por Luis Sandoval Salazar *

El pasado lunes por la noche se llevó a cabo el tercer y último debate presidencial en los Estados Unidos. Algunos de estos debates son estudiados meticulosamente por historiadores y politólogos (complementando y traslapando sus conocimientos) dado el enorme peso que han tenido en las contiendas electorales. Es muy probable que la mayoría de los analistas y consejeros políticos, tanto republicanos como demócratas, hayan visto el debate entre Kennedy y Nixon (“vencedor” del “debate de cocina” contra Kruschev en 1959) durante la campaña presidencial de 1960, y es casi seguro que David Axelrod, el cerebro de la campaña de Barack Obama, lo haya estudiado. Los debates y las campañas políticas son sin duda un tema de estudio, pero estos suelen carecer de un contenido serio o de una perspectiva formal.

El desliz de Mitt Romney durante el último debate, al tratar de comparar los efectivos de la flota de guerra estadounidense de 1916 (tan recordada en Veracruz) con los de la U.S. Navy  de hoy en día, pone en evidencia su falta de cualquier clase de perspectiva histórica, ¡en una discusión que giraba en torno a la geopolítica! Por ello se comentó tanto que el presidente Obama respondiera con una sonrisa que el ejército estadounidense también tenía menos bayonetas y caballos en 2012.

De la armada estadounidense, ca. 1918.
De la armada estadounidense, ca. 1918.

¿Qué importa que Romney sepa que a Pakistán lo domina la dirección del Inter-Service Intelligence si probablemente desconoce quién fue Muhhamad Ali Jinnah o cuál ha sido el peso de la familia Buttho en la política interna pakistaní? Por su parte, Barack Obama (sin duda un gran académico de derecho constitucional pero no de historia), repitiendo sin cesar el compromiso de su gobierno con la seguridad del estado de Israel (a pesar de sus fricciones con Benjamín Netanyahu), sin evocar una sola causa estructural y por lo tanto histórica del conflicto en Medio Oriente, ¿acaso estaba consciente que la Unión Soviética fue el primer país en reconocer a Israel (por su orientación socialista)?

Adelai Stevenson II, quizás el último gran intelectual del Partido Demócrata, perdió las elecciones de 1952 y 1956 frente a Dwight D. Eisenhower, hombre de pocas letras pero héroe de guerra, lo cual pone en evidencia que el debate de las ideas, donde la historia juega un papel determinante, casi siempre es opacado por una retórica vacua y escandalosa (tan utilizada por los comités de acción política, ya sean demócratas o republicanos).

La historia queda relegada a un mero fact checking por parte de los medios de comunicación y de sus analistas (desde Politico hasta Bill O´Reilly) siempre tratando de influir en ese fetiche que son las encuestas. Es probable que un joven elector que vaya a votar por primera vez esté mucho más al corriente de las encuestas de Nielsen o Gallup (los más ilustrados son aquellos que habrán visto una hora de C-Span) que de la relación que guarda el proyecto de la “gran sociedad” del presidente Lyndon Johnson con el actual y controvertido Obamacare. Pareciera que la historia en los debates políticos estadounidenses se ha reducido a caballos y bayonetas.

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