Mediocracia y necropolítica

por Israel Vargas Vázquez * 

En la tercera entrega de la entrevista de Pedro Miguel a Julian Assange publicada en La Jornada el pasado 13 de junio, el “prófugo del imperialismo” realizó una afirmación con base en un diagnóstico personal como periodista y líder de Wikileaks. Dijo:

Hay muy poco espacio para movimientos, porque vivimos en una mediocracia: los medios definen el marco en el cual ocurre toda la acción política. Si los medios facilitan que la gente diga una cosa a un grupo y otra a otro, entonces esa es la estrategia más exitosa y eso es lo que la gente hace. Cuando los medios han manufacturado el consenso, cuando meten miedo o bombardean con propaganda, corrompen la percepción de la realidad, y andamos por ahí, en la niebla, sin saber en verdad dónde existimos.

(Aquí la entrevista). No sería una sorpresa para los mexicanos conscientes que el australiano hubiera tomado a México como un ejemplo de mediocracia, pero no, hablaba de los sistemas políticos de primer mundo.

“Los medios corrompen la percepción de la realidad”, dice J. Assange

Este sexenio es la cristalización de una mediocracia, que ha venido luchando detrás de bambalinas para hacerse del poder “sin estar en el poder”. Ahora más que nunca, los medios definen lo que es la realidad para millones de mexicanos, manipulan el discurso y determinan quién es un criminal, un intolerante, un fanático o un sospechoso. Pero también se dedican a difundir ideología ya sea a título personal o representando a un grupo.

Un género preferido por la televisión para adoctrinar es el de la telenovela, que goza de un inmenso, fiel y acrítico público. Cómo no recordar ese fragmento de telenovela donde, en un breve dialogo de un minuto, una personaje se convence de que las inversiones extranjeras son lo mejor para el país (aquí está). Tan influyente es este género que el gobierno ya educa a través de él, como se vio en el caso de la telenovela Aprender a vivir, por la que la SEP pagó en julio del año pasado $15,184,874.00 (aquí el recibo) a producciones Nuevo Sol para trasmitirla en Televisión Educativa, y ya puede ser vista en Youtube.com (como anunció el propio secretario de Educación Pública).

Assange tiene razón: vivimos en un régimen en el que los contenidos que la población absorbe a través de los medios masivos de comunicación fomentan la inacción, la contemplación pacífica de contenidos y el consumismo selectivo (al convencer a los potenciales consumidores a inclinarse por tal producto y no por otro).

El extremo de los efectos negativos del consumo de esos contenidos, suele reflejarse en los niños. En mayo pasado, tres niñas de Ciudad Juárez fingieron un autosecuestro para obtener 25 mil pesos del padre de la presunta plagiada. Ya arrestadas, una de ellas confeso que obtuvo la idea de una serie llamada La rosa de Guadalupe, producida por Televisa (aquí el enlace). No fue gratuito que entre las consignas de las marchas del movimiento #YoSoy132 se escucharan “Fuera Televisa, Fuera Televisa” y una dirigida específicamente a la serie: “Que no / te eduque, La rosa / de Guadalupe.

¿Es la violencia una solución viable para cambiar la condición social de un individuo, una comunidad o de la nación? Pedro Salmerón ha escrito bastante al respecto en sus artículos periodísticos sobre si es posible la lucha armada para cambiar la situación del país y cómo hoy la violencia no es una solución. Sin embargo, los niños y los jóvenes no lo están entendiendo así; viven en una burbuja mediocrática y, si se me permite el término, en la era de la necropolítica, la política de asesinar al enemigo, de la muerte como lógica de dominación. Bajo esta lógica, la muerte adquiere estética, volviéndose una necesidad social accesible y cotidiana, públicamente expuesta en los puestos de periódicos, y que bien se expone en el libro Estética y violencia: Necropolítica, militarización y vidas lloradas, comp. Helena Chávez Mac Gregor (México: Museo Universitario de Arte Contemporáneo, 2012).

 Los niños y los jóvenes comienzan a ver la violencia como una solución, como un juego o como bullying. Ya lo conciben formando parte de sus vidas sin ningún tipo de conflicto ético y moral. Lo pueden adquirir en DVD, ver en la televisión o en internet, es decir, funciona casi como un producto; está ahí siempre disponible para que lo consumas todo lo que quieras. Es terrible ver que hasta lo disfrutan. El claro ejemplo es un video recién publicado donde niños varones juegan al interrogatorio, juego que filman con cámara de celular. Quien hace de víctima es golpeado cuando no contesta bien y al final le cortan el cuello como parte del juego (aquí está el video).

¿Qué hacemos los profesores de historia frente a esto? ¿Cuestionamos en clase el poder de los medios? ¿Les hacemos discutir a los alumnos acerca de la naturaleza de  la violencia en distintos contextos? ¿Qué les enseñamos cuando hablamos de guerras, guerrillas, terrorismo y revoluciones? La asignatura de historia debe servir para advertir que la violencia tiene implicaciones éticas y morales que nos incluyen a todos, que la maldad no sólo la representan los nazis, que acabar con una vida humana no es el objetivo de la humanidad, que lo que parece cotidiano debe ser cuestionado y que, en ultimo término, la violencia no es un juego ni una solución. Morir por una causa, cualquiera que sea, debe ser tema de nuestras clases y debe ser discutida con y por los alumnos, con ejemplos históricos, con todo lo que sea posible. Ése sería un indicador del tránsito de una educación informativa a una valiosamente formativa.

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