Ciudad en retroceso

por Benjamín Díaz Salazar

El proceso electoral de la ciudad de México ha pasado un tanto en la sombra a causa de los debates presidenciales, las salidas de la carrera y las campañas llenas de lodo y desesperación. La capital es ahora el centro de un proceso electoral crucial para los próximos años y poco hemos mirado, a una quincena de la elección, la pérdida de la alternancia.

Existen dos niveles posibles de análisis: aquél en el que vemos la batalla por la jefatura de gobierno, y otro en el que las alcaldías de la ciudad se encuentran en rebatinga. Vemos furor por gobernar una capital con nueva constitución, lo que llevó a presentar a un numero mayor de candidatos por las coaliciones, los partidos sin alianzas en lo aparente y las candidaturas independientes.

Desde antes, iniciadas las campañas, las encuestas colocaron a Claudia Sheinbaum como puntera en la elección por la capital, fenómeno que se vaticinó ligeramente con los resultados de las elecciones de hace tres años, en donde Morena estableció su dominio. Sin embargo, el segundo y tercer lugar lo debatieron por un largo periodo la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano, encabezada por Alejandra Barrales, y el PRI por la libre, con Mikel Arriola. Con los otros candidatos, con un porcentaje aproximado del 1 por ciento de apoyo y con campañas ausentes o fundadas en errores ortográficos, habrá que celebrar que el lugar en el campo político que lograron fue el de figurar en una boleta electoral, no más.

La pérdida de credibilidad de la coalición “Por México al frente” y de su candidata Alejandra Barrales provocó su caída al tercer lugar en las encuestas más recientes, impulsando a Mikel Arriola al segundo. El fenómeno resulta un tanto más complicado, pues mientras vemos cómo se cobra factura al PRD por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, vemos también posicionarse en las preferencias de los capitalinos al partido que pensamos completamente abatido en la ciudad de México: el PRI.

Https://elpresentedelpasado.files.wordpress.com/2018/06/mikel-arriola.jpg”> El candidato del PRI al gobierno de la ciudad de México. (Foto: Germán Canseco, Proceso.)

[/caption]El aumento en las preferencias de los mexiqueños a favor del candidato priista no es más que un claro indicio de la pérdida de la alternancia en la capital. Pues si bien hasta hace tres años vimos profundas amenazas del PRD y el PAN por aliarse, los mantuvimos como claros opositores y, para bien o para mal, abanderados de posicionamientos ideológicos de los capitalinos. Las masas perredistas actuaron y se atacó en las diferentes delegaciones a los candidatos de Morena y del PAN, situación que les garantizó mantener algunos gobiernos. En el caso del PAN, fue predecible el mantenimiento de demarcaciones de tradición panista y la recuperación de algunas otras; en tanto, el PRI mantuvo sus terruños con ciertas victorias.

Para la elección de 2018 la alternancia que representó para algunos el PRD y el PAN se difumina en manos de sus acciones, dejando el camino libre al tricolor que avanza de forma importante en las preferencias de los votantes. Lo cierto es que la credibilidad y posible permanencia de los azules y los amarillos es muestra del hartazgo por las figuras nacionales, encarnados en Ricardo Anaya, y locales, como Alejandra Barrales, quienes sin importarles los procesos y la poca democracia interna de sus partidos se hicieron de las candidaturas a resolver el próximo primero de julio.

El aumento del PRI en la ciudad de México preocupa más debido a las ideas que Arriola enarbola y propaga, las de una capital que creíamos lejos. Es el garante de un retroceso en el lugar de avanzada que ocupó la ciudad, al menos hasta hace unos años, como punto de referencia de los debates en derechos humanos y garantías. El eclipse de la capital durante el Mancerinato abonó a un cambio de ideas, pero declaro que me asusta pensar en una ciudad que sigue al candidato que pregona la intolerancia, la homofobia y la regresión en los derechos obtenidos por las mujeres y los hombres en la capital.

Y aunque me asusta pensar en este aumento de los simpatizantes del tricolor, las candidaturas a las alcaldías en la ciudad de México ayudan a explicar un poco esta ausencia de alternancia y las dudas. Hablaré en este punto sólo de algunas demarcaciones que se disputan el gobierno de las nuevas alcaldías, pues para desenmarañar la redes sociales y favores políticos de cada uno de los candidatos habría que preparar un texto más amplio.

Aunque la candidata por la jefatura de la ciudad de México mantiene una clara ventaja y, a mi parecer, un soporte sólido en términos de credibilidad, no es el caso la de algunos de los candidatos por las alcaldías. Por ejemplo, durante mucho tiempo circularon en redes sociales los acalorados debates y arengas sostenidas por Layda Sansores en las cámaras, y ahora nos topamos, en el marco de su candidatura a la alcaldía de Álvaro Obregón, con un escándalo sobre gastos y cargos al erario público. Más allá de señalar la veracidad de la acusación, las explicaciones de la candidata no han resultado satisfactorias para más de uno de sus simpatizantes.

Por Morena habrá que mencionar un par de casos más. De 2009 a 2012, luego del conocido escándalo de Juanito en el gobierno de Iztapalapa, gobernó Clara Marina Brugada Molina. Su gestión se caracterizó por su nulo color. El gobierno de Brugada resultó una pifia, pues muchos que en su momento la apoyamos nos quedamos esperando su actuar. En 2015, luego de soltar tres años la demarcación, buscó de nuevo hacerse de ella y una vez más para 2018 la anhela. Con una imagen diferente, Brugada busca convencernos a los iztapalapenses de que ahora sí va a actuar. Un caso similar es el de Víctor Hugo Romo, delegado de la Miguel Hidalgo por el PRD en el trienio de 2012 a 2015, cuyo mérito fue arrebatarle al PAN una demarcación, para devolvérsela al finalizar su periodo, envuelto en escándalos. Como cereza al pastel, hay que mencionar a Armando Quintero, al ahora candidato por Morena, quien luego de gobernar Iztacalco de 2003 a 2006 busca regresar a su terruño y enfrentarse al bloque familiar en la demarcación.

Para los candidatos del PAN-PRD-Movimiento Ciudadano la cosa no es muy distinta. Por Iztacalco tenemos la candidatura de Elizabeth Mateos, quien gobernó la demarcación de 2012 a 2015, para dejarla en manos de su marido, Carlos Estrada, y que busca recuperarla tres años más tarde. Por Iztapalapa, la candidata es Karen Quiroga Anguiano, quien además de una carrera política breve, iniciada en 2012, se caracteriza por ser la sobrina de la delegada de la misma demarcación, Dione Anguiano. Por la alcaldía de Gustavo A. Madero tenemos la aspiración del regreso de Nora Arias, quien gobernó de 2012 a 2015, como sucesora de su marido, Víctor Hugo Lobo, quien dirigió la demarcación de 2009 a 2012 y, luego del interregno de su esposa, volvió para administrar las arcas de la GAM de 2015 a 2018.

Con este escenario de brincos, chaquetas, familias y reelecciones entiendo un poco el aumento de la preferencia del tricolor, pues más allá de posicionar a una capital de avanzada, los gobiernos de las delegaciones y algunos en las jefaturas de gobierno han desdibujado a la izquierda y con ello a una verdadera alternativa electoral para la ciudad de México. Hago un llamado al partido puntero para poner atención en quienes los representan y, con la advertencia de las barbas remojadas del partido amarillo, prevenga su posible muerte a manos de las ambiciones de sus afiliados y de aquellos que se anuncian bajo su camiseta.

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