por Octavio Spíndola Zago *

¿Qué importancia podría tener el desmantelamiento de las colecciones del Museo Bello del Centro Histórico y diversos conjuntos artísticos de recintos religiosos para integrar el pretensioso y frívolo Museo Internacional Barroco de Puebla? En una primera aproximación podría tacharse de un concepto populista de entretenimiento cultural diseñado por una clase política que sólo puede concebir los espacios museográficos como escenografías para sus presentaciones públicas (como lo señalaron varios académicos en esta nota).

Sin embargo, si insertamos este hecho en el contexto de un gobierno estatal caracterizado por una fiebre museográfica insospechada y lo sumamos a los recientes cambios en la ley orgánica de la Administración Pública Federal para dar cabida a la flamante Secretaría de Cultura, todo apunta a una conclusión: la crisis estructural que estremece al sistema mexicano ha conducido al agonizante régimen a buscar en las políticas culturales una estrategia desesperada para redefinir la agenda identitaria nacional y reconfigurar los ejercicios de recuerdo y olvido. El fin último: legitimarse.

Y es que la crisis de legitimidad estalla cuando un régimen es incapaz de generar discursos sólidamente afianzados en la conciencia histórica e integrar mecanismos institucionales, como políticas públicas, que respondan (al menos en lo retórico) a las problemáticas socioeconómicas. Peña, como corpúsculo de la clase gobernante actual, son incapaces de comprender esto que Salinas entendió particularmente bien al articular a Juárez, a Zapata, a Villa y a Moctezuma, en un “armonioso” collage patriótico enmarcado por el proyecto neoliberal a la mexicana. Imagen surrealista no tan distante, por lo prosaico de su composición, de la de un Putin que se proclama heredero del octubre de 1917 en su programa sociopolítico y de los grandes zares en sus ambiciones geopolíticas.

Museo Internacional del Barroco
Museo Internacional del Barroco (Fuente: www.unionpuebla.mx).

El regreso del PRI a Los Pinos se puede explicar por la corrupción que se ha enquistado transversalmente en la sociedad mexicana (empujada por los mecanismos institucionales pero eventualmente subjetivada como estrategia de supervivencia, como señala María Amparo Casar) y en la cultura política. El sistema mexicano amenaza con resquebrajarse debido a su pobre captación fiscal, a la excesiva burocratización de la administración pública, a la discrecionalidad en el manejo de los recursos, a la impunidad en el aparato judicial, a los cotos feudales en los diversos niveles de gobierno, a la ficcionalidad del estado de derecho y a la escabrosa pigmentocracia que regula las relaciones de poder.

#MisiónCumplida se les vino abajo tan rápido como #YaSuperenlo. Temixco es una continuación de Ayotzinapa, pero con un público diferente: si el segundo fue la evidencia material del grado de putrefacción de todos los brazos del poder político (partidos, pseudoizquierda, fuerzas policiacas y armadas, medios de comunicación, narcotráfico), Temixco es una acción pedagógica dentro de la guerra civil, en palabras de José Paoli, que ha envuelto a los mexicanos desde que Calderón vistió de verde olivo Palacio Nacional.

Peña es un político de escenarios arreglados y controlados, es altamente disciplinado para apegarse sólo a sus apuntadores, asegura Denis Dresser, es hijo del cártel de Atlacomulco; ello nos permite comprender su rutinario proceder, la incapacidad de gestionar los peligros. El Chapo es la telenovela del año, Moreira es un insulto, el dólar se le ha ido de las manos, el barril de petróleo se desploma y no hay visos de mudar el sistema presupuestario mexicano e incentivar nuevos sectores estratégicos ante el aviso de la eventual independencia energética de Estados Unidos. Pero México se está moviendo.

No obstante, como Peña también Macri, Maduro, Santos, Merkel, Rajoy, Obama, Hollande, Mattarella. Todos ellos enfrentan la crisis del estado nacional. Para todos estos casos, por enunciar sólo los más característicos, los discursos legitimadores han caído, la violencia desgarra crudamente el tejido social, la desigualdad y la pobreza son los dividendos de la acumulación desenfrenada, y en todos ellos los grupos de poder se confrontan cada vez más visceralmente: pareciera que nuestra capacidad de diálogo y negociación han muerto.

Qué mejor ejemplo de otra guerra desde la marginación, como el narco en Latinoamérica, que Daesh en medio oriente. La religión se mantiene como uno de los pilares fundamentales para construir nacionalismos y marcar las agendas políticas de los grupos de poder. Aunque Occidente se desgarró al proceder con la secularización de la vida pública, entrando en un proceso dialectico al ser realmente la religión la norma de sus leyes, medio oriente se reconoce francamente islámico.

La región es un hervidero de ánimos por el enfrentamiento visceral entre los ortodoxos suníes (seguidores de la tradición de Fátima) y los chiitas (herederos de Alí). En Siria, Arabia Saudita (líder del bando suní) junto con Estados Unidos, apoya a los rebeldes suníes en su oposición al régimen del presidente Bashar al Asad, mientras Irán (potencia chiita) es, junto con Rusia, el principal aliado del gobierno. En Yemen, Teherán apoya a los rebeldes hutíes, de creencia chiita, que obligaron al presidente Abdrabbuh Mansour Hadi a huir del país en marzo pasado, en tanto Riad lidera la coalición internacional que pretende frenar su avance. A las variables religiosas súmese las económicas (petróleo) e imperialistas (Israel y Turquía como avanzadas de la OTAN y las continuas desestabilizaciones inducidas desde Washington) que resultan en una ecuación fatídica.

La iconoclasia de Daesh como espectáculo performativo de renovación moral y purificación de espacios, recuerda (siempre con sus distancias y matices) a la iconoclasia de Calvino y el protestantismo, al de Cortés y demás conquistadores en América. El cierre de fronteras de la Unión Europea ante la oleada de refugiados tiene un poco del mismo sabor que la militarización de la frontera norteamericana a causa de la marejada de migrantes que huyen de la pobreza e inestabilidad de Latinoamérica. Corsi ricorsi escribía Vico…

Hoy nadie es de aquí, recordando a Cabral, porque el aquí se ha vuelto irreconocible. Y nadie es de allá, porque el allá es inaccesible. El mundo se nos ha vuelto extraño y hostil, cada día parece haber menos esperanzas y más ambiciones. Las fronteras nos van asfixiando, lo “nacional” se antoja ya demasiado vacío. Soñar utopías nos parece un acto inconcebible. ¿Acaso las naciones, los ciudadanos y todo su proyecto moderno serán un vago recuerdo que fenecerá esta centuria?

2 Comments

  1. Estimado Octavio, me parece muy importante y atinado que no se deje de lado el tema del nuevo Museo Internacional del Barroco y sus implicaciones. Me permito sin embargo hacer de tu conocimiento esta nota en la que dos de los firmantes de la carta a la que remites en tu texto ampliamos nuestros respectivos puntos de vista acerca de este asunto y que se publicó en La Jornada de Oriente el 1 de febrero pasado: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2016/02/01/expertos-de-la-unam-el-mib-es-un-museo-aberrante-y-perjudicial-para-el-patrimonio-artistico-de-puebla/. Particularmente mi punto de vista en esa nota es a su vez la ampliación de un comentario que hice en este espacio a Diego Ávila en su colaboración sobre este tema de hace unos meses (“Entre Granada y Dubai: Puebla”, El Presente del Pasado 2.0, 22 de octubre de 2015) y que por desgracia no encontró eco de su parte. Sin dejar de lado la situación general a la que te refieres en tu comentario de hoy, yo agregaría que en esa ampliación me refiero a que este problema no es ni mucho menos nuevo en Puebla, pues ya en su momento el gobernador Manuel Bartlett quiso hacer lo mismo, aunque sin un turbio dispendio como el cometido por Moreno Valle con el mastodonte que hizo construir a Toyo Ito con la participación del Grupo Higa, y que los poblanos estarán pagando durante muchos años por venir. Saludos.

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    1. ¡Muchas gracias por el oportuno comentario Iván! La renovación del Museo Amparo es precisamente uno de los ejemplos de experimentación museística previa con un un sabor bastante parecido al MIB, aunque con sus matices. Esta nota http://cultura.nexos.com.mx/?p=9802 aporta también criticas certeras a lo que investigadores como ustedes en la UNAM o Gali Boadella en la BUAP han señalado.
      Saludos.

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