por Rafael Guevara Fefer *

La nostalgia se presentó en casa por el día de muertos. Vino acompañada de la pulsión de ir a Chapultepec a buscar en el Museo Nacional de Antropología, algunas ofrendas. En la entrada del museo, justo en el patio central, había un artilugio museográfico que nos introducía a una atmósfera que recreaba cómo se vive el día que los muertos vienen y lo importante que resulta para la vida de alguna comunidad que habita en algún bosque tropical perenifolio de Tabasco.

Salir del museo no fue fácil, pues su magnetismo es tan poderoso que los pasos nos encaminaron al lado contrario de la salida. Y después de unos minutos de ver sin mirar una exposición temporal, encontré un personaje sobresaliente dentro de una supuesta novedosa narrativa museográfica: el mamut sitiado por nuestros ancestros. Éste es un viejo conocido para miles y miles de escolapios que por obligación o por paseo han recorrido la primera sala de nuestro emblemático museo.

Ver, mirar, contemplar y observar una vistosa, plástica y dramática recreación de nuestros tatata…rabuelitos usando la tecnología para dominar a la naturaleza y conseguir carne: emociona al punto de recordar aquel comercial que cantaba  “para ese apetito feroz: ma-mut, ma-mut, ma-mut”. Parafraseando a Borges, qué historia está detrás de la historia que cuenta la escena de ese gran mamífero extinto. Una o más bien varias. Por ejemplo, la que llevó a renovar la sala en la que se encuentra, la cual inicia con un breve vídeo que sirve de introducción a la antropología. Éste dejaba ver a Charles Darwin como un hombre que arrancó a los dioses el monopolio de las explicaciones sobre la vida y se convirtió en el demiurgo de la explicación que monopoliza las preguntas y las respuestas sobre la vida, incluida la humana, y su trayectoria en el planeta.

Fantasías teatralizadas. (Foto: Javier Doren.)
Fantasías teatralizadas. (Foto: Javier Doren.)

Otra historia que puede explicar cómo una escena poco frecuente —u ocasional, como dice la cédula grabada en el cristal que protege la escena de marras— en el tiempo profundo de la prehistoria de nuestro territorio, es la historia de la prehistoria en México. Dicho campo científico contaba con pocas fuentes, aunque algunas eran tan espectaculares como la megafauna. Así que a falta de pan, tortillas. Dicho de otro modo, ante la falta de rastros humanos físicos y culturales espectaculares para divulgar la investigación prehistórica, mamutes.

Pero detrás de la espectacular cacería del mamut y de las maquetas que completan aquella teatralidad arcaica, también está el presente con sus diversas ideologías, prejuicios, filias, fobias y urgencias. Hay en la evocación del lejano, lejanísimo mundo en que nuestra especie convivía con la extinta megafauna, machismo y una poderosa fe en la tecnología, representada por esa lanzas con filosas puntas de piedra. Asimismo se expresa nuestra sempiterna voluntad por el consumo de carne, que hoy nos tiene como unos devoradores planetarios.

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