Historia narrada en imágenes

por Guadalupe Tolosa *

Para los estudiosos de las diferentes disciplinas, las imágenes han sido un material útil como apoyo a sus temas de análisis. Conforman una fuente documental del pasado, como las escritas y las orales, para el campo de la investigación histórica e interdisciplinaria, que ha dejado de ser exclusiva de la historia del arte. Es así como Hans Belting, uno de los expertos en la materia, distingue una historia de la imagen de la historia del arte. Considera que la imagen, en general, siempre ha sido y es un documento o testimonio historiográfico que ofrece una rica información del tiempo en el que surge, pues a través de ella, entre otras, se puede hacer propaganda y difundir un discurso acoplado a intereses particulares.

Imagen de un historiador de la imagen

Imagen de un historiador de la imagen

En este sentido me parece que habría que explorar en profundidad el papel de las imágenes como vehículos que conviven al mismo tiempo entre lo político y lo cultural (que incluye lo artístico). Ambas opciones son complementarias. Su observación conjunta resalta la variada escala de posibilidades de la imagen como documento histórico, que otorga al imaginario un contexto determinado. De tal manera que el estudioso se ve obligado, entonces, a estudiarla desde su compleja diversidad de formas y significados.

El uso de la imagen como fuente documental, que no como mera ilustración, podría ser el fundamento de la narración histórica de hechos concretos, ya que permite compartir experiencias y conocimientos culturales específicos que, de acuerdo con su fin comunicativo, posibilita a través de su análisis la decodificación de los mensajes que transmite. En consecuencia, la interpretación del poder del discurso visual deberá basarse en el conocimiento de códigos histórico-político-culturales de su entorno.

No obstante, la multitud de lecturas de la imagen puede considerarse un procedimiento insuficiente como documento fiable, puesto que se trata de una subjetiva postura personal del “ojo que ve” una realidad determinada dependiendo del tiempo histórico captado. Sin embargo, la imagen como fuente documental, tan eficaz como las escritas u orales, representa una sociedad cuyo conocimiento es el objetivo último de la historia. El propósito de hacer de los recursos visuales huellas del pasado en el presente, constituye una versátil propuesta metodológica didáctica para el estudio y la enseñanza de la historia en distintos periodos, sobre todo si consideramos que difícilmente se ha aceptado cambiarle a la imagen su sentido de acompañante del texto.

Hasta aquí todo parece indicar que el uso de la historiografía visual puede derivar en una quimérica narración de la historia social de las imágenes, con el propósito de hacer de éstas no un mero testimonio aislado sino parte de la sociedad en la que surge y, por tanto, un documento expresivo que resulte en un óptimo conocimiento de la historia. Peter Burke plantea, en este sentido, la necesidad de hacer una historia culturo-social de las imágenes, ya que considera la cultura como el marco superior de la sociedad. El mundo de los historiadores (así como el de estudiosos de otras disciplinas) generalmente se ha servido del poder del discurso visual para complementar su discurso verbal. De ahí nace la necesidad de reflexionar acerca de lo eficaz que puede resultar la narración de la historia por medio del contenido de las imágenes en sí mismas.

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