea: como el cierre de la facultad.
    Es simple: mientras tengan todavía esas formas a partir de la cuales busquen imponer una situación no habrá más que rechazo absoluto; la facultad se caracteriza por el libre pensamiento y mientras se dediquen a soslayarlo difícilmente encontrarán una respuesta acorde con sus intenciones.

    Mejor dedíquense a pensar y repensar los que es un activismo y no “politquismo”, o un repetitivo activismo político, donde sólo busquen contraponerse sin dar pie al análisis, contemplación y resolución de problemas sociales; en lugar de abrirse a nuevas formas de interpretar la realidad y, por tanto, en comunidad, en colectividad.

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  5. Doctor Ibarrola: ¿Y dónde está la autoridad de la facultad, que siempre cede a los chantajes de esa minoría? Muchos de nosotros ya estamos cansados de ellos… yo aún no me explico por qué tienen apropiados ciertos lugares (auditorio “Justo Sierra”, “cubículos” y el aeropuerto que se ha convertido en su pequeño monopolio comercial) ¡sin que nadie les diga nada! Me parece que es urgente organizarnos, tanto la dirección como la mayoría de alumnos inconformes, para sacarlos. Y su supuesta “asamblea” me parece obsoleta, puesto que son de “mente cerrada” e intransigentes: si no estás de acuerdo con ellos ¡te tachan de priísta y pequeño burgués! Además no sé cómo siguen pensando que una asamblea es una solución…¿cómo creen que es posible un debate entre diez mil personas? Obviamente es imposible.

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  6. Gabriel: Yo tampoco puedo establecer fácilmente la relación entre fines, por lo menos los explícitos, y medios cuando se “toma” nuestra facultad y no abordé el asunto porque hubiera requerido otro texto. Igual y más adelante.

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  7. Jorge:

    Mi trabajo como profesor no consiste en inculcar apatía o fervor frente a cuestiones políticas, sino acompañar y orientar en la medida de mis posibilidades a los estudiantes en su formación como historiadores profesionales. Parto del principio de que son adultos y que, en tanto tales, tienen derecho –y obligación— a la participación política, pero que también tienen la facultad de decidir si lo hacen o no.

    Delante del grupo trabajo animado por principios que tienen, al menos para mí, una evidente dimensión política: para empezar, imparto mi clase, siempre, porque para eso (entre otras cosas) me paga la nación mexicana: nadie tiene derecho a impedirme desempeñar esa obligación. En el aula respeto y doy espacio de expresión para todas las voces y, para que luego se pueda discutir, establezco y mantengo principios básicos de respeto y sentido común.

    Respecto de mi ausencia de crítica sobre lo que ocurre en la facultad: no tienes por qué conocer mi biografía ni yo tengo ganas de contártela; en todo caso, cuando se tercia, busco plantear mis opiniones en los espacios adecuados: el Comité Académico del Colegio de Historia, el Consejo Técnico de la Facultad, las reuniones de profesores. Y me temo que se tercia con una frecuencia muy superior a lo que conviene a mis buenas relaciones públicas.

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  8. Poncho: De acuerdo contigo. Me parece contraproducente todo activismo que ningunea los derechos de los integrantes de la comunidad en nombre de la cual se actúa.

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  9. Adriana: Yo creo que el problema de base es que los alumnos están totalmente desmovilizados. Creo que la única posibilidad de que esto cambie, es que revivan verdaderas organizaciones estudiantiles, que además están contempladas en la legislación universitaria.

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  10. No es cerrando y anulando cursos como mejor se contribuirá a la educación, yo tampoco estoy de acuerdo en que un grupo tome como rehén nuestra facultad, menos porque los planteamientos y los fines no son claros, a alguien conviene, supongo.

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  11. ¿Tú crees en el asambleismo? Vas mal, Bernardo. Lothar Knauth jamás dejó de recalcar que de eso, del asambleismo, habían nacido los regímenes totalitarios, por la facilidad con la que unos pocos, los habladores, se apoderan de la voz y la hacen pasar por la voz de todos. Los que hace muchos años dejamos la facultad no podemos sino ver con pesar cómo las cosas por ahí no cambian, principalmente porque se deja que pase lo que sea, porque la autoridad, simple y llanamente, valora las consecuencias políticas que tiene la aplicación de un reglamento antes de aplicarlo.

    ¿Para qué quieren más asambleas? Hay reglamentos y leyes que no son negociables y que tampoco son de cumplimiento opcional. Unas obligan a la UNAM a echar a los vagos que han tomado el auditorio. Otras fuerzan a la Unesco a poner un alto a esa arbitrariedad o, de plano, a retirar el nombramiento de patrimonio conferido a la institución, debido a violaciones constantes a lo que estipula la normatividad correspondiente. En el plano de lo inmediato, hay un reglamento que obliga a la facultad y a sus apáticas autoridades a impartir clases de acuerdo con un calendario. Si nadie tiene pantalones para cumplir con lo que debe, es otro boleto.

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  12. Yo ingresé en 1999 a la Facultad y recuerdo por lo menos una toma que se hizo atendiendo a la democracia formal, es decir, mediante urnas y papeletas. Hubo otra en donde se llenó a tope el recién remodelado Auditorio Ché Guevera (o Justo Sierra si prefieren) y se votó a mano alzada. Ninguna de las dos dejó satisfechos a quienes se oponían al cierre, pues consideraban, quizá con razón, que no se estaba atendiendo al sentir de las mayorías, las cuales sin embargo, no estaban respaldándolos a la hora tomár una decisión, sino más bien, como ya se esbozó en otro comentario, dejándose llevar. Lo que quiero decir es pues, que frecuentemente dichas mayorías son ausentes, o silenciosas, como diría Baudrillard. Por supuesto otras tantas se han hecho de la manera en que narras.

    Por otro lado, me parece curioso cómo muchos exigen democracia y/o ser tomados en cuenta cuando el que “impone” algo es un alumno voluntarioso y quizá un poco confundido, pero cuando la arbitariedad viene de la estructura administrativa y de gobierno de la UNAM, la cual responde a criterios más bien burocráticos y hasta clientelares, antes que académicos, se guarda un silencio que no puedo dejar de calificar como

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  13. Estos grupos, que se dicen políticos, obran con tal puerilidad y desparpajo, que no sé cómo pueden ser tomados en serio por alguien. La vida institucional de la facultad es un fenómeno tragico-cómico.

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  14. Anacleto:
    Comparto tu opinión, la de Lothar Knauth y la de todos los estudiosos de los autoritarismos sobre los efectos perversos de las asambleas como instrumentos de legitimación mediante una supuesta democracia directa: es la forma en que los cinco arengando a los doscientos, toman decisiones que afectan a diez mil. En mi texto me refiero a una primera iniciativa, de alumnos que se oponían al cierre de su facultad y convocaban para organizarse al respecto.

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  15. Romeo:
    No estaba enterado de la votación que mencionas. Me parece muy interesante. ¿Recuerdas algo más, para poder buscarla? ¿Año?, ¿motivo de la movilización?, Algo, lo que sea.

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  16. Carlos:
    Muchas gracias. Las imágenes de abajo son parte de El presente del pasado, el diario electrónico de nuestro Observatorio de Historia. Cada una conduce a un artículo distinto. Échales un ojo.

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  17. La huelga del 99 se votó tanto en asamblea como mediante una consulta. Que las asambleas de aquí resulten en un choque de egos no quiere decir que todas las asambleas vayan por ese camino. He tenido la oportunidad de ver asambleas en tierra purépecha que funcionan bastante bien. La democracia electoral no puede ser secuestrada por unos cuantos en medio de múltiples formalismos. De la estructura jerárquica autoritaria de la UNAM ni que decir…

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  18. Romeo:
    De acuerdo contigo sobre la posibilidad de funcionar de ciertas asambleas en ciertas circunstancias. No fue el caso de la huelga del 99, donde antes de las votaciones las asambleas expulsaban a los opositores.

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  19. En Filosofía no se dió el caso y yo, que participé de lleno en el movimiento, me siento orgulloso de que haya sido así. Reto a cualquiera que encuentre una sola nota en los periódicos que indique lo contrario. Ocurrió, sí, en Ciencias Políticas, Acatlán, Naucalpan y algunas otras escuela, por cierto que no siempre por parte de los llamados “ultras”. Por ejemplo, en este último CCH los que expulsaron a los disidentes fueron los “moderados”.

    Las asambleas no funcionan entre nosotros por la misma razón en que no funciona la democracia: somos hijos de una cultura autoritaria, priísta, que avasalla. Las simplificaciones a las que recurres para “describir” el funcionamiento de la política y el activismo estudiantil es parte de ésta. No estás de acuerdo con quienes te “imponen” un paro, luego los ninguneas generalizando y construyendo muñecos de paja. El mundo es más complejo, sin embargo.

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  20. Romeo:
    Nuestra memoria del 99 es muy diferente. Veamos, pues la fuentes. En todo caso, estamos de acuerdo que el conjunto de la huelga en la Universidad fue impuesta por procedimientos nada democráticos.

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  21. A final de cuentas evitaron el diálogo cambiando de último momento la sede de su “asamblea”, sólo algunos letreros indicaban el cambio discretamente con pluma. Pues, realizaron su actividad, pero en el proceso evitaron que pudiese darse una verdadera participación estudiantil.

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  22. Te agradecería no poner palabras en mi boca, la huelga del 99 se votó en una consulta pública y se ratificó en asambleas, que dependiendo del plantel, tuvieron pocos u muchos vicios. Las de Filosofía se caracterizaron por dar cabida a gente con puntos de vista tan distintos, como lo son los militantes de una añeja “vanguardia comunista”, y personajes como el ahora diputado por el PRD, Fernando Belaunzarán.

    La asamblea del 17 que se desarrolló en el jardín que está junto al Aula Magna, se ve a reventar, a juzgar por las fotografías.

    Finalmente, me parece sano que exijan mayor democracia en cuanto a las decisiones que les afectan como comunidad. Ojalá este reclamo no se limitara a los alumnos que deciden hacer paro, si no a las autoridades y los órganos de decisión como el Consejo Técnico, integrado, por lo que respecta al lado estudiantil, a partir de votaciones que no llegan ni al 50% del padron.

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  23. Les comparto lo siguiente, y coincido con el Dr. Bernanrdo:

    Para qué acudir a los juicios de valor basándose en una moralidad maniquea: buenos y malos; regresamos al principio. El creer que la participación en las discusiones es un deber y una obligación en un sentido maniqueo es un error, ya dependerá del sujeto que esté o no de acuerdo con las discusiones y con lo que se discute. El asistir o no y quejarse, organizarse, darse palmaditas todos en los hombros por un mundo mejor, forma parte de la realidad interpretativa de los sujetos en su relación con el conocer.

    Entonces dejen de juzgar quién va y quién no va, si no quieren inquirir en lo que se quejan de ser juzgados, para sus empresas, erróneamente; cuando se encuentran realizando los mismos juicios de valor sólo que del otro lado, afirmando: “Quién no vaya no tiene derecho a quejarse”, “por qué se quejan de que se tome la facultad”. Perdónenme, pero hasta donde yo sé no vivimos en una dictadura declarada como tal, entonces si quieren buscar consenso y, como dicen muchos otros, pluralidad pues ábranse a argumentos a favor, en contra, compartidos, entrecruzados, mil y un tipos de posiciones para después llegar a la decisión o a la problematización de si una facultad merece ser cerrada o no en apoyo a lo sucedido con la CNTE y la reforma educativa. De otra manera estarían incurriendo en una imposición, el que hayamos estado o no en las asambleas no les da derecho a inquirir en nuestro espacio de trabajo, de estudio y convivencia, es decir de nuestra propia libertad.

    Entiendo que se busquen espacios de discusión de todo tipo, éstos, a mi entender, puede llevarse y realizarse junto con las clases; joder, no confundan, el que esté abierta o cerrada una facultad no va cambiar nada, simplemente un acérrimo rechazo de los que nos vemos perjudicados, inmiscuidos en decisiones totalizadoras.

    El apoyo que se quiera erigir a los abruptos atropellos habidos días anteriores a los manifestantes de la CNTE en el zócalo, además de las propuestas emanadas de la reforma educativa que nos afectan a todos, no es sinónimo de paro, huelga y destrucción; al contrario, es sinónimo de salir de las aulas a manifestarse quienes quieran hacerlo, otros manifestarse en las aulas y otros desde sus casas.

    Es decir, la conciencia colectiva y su discusión no sólo se da en medio de las manifestaciones, también desde otras perspectivas; y menos pegarle o pasar por encima de una institución que busca, de distintas maneras, formar estudiantes activos y no pasivos de su propia realidad.

    Alfonso Argote

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