por Marco Ornelas *

Con frecuencia se escucha decir entre católicos que la iglesia luterana es “muy parecida” a la católica, que la misa luterana se parece a la latina; es más, que “hasta tienen una misa en latín”. Cierto es que la misa latina fue aceptada por Martín Lutero como un formato para la celebración del ritual eucarístico. Lo que muchos olvidan es que este formato latino de la misa (formula missae de 1523) está desprovisto de los elementos que Lutero consideró perniciosos en su celebración: el ofertorio, la oración secreta, el canon, las intercesiones y la consagración que, si bien no desaparece, se realiza en una forma y con un entendimiento muy distinto al romano.

El símbolo luterano
El símbolo luterano

También se olvidan decir que, aparte de este formato, Lutero promovió activamente una misa en idioma vernáculo (la misa alemana de 1526) que incluía música en alemán y, más importante aún, que favorecía fuertemente una tercera forma, sencilla y sin grandes pretensiones, que debía celebrarse sin alharaca en casas particulares y entre cristianos que quisieran confesar el evangelio de palabra y obra. En Los artículos de Esmalcalda (1537-1538), considerados como su testamento teológico por haber sido escritos cuando Lutero estaba ya enfermo y debilitado, el reformador sajón dice la última palabra al respecto:

Debe considerarse la misa como la mayor y la más terrible abominación del papado; porque va derecha y evidentemente contra el principal artículo anterior [la salvación por la fe en Cristo], y porque hay que verla, antes que nada y sobre todo lo demás, como la más sublime y hermosa de las idolatrías papistas. Se afirma que la tal misa con su sacrificio y su obra, y aunque se celebre por un malvado, ayuda a quitar los pecados de los hombres en esta vida y, después de ella, en el purgatorio, cosa que, como hemos dicho antes, sólo puede hacer el cordero de Dios… ¿Por qué vamos entonces a angustiar al mundo y a forzarle a causa de una cosa inventada e innecesaria, cuando podemos gozar del sacramento por medio de otra forma buena y razonable? Que se predique públicamente a la gente que la misa, como institución humana, se puede abandonar y que nadie será condenado por no darle importancia, sino que, por el contrario, sin la misa se puede salvar uno perfecta y más convenientemente […] [Obras (Salamanca: Sígueme, 2001), 337-338].

En la discusión, no puede dejar de aceptarse que entre la amplia gama de iglesias protestantes surgidas de la reforma (luteranos, zwinglianos, calvinistas, anabaptistas), los luteranos se ubicaron a la derecha, esto es, en la posición más cercana a Roma. Pero de ahí a querer minimizar las importantes diferencias teológicas que separan a los luteranos de la ortodoxia romana hay un trecho insalvable. No debemos olvidar (sobre todo quienes provenimos de una tradición cultural católica) que, en palabras de Wilhelm  Pauck,

La característica común de todos los protestantes es que no son católicos romanos. Esta característica negativa que todos ellos comparten no garantiza su unidad, mas los cohesiona porque todos presuponen la destrucción en principio de la civilización eclesiástica unificada de la edad media en tanto fundada en la supremacía de la institución jerárquico-sacramental de la iglesia papal de salvación. El protestantismo es entonces la forma del cristianismo que expresa su vida en el terreno de una civilización que se ha emancipado a sí misma de la autoridad de la iglesia católica romana [“The Nature of Protestantism”, en Church History 6: 1 (marzo 1937): 5].

Vistas de cerca, las diferencias entre católicos y luteranos se ensanchan. En ayuda de esta apreciación puede recurrirse a la nota periodística que informa de la reciente designación del primer obispo luterano abiertamente gay en los Estados Unidos (aquí la nota). Su nombre es Guy Erwin, quien además pasó a ser el primer Native American en formar parte del cuerpo episcopal de la Iglesia Luterana Evangélica de Estados Unidos (ELCA, por sus siglas en inglés). Desde 2009, la ELCA permite que hombres y mujeres, sin importar su orientación sexual, se conviertan en ministros. ¿Guarda esto una semejanza siquiera lejana con las posturas del catolicismo? Convendría no olvidar que, como mexicanos, somos hijos de la contrarreforma.

1 Comment

  1. Interesante artículo, efectivamente la contrarreforma marca la evangelización en América. Ignoraba esta apertura de la Iglesia Luterana, me parece que es un gran logro de éste culto en particular.

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