por Diana Salazar Tapia *

Ya no hay lugar, sino lugares para aprender: César Coll

Hace unos días se celebró el primer coloquio Perspectivas de las humanidades en la educación actual en el Instituto de Investigaciones Filológicas, la Facultad de Filosofía y letras y la Unidad de Posgrado de UNAM. A este coloquio asistieron especialistas nacionales y extranjeros a ofrecer conferencias magistrales y cursos.

Se presentaron dos ponentes que, a pesar de que trataron diferentes asuntos, tenían varias similitudes en su contenido: César Coll y Luis Fernando Cerri. El primero es un gran estudioso de la psicología de la educación, que trabaja en la Universitat de Barcelona (España) y el segundo es historiador de la Universidade Estadual de Ponta Grosa (Brasil). La coincidencia que encontré en sus presentaciones fue una gran preocupación sobre qué aprenden y cómo aprenden los alumnos en la sociedad actual.

En la era del conocimiento y de las nuevas tecnologías, Coll propuso centrarnos en averiguar de dónde viene el conocimiento previo de los alumnos: de sus familias, de los medios de comunicación (cine, radio, televisión), de sus comunidades, de los videojuegos, de sus compañeros, entre otras fuentes. Por consecuencia, el gran reto para la escuela es cómo lograr que ese conocimiento tenga repercusión en la formación ciudadana de los estudiantes.

Coll resaltó el papel de la tecnología móvil en la posesión de conocimientos. Los jóvenes tienen acceso a éste en todo momento, pero no saben identificar toda la información. En ese momento el profesor interviene como guía, para que el alumno lea, analice y discrimine la información que selecciona. Según Coll, “los alumnos tienen que aprender conforme a sus intereses”. Esta premisa es un gran reto para todas las disciplinas, no sólo para la historia; para que este punto tenga razón de ser, el interés del alumno debe contemplarse desde la planeación del temario, cuestión que en las más de las veces obviamos como docentes.

Finalmente, Coll hizo alusión a las pruebas estandarizadas como PISA (y en nuestra circunstancia, ENLACE). No está de acuerdo con los que creen que estas pruebas demuestran el nivel educativo de una cierta institución. Lo que se revela con estas pruebas, más bien, es cómo han aprendido los alumnos en un cierto contexto: “si los contextos son más ricos los resultados son mejores.” Más allá de conocimientos enciclopédicos, estas pruebas dejan ver las historias de aprendizaje de los alumnos.

Olinda atacada por los holandeses (1630). Tomado del Atlas de John Ogilby.
Olinda (Pernambuco) atacada por los holandeses, en 1630. Tomado del Atlas de John Ogilby (1671)

Por otro lado, Luis Fernando Cerri, en un curso sobre “investigación de la consciencia histórica”, expuso un estudio cuantitativo sobre los conocimientos de los alumnos de historia en diversos contextos y niveles educativos. Esta investigación fue realizada en los países que forman del Mercosur. La encuesta se realizó a jóvenes de nivel secundaria y preparatoria. En ella se recabaron datos muy reveladores que tienen que ver con la conciencia histórica de los alumnos.

El estudio de la conciencia histórica tiene que ver con los aprendizajes de los alumnos. La realizaron en las escuelas con los grupos de historia, aunque no se les preguntó datos o fechas; se les preguntó sobre su apreciación de ciertos hechos históricos. El objetivo del cuestionario era “encontrar las partes constituyentes de la conciencia histórica.”

Dependiendo del país se sacaron varias conclusiones que tienen mucho que ver con la forma en la que se aprecia la historia. La mayoría de los jóvenes contempla una historia más llena de derrotas que de victorias. Cerri comentó que muchos habitantes de Brasil dicen que mejor hubieran sido conquistados por naciones como Holanda o Francia y no por Portugal. En México no estamos muy alejados de ese tipo de creencias: muchos piensan que nuestras desgracias provienen ya sea de los españoles, ya de los mexicas.

Este estudio también contempló el futuro, con base en la idea de progreso, ya que es el punto nodal del estudio de la historia en las escuelas. En el futuro, los jóvenes encuestados piensan que la sociedad estará peor, pero que ellos vivirán muy bien. Con esto se deja ver la mentalidad indestructible de los alumnos. Se piensa que esta mentalidad tiene mucho que ver con los mensajes que se transmiten en los medios de comunicación, por ejemplo los discursos políticos y la publicidad de ciertos productos, los cuales generan una idea de bienestar y comodidad en el futuro.

Las dos conferencias hablaron de temas muy particulares que tienen que ver, el primero, con la teoría, y el segundo está más encaminado a la práctica. El cuestionario sobre la consciencia histórica demuestra cómo es que impactan los conocimientos históricos en los alumnos, cómo los hacen suyos y para qué les sirven. Por otro lado, también nos hace reflexionar qué tanto de los objetivos de los actuales currículos se cumplen y qué cuestiones son las que debemos trabajar para cumplir con nuestros objetivos como docentes.

1 Comment

  1. Muy interesante la reflexion de Salazar. Como docente e historiadora me permitiré destacar que la historia que se “estudia” en los niveles de educación básica y media básica poco tiene que ver con los desarrollos historiográficos. Los contenidos son los de una historia patria que describe la evolución progresiva de una etnia nacional homogénea -como si tal cosa fuera una realidad en países como México, Perú, Bolivia, Brasil, en fin, como si incluso fuera una realidad en Italia, España o la misma Francia- La cuestión entonces pasa por las elecciones del profesor para optar por problematizar o no esa historia fabulesca.

    Sobre lo que reflejan pruebas estandarizadas, coincido con el ponente en el sentido de que reflejan “cómo han aprendido los alumnos en un cierto contexto” y añado: exclusivamente el contexto escolar ya que más allá de lo que se supone aprenden en éste, la información y formación que adquieren en otros contextos no es considerada como variable a apreciar.

    Luego está la idea de nivel educativo en el que subyace la misma idea de homogeneidad que en la historia patria ¿somo a caso copias al carbón de adultos que nos precedieron? ¿deben los jóvenes apreciar el mundo y las relaciones de la sociedad con la naturaleza y el conocimiento de la misma forma que se hizo cinco, seis, siete décadas atrás cuando se elaboraron los criterios de contenido a incluir en curriculums de educación básica?

    Atender a los intereses de los jóvenes es una forma ambigua de proponer estar atentos a las necesidades de reflexión pertinentes a la época y en relación al pasado y el futuro. Pero eso claro, implicaría que la labor docente fuera prioritaria y reconocida como tal.

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