por Gabriela González Ortuño

Las acusaciones de acoso y violencia de profesores contra alumnas en México han cimbrado a la universidad, en especial a las universidades públicas, en las que el trato discrecional de las acusaciones ha sido excedido por la organización estudiantil feminista. (Esto no quiere decir que en las universidades privadas la cuestión sea menos grave; sin embargo, la organización estudiantil feminista no ha alcanzado la fuerza que sí tiene en las grandes universidades mexicanas como UNAM, UNAM, UACM o ENAH. Por otro lado, el trato discrecional de las denuncias es mayor debido a que la visión de cliente-alumno los obliga a cuidar con mayor recelo su prestigio.) Existen diversas formas de denuncia contra los agresores como el tendedero: se cuelgan papeles en donde se escriben los nombres de los hombres a quienes se considera machos, acosadores, abusadores, violadores. Hay otras más directas como el escrache, en el que grupos de mujeres se presentan en actos públicos (clases, conferencias) en donde se encuentran los violentadores. Esta es una forma de denuncia pública de los profesores que han ejercido alguna forma de hostigamiento o acoso. Ante los testimonios, se busca que exista, al menos, un escarmiento público de los agresores. (En este texto he hecho referencia al problema de la justicia en torno de las denuncias públicas, la incapacidad de los sistemas penales y el cuestionamiento feminista a las nociones de justicia de dichos sistemas.)

Las relaciones entre profesores y alumnas no han sido estudiadas en México. Gracias a diversos testimonios de mujeres universitarias de distintas generaciones. podríamos decir que existe una constante en profesores que se relacionan de manera afectivo-amorosa con alumnas más jóvenes. Sin embargo, dentro de estos testimonios también podemos encontrar que hay profesores que han hostigado y acosado sexualmente a sus alumnas; muchos las han chantajeado con calificaciones a cambio de favores sexuales o han abusado sexualmente de ellas.

Esta situación tiene detrás de sí, en el sentido más amplio, a la cultura de la violación: un sistema que presenta a los hombres como poseedores de los cuerpos de las mujeres. Diversas autoras feministas han abordado el tema, como Rita Segato y Silvia Federici entre las autoras contemporáneas. El hostigamiento, acoso y violencia de carácter sexual pueden considerarse dispositivos de control del cuerpo de las mujeres que funcionan a través del uso del miedo por una constante amenaza y violencia contra el cuerpo de las mujeres con un carácter sexual; éstas son formas de ejercicio de poder masculino sobre las mujeres.

Este ejercicio puede observarse cotidianamente, por ejemplo, en actos de acoso sexual callejero en los que hombres de todos los estratos sociales disponen del espacio público en el que ejerce una especie de castigo a las mujeres por transitar un espacio que en muchas sociedades occidentales u occidentalizadas les ha sido vedado. Se trata de una especie de impuesto de poder de género que se paga con la disposición del cuerpo de las mujeres a través de tocamientos y hostigamiento verbal.

Para volver a los espacios universitarios debemos decir que, en los espacios institucionales, además del ejercicio de poder de la cultura patriarcal se imbrican otras formas de su ejercicio como las de jefes-trabajadores, médicos-pacientes y profesores-alumnos. Esta última es la que nos interesa en esta ocasión. Existe una relación de poder vertical entre profesor y alumna por varias razones: en primer lugar, el o la profesora se colocan en el lugar de quien sabe. (Podríamos hablar de la relación saber-poder de Foucault o la idea de capital cultural de Bourdieau para mostrar cómo se ha abordado esta situación en la filosofía política y la sociología.) En segundo lugar, esta persona es encargada de la evaluación de otras. En tercer lugar, hay una institución que respalda la autoridad de esta persona. Enfrente, están los y las alumnas que generalmente son de una edad menor que la del profesor, lo que implica en la mayoría de los casos personas con menos experiencia y menos capitales que les sirvan de agencia frente al profesor o profesora.

Esta relación, como el grueso de las relaciones sociales, no están libres de afectos, positivos y negativos, de mayor cercanía con algunes alumnes. Esto nos coloca en un punto delicado, ya que las relaciones afectivo-amorosas entre profesor y alumna tendrían en medio el hecho del consentimiento. Según Genevieve Freiser, el consentimiento siempre es relacional entre quien solicita el consentimiento y quien lo concede. No obstante, Freiser también advierte las posiciones de ventaja en una estructura patriarcal, por lo que también habla de víctimas consintientes. Sin embargo, ¿podemos afirmar que todas las mujeres que se relacionan con profesores son víctimas, consintientes o no? Y más aún, ¿podemos encontrar una forma de no juzgar una decisión personas condicionada por estas condiciones?

Las respuestas no son sencillas, porque involucran decisiones individuales, conscientes o no, que nos plantearían preguntas más profundas acerca de la libertad de elección de las compañeras que deciden relacionarse de forma afectivo-amorosa con un profesor o, incluso, sólo de manera sexual. Del otro lado, ¿el profesor será capaz de construir una relación de pareja que no se sustente en la jerarquía previa? La respuesta tampoco es fácil porque aunque estructuralmente todo apunta al no…

Paro feminista en la UNAM. (Foto tomada de aquí.)

Estas cuestiones apenas comienzan a pensarse en el contexto mexicano y hay mucho camino por andar. Sin embargo, es posible detectar sutiles formas en las que el apoyo institucional se da hacia los profesores. En una breve netnografía de varias páginas en donde se evalúan profesores, tomamos los casos de dos profesores jóvenes de la UNAM, de distintas facultades, con más de diez comentarios, sin contar los que se encuentran en revisión. Además, se trata de dos profesores que se encuentran en activo y no han recibido ninguna denuncia ante autoridades universitarias, ni en forma de escrache, en las que podemos encontrar lo siguiente:

Profesor 1. Las opiniones se encuentran divididas: una parte lo consideran buen profesor mientras otra parte lo acusa de hacer bromas pesadas, poner apodos a les alumnes y ejercer bullying. En un comentario se puede leer que es el profesor con las adjuntas más guapas.

Profesor 2. La mayor parte de las evaluaciones son positivas, pero hay un testimonio que llama la atención: “liga con sus alumnas y empareja a su adjunto con chicas.”

En el primer caso, es posible deducir que alumnes inconformes con el ejercicio de poder del profesor a través de la burla los mantiene callados hasta que pueden exponer su sentir a través del anonimato en este tipo de páginas. En nuestro interés particular, la relación profesor-alumna, es relevante que se hable de las adjuntas más guapas. Se elige este adjetivo y no otros, como las más inteligentes, las más capaces o las más preparadas. Esto implica algunas cosas: que las personas elegidas como adjuntas son mujeres; que éstas encajan dentro de parámetros de belleza establecidos y esa es su principal característica, y no hay una cuestión académica de por medio.

En el segundo caso, además de hablar del acercamiento del profesor hacia las alumnas de forma sexo-afectiva (el ligue), también se acusa de emparejar al adjunto. Esto implica que el profesor no sólo ejerce un comportamiento determinado sobre las alumnas sino que abre la puerta para que su segundo lo haga; es decir, perpetua una estructura.

Tanto el caso 1 como el caso 2 muestran el ejercicio de poder que se ejerce, en especial sobre las alumnas. Esto muestra que una mirada superficial abre la puerta a una constante en los comportamientos ligados a una posición de poder patriarcal de los profesores sobre las alumnas.

Otro caso que me parece necesario traer a colación es el comunicado que el sindicato de académicos de la UNAM dio a conocer el 7 de junio de 2018 (que puede verse aquí), en el que se advierte a los profesores de las acusaciones que los alumnos podrían interponer en su contra, por lo que insta a sus agremiados a tomar precauciones como no reunirse solos con sus alumnes ni darles aventón, así como no salir con elles de manera personal. Es decir, se invita a anular todo afecto positivo entre profesor y alumnes, a mantener una distancia que mantenga la jerarquía entre los académicos y les alumnes. Esto criminaliza el afecto positivo entre profesor(a) y alumnes y abona a la jerarquización de la relación al mantener a los primeros como intocables. Más aún, no advierte a les profesores del abuso de poder ni de no buscar recompensas sexuales de parte de sus alumnes.

Parece que este sindicato es tan consciente del peso de hablar de la sexualidad y el abuso de poder que omite mencionar cualquiera de las dos como si esto acabara con su existencia, porque serían les alumnes quienes malentienden o acusan, no sus agremiados con prácticas rapaces. No se trata únicamente del mal funcionamiento del protocolo contra el acoso de la UNAM, sino de todo un aparato que secunda estas violencias: directores, abogados institucionales, el sindicato, otros profesores, adjuntos y algunos de los compañeros de las denunciantes.

¿Qué opciones quedan para las alumnas y las profesoras que han padecido de hostigamiento, acoso o abuso de carácter sexual? La estructura es aprendida rápidamente por jóvenes profesores, ante el ejemplo y amparo de los mayores y de la institución. Por otro lado, las organizaciones feministas son cada vez más numerosas y comienzan a actuar con mayor celeridad desde la denuncia pública; sin embargo, esto mantiene aún a la estructura intocada. En esta tensión, resulta evidente que son las mujeres, violentadas o solidarias con las agredidas, quienes más cuestionan estas agresiones, mientras la mayoría de los varones evaden el tema, mantienen silencio y evitan diálogos públicos. Aún hay pocos grupos de varones antipatriarcales o de deconstrucción de masculinidades en los espacios universitarios. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que los universitarios sean capaces de trascender el privilegio masculino dentro de las aulas?

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