Las UCAs del consultor Guajardo

Alejandro Herrera Dublán

En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad.
Andrés Manuel López Obrador, discurso en la entrega de su constancia como presidente electo

Andrés Manuel López Obrador y Esteban Moctezuma Barragán han afirmado de manera incesante que la reforma educativa es preponderantemente una reforma de carácter laboral. Si esa postura resultaba plausible como parte de la estrategia electoral del candidato, en el actual periodo de transición, que enmarca el inicio del ciclo escolar en que se aplica la primera fase del “nuevo modelo educativo” y en vísperas de la consulta por un Acuerdo Nacional sobre la Educación, la reiteración al respecto del presidente electo y de quien está propuesto como Secretario de Educación Pública es cuando menos preocupante.

Centremos nuestra atención en tres aspectos que, por ignorancia o de manera deliberada, son ocultados cada vez que se anuncia que la reforma educativa será derogada en cuanto atenta contra los derechos laborales de los maestros. El primero es tan explícito que su negación levanta suspicacias: ésta sí cuenta con una propuesta pedagógica, llamada “Nuevo modelo educativo”, por la cual se modifica sustancialmente, y para mal, la educación que imparte el estado. El segundo, que esta reforma sigue la línea trazada por entidades financieras internacionales desde que el propio Moctezuma fuera subsecretario de Educación en el gobierno de Salinas. Y, por último, justo como producto de la federalización educativa instrumentada por Moctezuma, que la escuela pública queda a merced del mercado a través de la llamada “autonomía curricular”.

En conjunto. los tres aspectos atentan contra el derecho de los estudiantes del nivel básico a recibir educación gratuita y de calidad y a los de toda la sociedad al desarticular la defensa ideológica de nuestra independencia económica y política que debería fortalecerse en la escuela pública, como aún reza el artículo tercero constitucional. Tal perspectiva puede vislumbrarse en nuestro caso desde la experiencia docente cuando se mira con cierto detenimiento una parte del nuevo currículo para historia impuesto con la reforma educativa: las “unidades de construcción del aprendizaje” que constituyen, a nuestro modo de ver, el ingreso de la asignatura al modelo de aprendizaje por proyectos que, habiendo sido instaurado en prácticamente todas las demás asignaturas desde 2006, ha fracasado estrepitosamente en sus propósitos, como lo muestran las propias evaluaciones oficiales sobre los aprendizajes.

Sin desestimar a las víctimas de la implementación de la reforma tanto de la sociedad civil como del magisterio —particularmente las de Nochistlán—, habría que ser categóricos en reconocer que los más afectados han sido los estudiantes y no a los maestros, porque los primeros no pueden eludir la implantación del “nuevo modelo educativo” y su gran número no se limita a quienes comenzarán a padecerla este ciclo, sino, como aspiran sus promotores, habrá de extenderse a los que se integren a la educación básica en los próximos doce años —periodo propuesto en la propia reforma “para permitir su correcta incorporación a las aulas”. (Ésta y las siguientes citas de la reforma educativa de 2013 proceden del documento Aprendizajes clave para la educación integral: Plan y programas de estudio para la educación básica [México: Secretaría de Educación Pública, 2017). De aquí que resulte escandalosa la consulta convocada por el “equipo de transición en materia educativa”, puesto que únicamente se propone “escuchar la voz y experiencia de los actores vinculados con la educación” con miras a establecer un inescrutable “Acuerdo Nacional para una Educación con Equidad y Calidad para el Bienestar de Todos los Mexicanos” y considera, una vez más y antes que reducir el daño académico a que estarán expuestos niños y adolescentes bajo el nuevo modelo educativo, que “la sociedad está llamada a reivindicar al magisterio” —véase aquí la convocatoria.

Durante el tercer debate presidencial, López Obrador se mostró antisistémico como pocas veces. Dijo: “Yo estoy en contra de la mal llamada reforma educativa por que es una receta del Fondo Monetario Internacional.” Poco antes, en ese mismo foro, incluso había dicho que la reforma educativa “tiene una orientación neoliberal, privatizadora… recoge lo que nos recomiendan desde el extranjero”. Sin embargo, desde el 24 de enero de 2017, el entonces candidato ya había incorporado a su equipo a Esteban Moctezuma Barragán y el 14 de diciembre del mismo año, lo había propuesto como Secretario de Educación. Llamado Esteban M. Guajardo, por el subcomandante Galeano, entonces Marcos, tras la traición al EZLN de febrero de 1995 (aquí una remembranza recuperada por Adolfo Gilly), el hasta hace muy poco flamante directivo de la Fundación Azteca, de Ricardo Salinas Pliego, participó en la reforma educativa del salinato, como subsecretario de Educación, bajo las órdenes del “genocida invisible” Ernesto Zedillo. La relación de aquella reforma con la del gobierno de Peña Nieto respecto al denostado enfoque pedagógico competencial impulsado por la OCDE se explicita en el texto mismo de esta última: “desde la reforma curricular de la educación primaria y secundaria, del año 1993, los planes y programas de estudio han buscado que los alumnos desarrollen competencias para el estudio, para la vida y para continuar aprendiendo fuera de la escuela”. (Manuel Barlett, predecesor de Zedillo en la SEP, dijo en entrevista con Carmen Aristegui: “Zedillo […] que tenía que estar ahí [en la SEP] porque había aprendido mucho de educación, inmediatamente después de mi salida se asocia a la OCDE. Era el único espacio que le faltaba [al gobierno de Salinas] para la mundialización y para la neoliberalización: la secretaría de educación.”)

Jesús Moctezuma Barragán, emboscador de rebeldes. (Foto: El Economista.)

Amén de las competencias, una meta cumbre de las recomendaciones del FMI, el Banco Mundial y la OCDE es la apertura al mercado de los servicios educativos. La reforma de 2016 ha dado un gran paso hacia tal fin a través de la supuesta autonomía otorgada a las escuelas y sintetizada por Aurelio Nuño con el eslogan “La escuela al centro”. Dicha autonomía puede entenderse como el fin último de las políticas de descentralización o federalización educativa desde la perspectiva neoliberal, cuya génesis en el caso mexicano no es atribuible a Nuño, sino a Moctezuma Barragán: Se desarticula el sistema educativo nacional para dejar en el desamparo a cada una de las escuelas públicas del país, de modo que éstas tengan que comprar los vastísimos insumos que la educación requiere al mejor —o más voraz— postor: “Al ganar autonomía, las escuelas pueden acercarse a organizaciones públicas y privadas especializadas en temas educativos para encontrar aliados en su búsqueda por subsanar rezagos y alcanzar más ágilmente sus metas. El tercer componente [el de la autonomía] curricular abrirá a la escuela vías para ampliar y fortalecer estos acuerdos, los cuales permitirán aumentar el capital social y cultural de los miembros de la comunidad escolar.”

Es indudable que hay organizaciones públicas y privadas con prestigio dentro del ámbito educativo que desean de buena fe y sin ánimo de lucro atender las necesidades planteadas por la autonomía escolar. Pero frente a ellas, o por encima de ellas, hay otras que con intenciones retorcidas defienden la propuesta pedagógica de la reforma y seguramente estarían contentas si sólo se deroga la parte punitiva de la evaluación al magisterio porque con el “nuevo modelo educativo”

“Paulatinamente deberá ampliarse el número de escuelas públicas y supervisiones que reciben recursos de diversos programas federales, estatales y municipales para ejercerlos en el ámbito de su autonomía de gestión escolar y curricular e invertirlos en la compra o producción de materiales, actividades de capacitación, equipamientos, mantenimiento u otras acciones que optimizan las condiciones de operación de las escuelas y que redundan en la mejora de los aprendizajes de los alumnos.”

Recientemente, gracias a un reportaje de Carmen García Bermejo titulado “La falsa filantropía de Salinas Pliego”, nos hemos enterado de cómo pueden desviarse enormes cantidades de recursos públicos hacia un proyecto educativo privado (las “orquestas esperanza azteca”), de manera que éste origine beneficios a su promotor mientras los programas públicos equiparables quedan en el abandono porque el dinero que les correspondía se dirige a las arcas de quien fue redimido, en mayo de este año, por el presidente electo en los siguientes términos: “No todo el que tiene es malvado, sólo estoy en contra de la riqueza mal habida. El director de esta fundación [Ricardo Salinas Pliego] tiene dinero, pero tiene dimensión social”.

El dinero que sostiene a las orquestas de Salinas Pliego no es de él, sino en su mayoría público, y hasta el 9 de julio de este año, estuvo administrado por Moctezuma Barragán como presidente de Fundación Azteca. El próximo secretario de educación reconoció en un entrevista con Ciro Gómez Leyva un subsidio de 1 130 millones de pesos en el periodo de 2011 a 2018, lamentando —como si fuera el encargado de un ente público— que “a nosotros [a él y a Fundación Azteca] nos han reducido alrededor del 60 por ciento del presupuesto” y rechazando airadamente que a la cuenta de 1 130 millones se le añadieran 266 millones aportados por la federación y el gobierno estatal para la remodelación de un monumento histórico de la nación. (La fábrica La Constancia Mexicana, ubicada en Puebla, estado al que pretende trasladar las oficinas centrales de la SEP, se convirtió a la postre, por obra y gracia de Rafael Moreno Valle, en la sede nacional de las orquestas Esperanza Azteca).

Moctezuma Barragán afirma que es más pertinente enseñarles pedagogía a los jóvenes deportados de Estados Unidos y ponerlos después a dar clases de inglés, que enseñar el idioma a los normalistas para dar esas mismas clases porque tienen una edad que los desacredita para aprender esa lengua. También asegura, escandalizado, que en el 70 por ciento de las escuelas mexicanas los maestros usamos como método de enseñanza el dictado. Compartiendo idéntico principio de la reforma educativa de Peña Nieto y sus antecesoras, gusta de inspirarse en “lo que pasa con la educación en el mundo más-más desarrollado, que tiene los mejores índices de educación” para extraer prácticas pedagógicas y proyectarlas sin matices a la realidad mexicana. “Por ejemplo: lo presencial cada vez es menor. El número de horas que está en un salón una persona es menor y la investigación personal o de grupo es cada vez mayor.” (Las citas anteriores se extrajeron de la entrevista que Moctezuma Barragán concedió a Adela Micha.)

Éste es un principio cuestionable que, sin embargo, subyace en “la propuesta didáctica central” del “nuevo modelo educativo” para la asignatura de historia: las UCA o “unidades de construcción del aprendizaje”, que están planteadas para desarrollarse fuera de la escuela como “un ejercicio de investigación individual y colectiva que los estudiantes deben desarrollar de manera sostenida, a lo largo de 10 a 12 semanas del curso o incluso más”, mientras que en el aula se sigue estudiando una adelgazada y polémica versión de la historia oficial (Aprendizajes clave para la educación integral. Historia. Educación Secundaria. Plan y programas de estudio, orientaciones didácticas y sugerencias de evaluación [México: Secretaría de Educación Pública, 2017], p 165.)

El resultado que el “nuevo modelo educativo” espera de esta didáctica se parece en lo infundado y delirante a las opiniones de Moctezuma sobre la enseñanza del inglés: “Los estudiantes tendrán entonces una participación más activa en su aprendizaje, construirán su propio conocimiento, mejorarán sus habilidades lectoras y de análisis, y estarán aprendiendo a aprender con autonomía, desarrollando sus propias habilidades con base en sus intereses.” ¡Con alumnos así, cualquiera puede ser maestro de historia!

No se pone en duda que el ejercicio de investigación histórica —siempre y cuando parta de un interés genuinamente propio del estudiante— pueda convertirse en una buena estrategia de aprendizaje. Se cuestiona la insultante omisión de la emergencia nacional que generada por los altos índices de violencia impide considerar al alcance de cualquier niño o adolescente las “visitas a museos, sitios históricos, recorridos por la localidad” considerados en el programa de estudios como constituyentes de las UCA. Se rechaza la responsabilidad de remitirlos sin más al “internet, bases de datos en línea y videos” en busca de “fuentes históricas, tales como documentos escritos, entrevistas, fotografías, mapas, objetos antiguos, pinturas e imágenes” porque sin la supervisión directa del maestro (medida que es parte de las recomendaciones del Consejo Ciudadano de Seguridad ante el aumento de casos de sexting en primarias del que se da cuenta aquí, y ante la evidencia de los riesgos que entraña la carencia de lineamientos para el uso adecuado de los medios digitales entre la comunidad escolar, como se dice en esta nota, se pone en riesgo la seguridad y la integridad de los alumnos.

Los resultados de la prueba PISA, citados en Aprendizajes clave…, indican que el 41.7 por ciento de la población evaluada está por debajo del nivel mínimo de competencia en lectura. De la misma manera, los resultados de PLANEA 2015 revelan que el 46 por ciento cuenta con un dominio apenas indispensable de los aprendizajes clave en lenguaje y comunicación. Denunciamos que bajo estas carencias que afectan profunda e irreparablemente el estudio de la historia, es deleznable suponer que por sí mismo, fuera de la escuela y sin la supervisión directa del maestro “el trabajo con fuentes históricas y el ejercicio de indagación, reflexión y análisis serán, sin duda, elementos muy importantes con los que la asignatura de historia podrá aportar mucho para la formación de los estudiantes.”

Otras innovaciones y adecuaciones a la enseñanza de la historia están presentes en el “nuevo modelo educativo”. Algunas, como las propias UCA, pueden replantearse y aplicarse para bien de los alumnos. Otras deberían desecharse. El cómo ha de hacerse queda por ahora bajo la responsabilidad de cada maestro y entre los límites que le impone el contexto en que desempeña su labor. La postulación de Esteban Moctezuma Barragán como próximo secretario de Educación hace difícil de creer que el nuevo gobierno desea mejorar la educación pública, incrementando así el hartazgo al que aludía López Obrador en su discurso como presidente electo. Pero eso es bueno porque nos confirma que el cambio no puede ni debe venir de arriba, sino de abajo y a la izquierda.

2 comentarios

  1. Con todo respeto, pero la interpretación que usted hace de la UCA está totalmente equivocada, considero que si usted quiere opinar, primero debe informarse bien. Es preocupante leer opiniones como la de usted que mal informan.

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    • Estoy de acuerdo, soy profesora de secundaria y las UCAs son una gran oportunidad para potenciar el espíritu investigador en los alumnos y al leer el texto de “las UCAs del consultor Guajardo” se ve reflejada la ignorancia de la persona que lo escribe y el miedo irracional, “no salgan a museos porque hay delincuencia”, “no entren a internet porque es malo”

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