por Anel Hernández Sotelo *

Es un secreto a voces que un buen número de concursos de oposición convocados por instancias académicas nacionales no son más que una ficción. Las plazas tienen nombre y apellido, incluso antes de ser convocadas. Lo trágico del asunto es que, como buenos mexicanos, aceptamos que “así son las cosas” y vivimos cabalgando entre la autodenigración y el simulacro. En El perfil del hombre y la cultura en México (México: Imprenta Mundial, 1934), Samuel Ramos escribió que la única diferencia entre el pelado y el burgués es que este último, siendo parte “del grupo más inteligente y cultivado de los mexicanos”, tiene la cualidad psíquica de poder disimular por completo “sus sentimientos de menor valía”, con lo que se consuma la ontología del simulacro ya que “el ‘yo’ ficticio construido por cada individuo es una obra tan acabada y con tal apariencia de realidad, que es casi imposible distinguirla del ‘yo’ verdadero”.

Como mujer independiente, historiadora de profesión, docente por vocación y ciudadana consciente de los alcances de los tentáculos de la corrupción y el clientelismo, decidí hace años que la simulación no sería mi tarjeta de presentación. Tristemente, lo que prima en nuestras instituciones universitarias y de investigación es una fetidez, convertida en pundonor, en la que no sólo se promueve sino se ampara la impunidad. Sirva como ejemplo el concurso de oposición para ocupar una plaza en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH como profesor de investigación científica titular “A” de tiempo completo, con el tema “La crónica, un recurso historiográfico fundamental en la historia de México, siglos XVI al XXI”, convocado a finales del año pasado y resuelto hace pocos días.

Clementina Battcock ha resultado ganadora de la plaza, a pesar de que al menos siete de los concursantes presentamos impugnaciones al resultado ante la Subcomisión de Admisión del Personal de Investigación Científica y Docente del INAH. La subcomisión hizo caso omiso a las apelaciones y hasta el momento no ha enviado ninguna respuesta oficial a las personas que apelamos la resolución tomada por el jurado de la DEH. En la DEH se ha hecho oficial que Clementina Battcock ocupará la plaza en breve (si no es que ya se le ha dado su nombramiento oficial). Cabe destacar que esta manera de encubrir la información oficial formó parte del proceso después de que fuimos entrevistados los concursantes. Basta tomar en cuenta las diferentes irregularidades en el proceso, que el lector podrá corroborar si consulta el recurso enviado a la subcomisión por la que suscribe (disponible aquí).

¿Imparcialidad o simulación?
¿Imparcialidad o simulación?

Resulta escandaloso que los miembros de la subcomisión hayan hecho caso omiso a las siguientes cuestiones. El comunicado de la resolución oficial del concurso enviado por la doctora Inés Herrera, directora de la DEH, se refiere a Clementina Battcock como “maestra”, a pesar de que —como expuse en la apelación— tiene el grado de doctora.

Más aún, el jurado dictaminador del concurso estuvo compuesto por el maestro José Mariano Leyva y la doctora Martha Rocha (ambos de la DEH) y, como evaluador externo, el doctor José Rubén Romero Galván, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Pues bien: resulta ser que el doctor Romero fue director de la tesis titulada “La guerra entre Tenochtitlán y Azcapotzalco: Construcción y significación de un hecho histórico”, defendida en agosto de 2008 por Clementina Lisi Battcock para obtener el grado de “doctor[a] en historia” por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM —misma que puede consultarse en TESIUNAM.

A pesar de estas informaciones, enviadas a la subcomisión con copia para César Moheno, secretario técnico del INAH, y para Inés Herrera Canales, titular de la DEH, no sólo por quien esto escribe, sino por otros concursantes y bajo el mismo tenor, Clementina Battcock ostenta ahora la plaza que se concursó.

¿Escondió la doctora. Battcock su último grado académico a sabiendas de que su director de tesis formaría parte del jurado? ¿De qué manera se seleccionan a los jurados de los concursos de oposición en la DEH? La doctora Ines Herrera, el maestro José Mariano Leyva y la doctora Martha Rocha. ¿conocían la vinculación entre la concursante y el jurado externo que, en teoría, garantizaba la imparcialidad del concurso? ¿Existió una triangulación desde la dirección del centro para invitar justamente al doctor Romero como jurado externo en virtud de que la plaza tenía nombre y apellido? ¿Por qué los miembros de la subcomisión, cuyo trabajo es examinar las apelaciones a los resultados de los concursos de oposición, desestimaron estas situaciones y corroboraron el resultado enviado desde la DEH?

Es posible que el currículum, las credenciales y el proyecto de la doctora Battcock la hagan merecedora de la plaza. La intención de hacer pública la opacidad de este proceso no forma parte de un “ajuste de cuentas”, pues carezco de alguna relación con la ganadora oficial de la plaza. Lo que es inaceptable es que los órganos colegiados del INAH fomenten este tipo de irregularidades, que ponen en tela de juicio la trasparencia de los concursos de oposición, considerando asimismo la manera subrepticia en que se informa sobre los dictámenes.

Además, estas circunstancias también dejan mucho qué desear de la ética del doctor Romero y de la doctora Battcock quien, por cierto, ha estado al frente un Proyecto de Investigación Formativa (PIF) en la licenciatura en etnohistoria de la Escuela Nacional de Antropología e Historia aunque carece de una plaza institucional, a pesar de que esto es un requisito para estar al frente de un PIF.

El pundonor, entendido como el sentimiento que invita a una persona —y en este caso a una institución nacional— a quedar bien ante los demás y ante uno mismo, seguirá siendo la manera de disimular los simulacros académicos hasta que seamos capaces de hacer valer nuestra voz y nos despojemos de la autoconmiseración (alimentada históricamente) con la que Samuel Ramos describió hace décadas la psicología del mexicano.

28 Comments

  1. Trabajo en el INAH como administrativo, presenté un proyecto de investigación a la DEA y me hicieron casi lo mismo, con la variante de que ni siquiera me dejaron hacer el examen, esto fue en el 2008, demandé en tribunales y aun así fallaron en mi contra, ahora soy objeto de todo tipo de agresiones, el INAH es una porquería, la corrupción es ramplante, es asqueroso, porque todo esto se hace con anuencia de la dirección general, el INAH no debería ya existir.

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    1. Hola Alfonso, me parece que un buen paso es hacer la denuncia pública como investigadores y ciudadanos, para que al menos estas redes que denigran nuestras profesiones “humanísticas” queden expuestas. Si los órganos colegiados tampoco funcionan para abonar a la transparencia, al menos que sepan que cada vez somos más los que no acallamos nuestra voz. Saludos.

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      1. Gracias Anel, no saben que gusto saber que hay gente que piensa como yo; efectivamente hay que hacer la denuncia pública de la enorme corrupción que hay en el INAH, con la forma en que se hacen los exámenes de ingreso a investigación, en mi caso a sido muy duro porque tengo grado de Doctor en Arqueología por la Universidad de Sevilla, regresé el 1° de julio de 2007 al país, con la espectativa de que mi plaza de administrativo se transformara en puesto de investigación, sin embargo, desde que crucé la puerta en Templo Mayor donde trabajo comenzaron las agresiones, en particular de Luis Alberto Martos López, quien fuera director en ese momento de la DEA, imagínate, y transcribo por escrito lo que verbalmente me dijo al verme llegar: “…ya estás aquí?…”, al contestarle que sí, agregó: “…por qué no te sacas a la chingada del INAH y del país?, puedes con tu título europeo hacer arqueología donde quieras!, ¡sácate a la chingada del INAH, no te queremos aquí!…”, disculparás el lenguaje, pero esto me dijo directamente Luis Alberto Martos López, le denuncié ante la dirección del instituto, ante la dirección de CONACULTA en su momento, en distintas instancias administrativas del gobierno federal, y, ¡no pasó nada!, no hubo disculpas públicas por el trato recibido, es más, la dirección del inah con Alfonso De Maria, le protegió; en el 2008 metí mi proyecto de investigación y lo que comento, no me dejaron hacer ni el examen, anteponiendo toda clase de pretextos para no darme la oportunidad de nada, demandé e incluso fallaron en mi contra, aquí es importante que quede claro que no me niego a que me examinen en función de mi proyecto de investigación, pero no me lo permitieron; con respecto a los insultos de Luis Alberto a mi persona, se lo sostengo en su cara, públicamente y judicialmente si se da el caso, porque es servidor público y fue director de la DEA en su momento cuando me agredió. Finalmente, por aquello de las pataletas, cuento con toda la documentación de todo lo actuado, con firmas y sellos, importante comentar que no es éste el sitio adecuado para montar todo eso, sin embargo, quien quiera ver la documentación estoy a sus órdenes. Disculpa que no haya contestado tu nota antes y agradezco el apoyo. Dr. Alfonso Alvarado Bravo

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  2. La dirección de estudios históricos del INAH, al igual que la gran mayoría de las instituciones de este país que se dedican a la investigación histórica padecen de la misma enfermedad. Y creo sinceramente que es un problema de gremio. En lo particular no solo desconfío de la asignación de José Rubén Romero como jurado externo (a quien debo decir, tengo en alta estima, como ser humano), sino también de personajes como el tal Leyva a quien no le veo ningún tipo de mérito para ser jurado de una situación así. En fin, que tal parece que para ser historiador en este país, o tienes que rendir pleitesía (en cualquiera de sus formas), o agandallarte.

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    1. Ussulky, en algún momento me he preguntado por qué entre quienes nos dedicamos al ámbito social y humanístico suceden estas cosas que como estudiantes, y luego como profesores, criticamos en el aula. Lo más triste, como podrás leer en las detracciones que he recibido, es que en este país, al que protesta, al que hace público el ejercicio antiético del poder, es a quien se le señala con el dedo, en lugar de que todos estuvieramos por la labor de transparentar este México dolido históricamente de corrupción. Sobre tus estimaciones sobre Romero y Leyva, no puedo comentar nada pues sólo he hablado con ellos en los 20 minutos que duró la entrevista del concurso. Estuve estudiando la maestría y el doctorado fuera del país, y regresé a mediados de 2011 por lo que apenas estoy conociendo el panorama del personal docente y de investigación mexicano. Un abrazo

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      1. Estimadas Anel y Ussulky, yo puedo contestar su pregunta, esto sucede porque aquellos que en algún momento dado fueron científicos al acceder a un puesto, no de trabajo, sino un puesto administrativo que implique una cuota de poder, dejan de ser científicos y se transforman en ideólogos del estado, defienden lo indefendible a mas no poder, la estructura en la que están inmersos que defiende cotos de poder y con ello recursos, además -y eso es lo peor- de la manipulación ideológica hacia el pueblo, esto le ha pasado a innumerable cantidad de arqueólogos como Alfonso Caso, Ignacio Bernal, María de la Luz Gutiérrez, y muchos otros, a lo largo y ancho del desarrollo histórico del INAH. Esta actitud implica un acto autoritario pasando por encima de los procesos científicos de cada investigador, para que una postura teórica, la que tiene aquel que detenta el poder, sea la predominante, o peor aún, la que se mantenga como postura hegemónica. Más aún, que todo este conocimiento que generamos historiadores, antropólogos, arqueólogos, etc., no le sirva al Pueblo de México como medio de análisis para criticar no sólo el pasado, sino el presente de ese pasado, el ¡presente del pasado!, y que tengamos al país hecho una piltrafa, con una guerra de baja intensidad entre narcos y la clase política, con una práctica dentro de la clase política a arreglar sus diferencias a tiros, como sucedía a principios de los veintes del siglo XX, y con una clase trabajadora desmovilizada, en particular con empleados al servicio del estado como los que trabajan en el INAH, que son bien revolucionarios de 8 am a 6 pm., hacer algo en estas condiciones es complejo, sin embargo no podemos quedarnos con los brazos cruzados, la solución, considero, debe salir del colectivo que somos todos aquellos que somos objeto de agresión por parrte quienes detentan el poder, en este caso dentro de inah y de otras instituciones similares. Espero ayudar con esto, reciban un cordial saludo.
        Dr. Alfonso Alvarado Bravo.

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  3. Sería mejor que para los ajenos a la INAH, agregara a este escrito el marco jurídico y las reglas con las que se hacen los concursos. Si se publica alguna convocatoria que se apegue a lo legislado, etc. Si no, suena a un chisme. La carta sobre todo: que si se enteró por facebook, que si llamó a tal hora y no le contestaron, etc. A veces las cartas están tan llenas de presunciones que lejos de ser dignas de ser estimadas para tomarse en cuenta, son descartadas y con razón.

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    1. Estimada Georgina, te envío el link donde puedes encontrar diversos reglamentos del INAH. Me sorprende que escribas que la nota que publiqué “suena a chisme”, a pesar de que todo lo que he escrito puedo documentarlo. En segundo lugar, si para tí es superficial que el conocimiento de los resultados de un concurso de una institución nacional se escondan (eso es lo que pasó tanto en el dictamen del jurado como de la subcomisión), y los concursantes nos enteremos por el muro de un conocido de otro conocido, e incluso que carezcamos del dictamen de la subcomisión, creo que entonces nuestros parámetros de legalidad y transparencia son contrarios, lo cual me apena. Aquí el link: http://investigadoresinah.com/sindicato/03cgt/diversos%20reglamentos.pdf. Si necesitas más información sobre el caso o documentación, con todo gusto te la puedo mostrar. Un chisme, según la RAE, es una “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”, espero que tengas argumentos para aclarar qué cosa es lo que “suena a chisme”. ¿Exponer verdades probadas y documentadas es un chisme? Creo que más bien las verdades incómodas que ponen en evidencia los manejos fraudulentos de muchas de nuestras instituciones cala demasiado fuerte en algunas personas, y éstas persiguen convertirlas en chismes. Estoy a tu disposición.

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  4. La falsedad tiene alas y vuela…
    Miguel de Cervantes

    El derecho al pataleo es muy legítimo. Todos podemos protestar aquellas decisiones de una autoridad que nos resulten lesivas, que nos desfavorezcan o que creamos injustas, y absolutamente nadie puede despojarnos de tal prerrogativa, sea que ganemos algo o no con nuestras quejas o apelaciones. Pero ejercer este lícito privilegio, no mediante razones y argumentos, sino esgrimiendo como armas la tergiversación, el infundio y la difamación ya no equivale a defender en justicia los propios intereses ante un foro, sino literalmente a llevar a él la artillería pesada con el ánimo de volarlo. Y tal es precisamente lo que hizo la señorita Hernández Sotelo, progenitora de este libelo: ensuciar, embarrar gratuita e infundadamente, el nombre de varios académicos: el de la doctora Battcock (ganadora del concurso de oposición recientemente convocado por la DEH del INAH), el de los doctores Romero y Rocha y el del maestro Leyva (integrantes del jurado) y, tal vez para no desperdiciar su abundante reserva de proyectiles lodosos, ¿por qué no salpicar también de paso el de la doctora Herrera (directora de la DEH)? Personas a las que dudo seriamente haya tenido el placer de conocer y tratar, porque sólo así se explica que, con recursos baratos y manidos de novela negra o de panfletería, haga de ellas meras caricaturas, la pandilla de villanos de un burdo relato maniqueo, en el que ella viene a ser la campeona de la transparencia.

    Con todo, justamente a fuerza de fantasioso, delirante y retorcido, el texto de la señorita Hernández acaba por resultar divertidísimo (aunque su humorismo sea involuntario) y así afirma que, por ser “independiente, historiadora, docente” y no sé cuántas encomiables cualidades más, la simulación no ha de ser jamás “su tarjeta de presentación” (como si la mera condición profesional fuese garantía de probidad moral). A lo que –en una titubeante redacción— agrega: “mi intención de difundir la opacidad [sic] de este proceso no forma parte de un “ajuste de cuentas” [como entre los narcos, claro, algo que está tan de moda] pues carezco de alguna relación [sic] con la ganadora oficial de la plaza.” En esta frase inmortal la autora nos demuestra que si en el resultado del concurso influyó algún criterio de orden estilístico, ella solita, y por méritos propios, se descartó de manera automática de los potenciales finalistas.

    Comentarios aparte, en este párrafo, como en otros muchos de los que desarrolla en su pasquín y que no tengo tiempo de desmenuzar, la señorita Hernández miente con alegre desenfado. Primero (y según el viejo dicho castellano medieval de que “explicación no pedida, acusación manifiesta”) porque si, en efecto, no tiene ninguna relación con la doctora Battcock, no le haría falta curarse en salud mencionando ningún “ajuste de cuentas”, pues ¿qué pendientes se pueden tener con personas que nos son del todo desconocidas o extrañas? Y luego, contrariamente a lo que asevera, es incuestionable que su animadversión hacia la doctora Battcock sí es de índole personal y tiene un doble trasfondo. Naturalmente que el primer motivo de tal encono es bien comprensible y de seguro arraiga en ese feo vicio que se define como el sentimiento de desdicha de no poseer o alcanzar los bienes o virtudes ajenos: es decir, la envidia. Pues sí… desgraciadamente, podemos sentir envidia, e incluso rabia, frente a aquel competidor que nos gana algo que deseamos. En esto, querida señorita Hernández, tiene usted, si no nuestra justificación, sí nuestra cordial empatía. Lamentamos su caso.

    El segundo motivo, en cambio, resulta más velado (y en este sentido ya no podemos mantener la pretensión de cristalina “transparencia”), pero es muy factible que tenga que ver con la relación afectiva que la liga al señor Hugo García Capistrán, profesor de la asignatura de Mesoamérica en la FFyL-UNAM. Y ya que la señorita Hernández no tiene empacho en presentar sus emponzoñadas presunciones como “hechos” (v.g. que el doctor Romero haya favorecido en el concurso a la doctora Battcock por la circunstancia de que fue su asesor de tesis doctoral), tampoco habré de tener contemplaciones en divulgar que la enemistad jurada que su amigo, García Capistrán, le tiene a la doctora Battcock se inició en la denuncia que ésta hizo, tiempo atrás, del impresentable comportamiento del profesor en una práctica de campo con alumnos del Colegio de Historia. De ese triste caso, sólo diré en breve que a consecuencia de los excesos etílicos y de otras diversas irregularidades en las que incurrió el docente (y éstas sí demostradas y no supuestas o presumidas, pues fueron públicas), la Coordinación de Historia lo inhabilitó para organizar y dirigir tales prácticas en el mencionado colegio. De entonces a la fecha, el profesor se ha dedicado, con ostensible falta de valor civil, esto es, arrojando la piedra y escondiendo la mano, a tomar venganza, a hostigar y a vilipendiar en todo lo posible a la doctora Battcock. Así escribe en las páginas electrónicas abiertas de calificación de docentes (en un conveniente anonimato, sea que lo haga él en persona o a través de intermediarios, a causa de su falta de pundonor para dar la cara), que la carrera de la doctora Battcock ha ascendido no por méritos, sino por “apadrinamientos” (¡creerá el ladrón que todos son de su condición!) y otras muchas lindezas del mismo jaez que no vale la pena enumerar ni reproducir, simplemente porque provienen de alguien de tan elevada estatura moral como el individuo de marras.

    Ahora bien, como estos son los mismos “argumentos” e “ideas” del truculento folletín de la señorita Hernández, no puede caber duda razonable de que ambos personajes: ella y García Capistrán están unidos, en esta sucia campaña de desprestigio contra la doctora Battcock, tanto por relaciones de mutuo afecto, como por semejanza de calidad ética y de carencia de escrúpulos para difundir urbi et orbi, a través de los medios electrónicos, cuanta mentira les pase por la cabeza. La única diferencia es que la señorita Hernández sí tiene el suficiente coraje y la necesaria presencia de ánimo para asumir la responsabilidad de firmar los cuentos con su propio nombre.

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    1. Dra. Patricia, tanto a usted como a Hugo García Capistrán los desconozco. Lamento que esté pasando un momento tan amargo después de leer mi nota. Lamento aún más que esté dando los pataleos de los que usted me acusa, como puede leerse en la calidad emocional de su comentario. Usted escribe que lo que he expuesto son falsedades que enlodan nombres de gente que supongo usted aprecia mucho. Quisiera entonces que demostrara que yo, junto con el tal Hugo, estamos unidos en eso que llama campaña de desprestigio contra la Dra. Battcock… ¿cómo sostiene eso? Cada una de las situaciones que he expuesto están documentadas y probadas… le pregunto: ¿de dónde saca usted no sólo que conozco, sino que formo parte de “una campaña” de desprestiguo con el mentado Hugo? Espero que pueda demostrar esta gran falsedad… pues lamento decirle que jamás he visto a ese hombre en vida. Por otro lado, su texto revela otra de las estrategias tristemente denigratorias de uso cotidiano en la academia mexicana: la existencia de grupúsculos que se unen en contra de otros y que, incluso, fungen como tapaderas de plagios, falta de ética profesional, clientelismo, etc. Quizá para su mala suerte, soy una joven historiadora muy poco conocida en el medio para estar al tanto de los dichos y diretes existentes entre estos grupúsculos, así que nuevamente la invito a que compruebe que yo formo parte de una campaña de desprestigio contra la Dra. Battcock. Además, me parece que usted ha interpretado cosas que yo no he afirmado como que “el doctor Romero haya favorecido en el concurso a la doctora Battcock por la circunstancia de que fue su asesor de tesis doctoral”. Si usted relee tanto esta publicación como la carta de impugnación, lo que estoy diciendo (y con pruebas) es que (1) Battcock concursó con el grado de maestra, (2) que el jurado externo que daría mayor imparcialidad resultó ser su asesor en su trabajo de doctorado, (3) que no sólo la subcomisión que recibió las apelaciones se enteraron del tema, también César Moheno e Inés Herrera, (5) que ante la falta de transparencia en los anuncios que debieron hacerse públicos sobre los dictámentes del jurado de la DEH y de la subcomisión, lo único que quedan son muchísimos cuestionamientos. Por cierto, quisiera decirle que incluso antes de hacer pública esta nota, le envié un correo a Inés Herrera solicitándole el dictamen de la subcomisión. Al día de hoy, no he obtenido respuesta. Por el tono de su comentario, parece evidente que usted sí que tiene relación con las personas que aludo en mis escritos (al contrario de la relación que usted inventa entre Hugo García y yo y la campaña de desprestigio). De ahí que me atreva a preguntarle si ha hablado con estas personas para saber si lo que yo he escrito es cierto o es falso, pues su alegato contra mi persona parece ser más un berrinche de un menor que ha sido descubierto y su único fundamento para denigrar los dichos del otro son palabras como enlodar, envidia, emponzoñadura, rabia y otros más. Al contrario de usted, a quien mi escrito le resultó divertido, a mi me apena muchísimo que en una discusión sobre evidentes procesos de corrupción académica, personas como usted, miembro de la Máxima Casa de Estudios de este país, con grado de doctora y (supongo) una sólida trayectoria académica, se vea en la necesidad de utilizar esos términos para comentar mi nota y además acusarme de falsedad cuando es usted quien me está relacionando con alguien que no conozco, además de que, sin conocerme, cuestione mi independencia como mujer y como profesionista. Quizá es porque, entre los integrantes de los cacicazgos académicos, no es usual que alguien hable por motu propio. Finalmente, espero que resuelva sus conflictos con Hugo García y en alguna oportunidad tenga la deferencia de presentármelo. Por lo demás, el té de tila relaja los nervios. Saludos Dra. Patricia

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    2. Qué nivel de pataleo y de retórica tan triste, no es necesario, doctora, todos entendemos. Lo que se denuncia aquí es una práctica mal llevada a cabo que demuestra corrupción en un proceso de los, que se supone, somos humanistas y observamos tales cosas para denunciarlas. Defender un sistema que promueve estos vicios en nombre del honor de quién sabe quién, es parte del mismo problema. En mi experiencia, puedo decir sin lugar a dudas que así funcionan al menos dos facultades de la UNAM (incluyendo la FFyL), un grupo del COLMEX y, ahora descubro, también un departamento del INAH. Es un mal sistémico, si usted desea seguir en la defensa de lo individual, supongo que está en su derecho, pero me parece que es buena hora de sacar la cabeza de la forma de hacer polítcia adémica tan decimonónica y comenzar con procesos limpios que premien el mérito, no los nombres ni la presuntuosísima capacidad de poner ridículos adornos en los informes.

      (P.D. Si no le ha tocado en su formación académica, tome alguna clase de argumentación filosófica, pues parece que lo confunde todo con el chisme y se supone que aquí estamos conversando entre entendid@s)

      Dra. Anel, concuerdo con una de sus comentaristas en que vendría bien dentro del artículo un link en el que se puedan consultr las bases del concurso para tener contexto, amén del claro conflicto de intereses y las equivocaciones en los grados.

      Saludos y me da gusto que se haya decidido a denunciar que buena falta que nos hace.

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  5. Estimado Dr. Alfonso Alvarado. Tristemente no me sorprende la situación que ha expuesto en su respuesta a mi respuesta porque he vivido en carne propia el acoso laboral de colegas mediocres que ostentan plazas en universidades públicas no tanto por sus méritos, sino por las redes de compadrazgo que se tejen desde las instancias más altas de gobierno universitario. Durante el año 2011-2012, ocupé una plaza como profesora de tiempo completo en el Departamento de Historia de la Universidad de Guanajuato, campus Guanajuato. En ese caso, no puedo decir que el concurso estuviera amañado pues la gran virtud (y quizá por eso gané la plaza), es que el sistema de evaluación fue transparente. Desgraciadamente, cuando los colegas del Departamento se dieron cuenta de que no me iba a prestar a tergiversaciones y falsificaciones (como la que ahora hace de mi persona la Dra. Patricia Escandón) que dañaran a miembros realmente honorables de la institución, los miembros del Cuerpo Académico al que pertenecí levantaron una serie de injurias en torno a mi persona y mi trabajo y las instancias reguladoras de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del campus Guanajuato jamás exigieron pruebas de esos infundios. Cuatro meses después de comenzada esta carnicería verbal, me di cuenta que para seguir trabajando ahí tenía sólo dos opciones: (1) mimetizarme con los procesos corruptos de los miembros de mi Departamento y prestarme a la prostitución académica, o (2) vivir en medio de un ambiente hostil, en zona de guerra basada en la verborrea y el chismorreo solapado por esferas de poder más altas, que continuamente boicoteaba mi trabajo y mermaba mi salud emocional. Por eso, aunque pueda sonar fantástico en este México donde la gente hace todo lo impensable por conseguir una plaza, decidí renunciar y comenzar nuevamente el camino de búsqueda de un lugar donde prime la ética profesional.
    Este México duele por todas partes. Con el dinero de los contribuyentes mexicanos pude formarme en el extranjero como becaria de CONACYT. Sin defraudar lo que el Consejo solicita de sus becarios, terminé con éxito mis estudios y regresé al país. Ahora, las instituciones públicas que también son sostenidas con nuestro dinero (ahora yo también soy contribuyente) obstruyen, de diversas maneras, que ejerza mi profesión y comunique a estudiantes mis experiencias por casi cinco años en el extranjero, sólo porque resulta incómodo que alguien dentro de la academia tome decisiones individuales sin adscribirse a ningún cacicazgo o porque los concursos de oposición son una verdadera farsa.
    Quiero decir que algunas personas me considerar “conflictiva” y “beligerante” por acciones como ésta, de tener el valor de hacer público un caso que evidencia los malos funcionamientos de nuestros centros superiores. Desgraciadamente, el mexicano común (y no me refiero a la clase social sino a la estrechez mental) confunde -como diría Ibargüengoitia- lo grandote con lo grandioso.
    Si la beligerancia implica dejar de engullir las corruptelas que envician todos los aspectos de la vida en México y evidenciar que no sólo las instituciones, sino los órganos reguladores que las coaptan (y en los que también se invierte mucho dinero público), en virtud de superar el “agachonismo” mexicano es sinónimo de beligerancia y conflictividad, yo esperaría que México fuera un país de beligerantes.
    Saludos y me encantaría conocerlo.

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    1. Estimada Anel, le admiro por su valentía, y claridad teórico-política, el país efectivamente está muy mal, dada esa condición, las instituciones como el inah, sólo son el reflejo de la situación de la nación, muchos prefieren callar y agachar la cabeza, para que no los molesten en su
      pequeño coto de poder, esto me hace reafirmar aquello que pienso, todo esto es ya una porquería, sin embargo, insisto, algo debemos hacer, pero en términos colectivos, no en términos “unipersonales”, quede esto como propuesta no sólo para Usted o para mi persona, sino para todas y todos aquellos que no vemos bien lo que está sucediendo. Claro que también me gustaría conocerle. Trabajo en Museo del Templo Mayor, soy asistente de asesor educativo, estoy por lo tanto en el Departamento de Servicios Educativos de ese museo, de miércoles a domingo. Estoy a sus órdenes. Mi correo electrónico es:
      alfonsoalvarado2003@yahoo.com

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  6. En España se siguen viviendo situaciones similares aunque algo se ha avanzó en los últimos años con los programas Cajal y De la Cierva. Pero con la crisis parece que hemos retrocedido tres décadas. Un saludo y ánimo. Que tu dignidad como investigadora no se vea menoscabada. Al final, es lo único que queda.

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    1. Hola Alberto. Estoy al tanto de lo que está sucediendo en la academia española. Tristemente allá, como aquí, también se han denunciado plagios y “arreglos curriculares”. En la Universidad Carlos III realicé mis estudios de posgrado y en mi estancia (2006-2011) pude ver el casi imperceptible deterioro en estas cuestiones que refieres, más tarde más evidentes y ahora incuestionables, como el hecho de que (hasta donde me ha contado una de mis mejores amigas de Leganés) el CSIC de Ciudad Lineal ya es zona muerta.
      Hace poco leí en Público una comparación realizada entre los “castigos” de los plagiarios académicos entre España y Alemania. La nota describía cosas sobre el caso hispano tristemente muy semejantes a las que suceden en México y en buena parte de América Latina.
      Considero que la ontología de academia hispanoamericana debería desde un punto de vista global, capaz de formular hipótesis sobre las bases más profundas de esto que yo llamo “simulacro y pundonor”. Me parece que un buen inicio para comenzar es el replanteamiento de si verdaderamente nuestro siglo XXI hispanoamericano ha superado los usos, abusos, costumbres y moralidades venidas desde el catolicismo.
      Porque, si bien buena parte de la población se dice y se siente ya no solo laicizada sino atea o anticlerical, también es cierto que entre los habitantes de nuestros países hay muy poca gente que ha sido capaz de superar “la sensibilidad barroca” tal como la describe insistentemente en sus trabajos el Dr. Fernando Rodríguez de la Flor, a quien admiro y tengo en altísima estima por su profesionalismo y por su calidad humana.
      Agradezco tus buenos deseos. Y bueno, sólo decirte que para mí, la dignidad no es “lo único que queda” sino lo primero que debe prevalecer en cada uno de los actos humanos. Y esa dignidad no se puede discutir con valoraciones morales como bueno/malo, sino en la sana consciencia. Además, por lo menos en México, muchas veces se confunde la dignidad con el orgullo. Desde mi perspectiva, el orgullo tiene más relación con el cómo me ven los demás y está relacionado con emociones como la rabia y el deseo de desacreditar al otro. La dignidad, como yo la vivo, tiene que ver con la lucha constante que enfrenta uno mismo con uno mismo para no traicionarse y caer en acciones que criticamos.
      Un abrazo fraternal desde este Valle de la Impunidad Transoceánico llamado México.

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  7. Concuerdo con todo lo que señalas. Todos los concursos son una farsa, “retratos hablados” con muy poca transparencia. Después de haber participado en 8 de ellos me he resignado a que no voy a conseguir nada por medios “transparentes”… y como como tú tampoco me presto a lo que tu llamas “prostitución académica” seguiré siendo la eterna investigadora postdoctoral y profesora de asignatura. Nada más una cosa: los profesores de asignatura ya podemos tener a nuestro cargo Proyectos de Investigación Formativa en la ENAH. Yo soy la titular de uno. Un abrazo y mi admiración por tu valentía. Roxana Bravo

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    1. Estimada Roxana. Desgraciadamente las becas posdoctorales también van dejando de ser una opción de sobrevivencia… cada vez limitan más el rango de edad, los tiempos “aceptables” para realizar estancias son sólo hasta tres años después de la titulación doctoral y la competencia es mucha… tanta como doctores sin trabajo existentes en este país. Sobre lo del PIF, te cuento que en el mes de enero de este año en la ENAH se me dijo que no podía ser titular de un PIF hasta que tuviera una plaza… Y me ha llegado mucha información de diferentes lados y personas sobre la discrecionalidad con que se aplican los reglamentos en la ENAH dentro de las coordinaciones. Yo estudié ahí y, aunque como estudiante no me daba cuenta de la profundidad del asunto, sé que dependiendo del coordinador en turno y de las apreciaciones subjetivas de algunos miembros de los comités académicos que deciden la plantilla de maestros, es como se abren o cierran las puertas para dar clases. Tengo la experiencia.

      Me alegro que tengas la oportunidad de ser profesora en la ENAH. A mí, a pesar de ser egresada, de haber estado al frente de una clase después de titularme, de haberme ido a estudiar el posgrado para regresar a México, la ENAH, específicamente en las coordinaciones de Historia y Etnohistoria, me han negado la posibilidad de volver a estar frente a grupo… ¿Por qué? porque los PIFs sólo los puede dar gente con plaza y porque, aunque mis programas académicos presentados en Etnohistoria eran muy buenos, al parecer a ciertas personas mi presencia en la ENAH no les pareció pertinente.

      ¡Qué triste! ¡Qué infortunada soy porque en la academia rostro, personalidad y conectes matan curriculum!

      Gracias por tu comentario.

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  8. Estimada Anel Hernández: me he topado casualmente con la carta de apelación que realizaste a los resultados del concurso de oposición para una plaza en la DEH-INAH.

    Después de leerla sentí, como imagino muchos, una gran empatía con tu descontento, indignación e impotencia ante una realidad que resulta el pan nuestro de todos los días. El mundo académico, tristemente, no se salva de las debilidades humanas.

    Yo, al igual que tú y muchos “nuevos doctores” de esta generación, he participado en diversos concursos de oposición en los que considero puedo ofrecer algo a las instituciones que los convocan, cada uno de esos concursos me representa un reto y una ilusión pero, al igual que tú, salgo desesperanzada al comprobar que difícilmente el trabajo académico y las propuestas por sí mismas son suficientes para obtener un espacio laboral en el cual podamos desarrollar todas las aptitudes con las que fuimos formados. He participado en varios concursos de la UNAM y del INAH. En ambas instituciones los procesos de selección están amañados. Yo me pregunto por qué insisten estas instituciones en hacer públicos concursos que previamente están resueltos; si ya tienen a sus candidatos idóneos, ¿por qué no simplemente hacer los concursos cerrados? Nos ahorrarían tiempo, dinero y sobre todo el desgaste emocional que representan.

    No obstante esta realidad, creo que si ellos insisten en hacerlos públicos nuestro deber es participar con lo mejor que podemos dar y mostrar que somos cada vez más los doctores con necesidades de un espacio de calidad y dignidad para realizar nuestro trabajo y que ya no son suficientes los espacios que existen, los cuales están cooptados por grupos que se han formado al paso del tiempo.

    Desde luego te felicito por la decisión de exponer tú caso, que es el caso que estamos viviendo muchos, pero me pregunto si eso es suficiente para que cambien las cosas, pues, como se ha mostrado en muchas ocasiones, las personas que dirigen las instituciones académicas son quienes generan, incentivan o solapan esas situaciones de poca claridad y honestidad.

    Un saludo,
    Gabriela Díaz P.

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  9. Estimada Gabriela,
    me acabo de encontrar con tu comentario, mismo que agradezco. A tu última pregunta respondo con un rotundo NO. No es suficiente denunciar y exponer pero es lo que está en mis manos. ¿Te imaginas si cada caso de estos saliera a la luz? ¿Si cada uno tuviera la fuerza para denunciar? Quizá llenaríamos un archivo del tamaño del AGN y ante eso, quizá estas mafias académicas podrían comenzar a pensárselo pero… hasta ahora no ha habido interés en hacer un esfuerzo común, a pesar de que lo he intentado. Me encantaría entablar conversación contigo, escríbeme a lunadearado@hotmail.com
    Saludos

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  10. Felicito la actitud valerosa de señalar los vicios que se presentan en múltiples concursos de oposición. Solamente la actidud crítica de los universitarios puede presionar para transparentarlos.
    Es inaceptable la práctica de varios grupos de “notables” simuladores que dictaminan apoyándose en las consignas de sus jurados calificadores “auxiliares”; en ocasiones aún sin conocer a los concursantes, y sin presenciar los interrogatorios, sin analizar siquiera los trabajos escritos, declaren vencedores a algunos, pero descarten e incluso denieguen el mérito de los demás. Es una vergüenza que estas prácticas continúen dándose. Mi solidaridad con los académicos íntegros. Mi rechazo a la simulación

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    1. Querido Gabriel, supongo que sabes que esto es sólo un boceto de la realidad… ¿cuántos casos propios y ajenos no conocemos? El problema es que en México no conocemos la fuerza de la colectividad. Imagina qué pasaría si quienes hemos vivido estas situaciones nos aliáramos para exigir transparencia en los concursos… sería un buen golpe para obligar a quienes están en las cúpulas de poder académicas a actuar con ética y profesionalismo. Y quizá también sería un ejemplo para todos los demás colectivos que están hartos de este México impune. Sin embargo, parece que nos da miedo juntarnos y emprender acciones colectivas para hacer del número que somos, la fuerza que tenemos. La queja gratuita no sirve de nada. Y, luego de varias historias como éstas que he pasado en carne propia, me he dado cuenta que la acción individual -como ésta de hacer público sólo un caso de varios- tampoco funciona. Porque los que tienen el poder han perdido la vergüenza -y, por ende, la dignidad- y nosotros seguimos tan cobardes ante ellos, que nuestras exigencias no pasan de ser buenos deseos. Ojalá algún día pueda ver yo el nacimiento de un colectivo de académicos jóvenes, preparados e inconformes. Materialmente tenemos todo para actuar, pero nos falta exorcizar al priísta que llevamos dentro. Somos ciudadanos, no súbditos. Saludos y gracias por tu comentario.

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      1. Estimadísima Anel, he seguido con mucho interés las distintas consideraciones que se han publicado en este espacio, pero, ¿sabes que hice? Definitivamente demandé al inah, supongo que todavía hace un año estaban felices en la dirección del instituto, pues me habían ganado el juicio -claro, con mucha corrupción dentro el Tribunal de Conciliación y Arbitraje-, pero metí una apelación y gané un amparo directo, no sabes que gustó haber logrado eso, porque un juez dictaminó que el juicio con el que me ganaron, hace poco más de un año, estaba amañado, y ahora entonces, se va a tener que reponer nuevamente todo el juicio, estoy feliz, porque nuevamente vamos a dirimir en los tribunales el proceder ambiguo, y en extremo corrupto de quienes detentan el poder en el inah; claro esto ha tenido consecuencias en mi trabajo, ahora, utilizan a trabajadores de base del sindicato de la D-III-24 -administrativos, técnicos y manuales-, para acosarme laboralmente, incluso dos de ellos: Ana Lilia Méndez, por cierto antropóloga social, y Raúl Guerrero estudiante de arqueología de la enah, han llegado a amenazarme diciéndome que “…me van a ajustar las cuentas…”, ¿te imaginas?, al más puro estilo del chapo guzmán, no me amilané y ya metí mi denuncia en la PGR, dirigida al Procurador Licenciado Jesús Murillo Karam, además de un Acta de hechos, que espero que laborales del inah, transforme, si llevan a cabo el proceso de forma adecuada, en un Acta administrativa, para que termine en la sanción correspondiente y adecuada a las circunstancias. En esta segunda etapa jurídica espero ganarle al inah, y sentar el precedente, supongo que la directora del inah estará muy contenta, ¿sabes Anel qué se atrevieron a hacer? Demandaron en el tribunal de conciliación y arbitraje quitarme la antigüedad, los más de 30 años de servicio llevo en el inah, pero el tribunal les dio un revés, no pudieron quitarme mi antigüedad, sí, en el inah son en extremo corruptos, pero hay que darles la batalla, y por dónde más les duela, y no dejarnos, pienso en eso mismo que comentas, la respuesta tiene que ser colectiva. Recibe un cordial abrazo.
        Dr. Alfonso Alvarado Bravo

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  11. Alfonso, comunícate conmigo para conocer los pormenores. No te felicito por ganar el litigio -porque en verdad estos litigios no deberían existir si el estado de derecho realmente fuera tal-. En lugar de eso, me congratulo de saber que todavía existe gente que se indigna en este país y hace cosas para manifestar su indignación. Espero noticias.

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    1. Estimada Anel, agradezco tus comentarios, pero hay que puntualizar lo siguiente, no he ganado como tal, el juicio para pasarme a investigación, lo único que sí gané fue un AMPARO DIRECTO contra la resolución en mi contra, que había dado un juez del tribunal de conciliación y arbitraje en un juicio amañado, mañoso y tramposo que me negaba la posibilidad de entrar a investigación, como resultado de ganar el amparo directo, la resolución que obtuvimos fue que el inah pierde todo lo que de manera tramposa había logrado en esta primera parte del juicio, y ahora, hay que reponer todo el proceso jurídico, espero ahora bajo el ojo observador del tribunal, por cualquier anomalía que surja, esto abre la puerta para poder ganarle al inah, y como ya lo comenté sentar un precedente, para que muchos otros mexicanos, que como yo, que nos concebimos como científicos, y que hemos hecho propuestas de trabajo serias sin ofrecernos al mejor postor, podamos aspirar a un puesto de trabajo digno, en el inah, en la UNAM, Bellas Artes, SEP, CONACULTA, etc; donde el trabajo que desarrollemos impacte en las condiciones de vida, de trabajo, en los anhelos del pueblo trabajador, y no en los interese de un grupo de sátrapas al servicio de los lacayos de la burguesía, que no hay más Anel, si ha sido muy complicado, porque no te imaginas la sarta de porquerías de las que he sido objeto en todos estos años dentro del inah, o la corrupción que he visto, desde gente que obtiene su puesto de trabajo por medio del tráfico de influencias, y cosas peores, es horroroso. Me he mantenido lo más digno posible y espero ganar. Recibe un fuerte abrazo. Dr. Alfonso Alvarado Bravo

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    2. Estima Anel, no tengo tu número telefónico, ya publiqué mi comentario con mis correos electrónicos y mi celular, ¿te comunicas conmigo?
      Dr. Alfonso Alvarado Bravo

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  12. Estimada Anel,
    Me paso exactamente lo mismo que a ti y a muchos otros, es decir, un concurso amañado, con “ganadora” de antemano designada. He publicado una carta en Proceso este domingo pasado, donde te tome prestadas algunas ideas. Me uno a tu postura de denunciar públicamente estos lamentable casos. Propongo que hagamos una carta conjunta de quienes hemos sido víctimas de estos atropellos en las instituciones de educación superior. Saludos cordiales

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