por Jorge Domínguez Luna *

El pasado 12 de noviembre, durante el homenaje al ejército mexicano realizado en el Senado, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, informó que el 20 de noviembre no habría desfile cívico-militar para conmemorar el 103 aniversario del inicio de la revolución mexicana. En ese acto, Osorio Chong señaló que el desfile no había sido cancelado debido a que la administración que encabeza Peña Nieto no lo tenía previsto de origen. (Aquí la nota de CNN.)

La decisión llama la atención, no tanto por la importancia que pudiera tener el desfile en la vida pública del país, o no, sino porque, por lo menos en el papel, durante el siglo pasado el PRI hizo de la revolución mexicana y de su tradicional festejo su justificación histórica. (A pesar de que la declaración del encargado de la política interior del país fue tomada por los medios de comunicación como una bomba, ésta no es la primera vez que deja de realizarse el desfile “revolucionario”. En 2006 y 2007, durante las presidencias de Vicente Fox y Felipe Calderón respectivamente, tampoco se realizó el acto.)

El día de ayer, de todas formas, el gobierno federal organizó tres ceremonias que, sin ser oficialmente sustitutas del desfile “tradicional”, de algúna manera tienen relación con el aniversario del inicio de la revolución de 1910.

1. El más tardío fue la entrega de los premios a la trayectoria y a la investigación histórica del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. La premiación fue encabezada por Emilio Chuayffet en el edificio de la Secretaría de Educación Pública de la calle de Brasil.

Los celebrados fueron Margo Glantz, con un premio “a la trayectoria en historia social, cultural y de género”; José Luis Orozco Alcántar, con uno “a la trayectoria en investigación histórica sobre México contemporáneo”; Rodolfo Stavenhagen, con uno “a la trayectoria en el rescate de memorias y testimonios”, y Héctor Jaime Treviño Villarreal, con uno “a la trayectoria en el rescate de fuentes y documentos”. También fueron premiados Juvenal Jaramillo Magaña, por su tesis doctoral de El Colegio de Michoacán, en el área de “independencia de México”; Carlos de Jesús Becerril Hernández, por su tesis de maestría del Instituto Mora, en la correspondiente a la “reforma liberal”, y David Adán Vázquez Valenzuela, por su tesis de maestría del Instituto Mora, en la categoría de “revolución mexicana”. Diego Pulido Esteva, por último, recibió una mención honorífica en la misma categoría de “revolución mexicana” por su tesis doctoral de El Colegio de México.

(Como puede verse, salvo los dos primeros, las categorías premiadas responden a una conceptualización sumamente anticuada de la historia, que parece increible todavía tenga seguidores y partidarios.)

2. A medio día, Enrique Peña Nieto entregó el premio nacional de la juventud a una veintena de adolescentes. Ante ellos, en lo que terminó por ser la evocación más clara de la fiesta cívica, Peña Nieto dijo que la revolución es “el gran legado que debe llevarnos a ser todos motores de la transformación y del cambio que deseamos para México”, pero dijo también, como si se hubiera equivocado de efeméride, que la constitución es “el legado más importante de la gesta revolucionaria de hace más de cien años”. (Aquí está el discurso entero.)

3. Sea como sea, lo más significativo ocurrió en la mañana. La entrega de condecoraciones y ascensos a elementos del ejército, fuerza aérea y armada de México, que iba a realizarse en el campo Marte, terminó celebrándose en el Zócalo… con un desfile militar que no pudo ser presenciado por casi nadie porque el ejército acordonó el perímetro de la plaza, pero que incluyó el despliegue de aviones —lo que ocasionó el cierre repentino del aeropuerto (durante dos horas)— y, sobre todo, una manta contra la llamada reforma energética que decía “No a la privatización del petróleo”. El video es elocuente:

Sin la intención de defender el desfile cívico-militar y todas las actividades que se realizan y han realizado en torno de éste, sería oportuno que las autoridades federales emitieran declaraciones respecto de la creación de las ceremonias destinadas a sustituir una celebración que tuvo su primera aparición en 1917 y que desde 1936, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, tuvo su razón de ser en la declaratoria del día como fiesta nacional.

1 Comment

  1. Sería interesante plantear la resignificación de este acto en el Zócalo: sin gente común y sin acarreados, como un gesto individualizante del México de, para y por EPN. Además, hoy con Aristegui oí una crítica muy cierta: cuando los maestros se plantaron en el aeropuerto, las televisoras los crucificaron, pero si el gobierno de EPN decide cerrarlo al cuarto para la hora para un desfile que no estaba programado, los medios maquillan estas decisiones tomadas al vapor.

    Piénsese que éste es un síntoma más del peñanietismo: sin previo aviso y con engaños… por ejemplo, en su campaña presidencial nunca habló del Pacto por México, ni de las reformas; entra y al vapor (tan al vapor que aprueban una reforma educativa sin conocer el número de escuelas, maestros y alumnos; qué desvergüenza) mueve a México, como lo dice su eslogan.

    Tristes días…

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