por Diana Salazar Tapia, Dalia Argüello e Israel Vargas Vázquez *

El curso “La historia y su enseñanza: Un espacio de reflexión colectiva”, coordinado por miembros del Observatorio de Historia e impartido de manera quincenal en las instalaciones del Ateneo Español de México (agosto-noviembre de 2013), estuvo lleno de aprendizajes. Los compañeros que se sumaron a este proyecto contribuyeron con sus conocimientos individuales para que la experiencia fuera aún más enriquecedora de lo planeado.

Participantes de "La historia y su enseñanza" en las instalaciones del Ateneo Español de México. Noviembre 2013.
Participantes de “La historia y su enseñanza” en las instalaciones del Ateneo Español de México. Noviembre 2013.

Se cumplió con el objetivo: realizar una reflexión colectiva de cómo y por qué se enseña la asignatura de historia de manera institucional. Pero no sólo eso: también contemplar alternativas para poder impartirla de maneras novedosas, sin perder de vista los requerimientos institucionales en cuanto a conocimientos básicos.

Los asistentes a las sesiones provenían de diversos contextos y formaciones académicas. Es por ello que las intervenciones no sólo iban encaminadas al plano disciplinario, sino también al didáctico y formativo. Se unieron al curso tanto profesores como estudiantes de la licenciatura y egresados; gente que se ha dedicado a la enseñanza de la historia en todos los niveles educativos: primaria, secundaria, nivel medio superior y aun nivel superior en el caso de los compañeros de la Benemérita  Escuela Nacional de Maestros.

La estructura del curso nos permitió contar con la presencia de invitados  especialistas para cada uno de sus diferentes módulos. Todos ellos generaron aprendizajes, sobresaltos y dudas, ya que lo que cada uno propuso dista mucho de lo que se ha  practicado por años en el sistema escolar.

Sólo para dar una idea de las propuestas anotamos algunos ejemplos: el profesor Porfirio Morán, pedagogo e investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, propuso repensar la relación docente-alumno desde una perspectiva crítica, para que los jóvenes sean responsables de su aprendizaje y de la manera en que son evaluados. Por otra parte, Roberto Fernández, especialista en historiografía y teoría de la historia, y que aborda en sus trabajos temas como la verdad en la historia, la objetividad y las fuentes, desde la perspectiva de la narrativa histórica que discuten autores como Michel Foucault, Hayden White, Paul Ricoeur y Carlo Ginzburg, señaló la necesidad de cuestionar el papel del historiador, los documentos que maneja y el discurso que construye a partir de él mismo y sus investigaciones. Por su parte Siddartha Camargo especialista en educación, funcionario de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación de la SEP, nos habló sobre la propuesta de educación histórica que se implementó a partir de la reforma curricular de las escuelas normales en 2012. Esta propuesta se dirige al ámbito de la educación básica, pero no por ello deja de ser relevante como experiencia que muestra una forma de relacionar nuestra disciplina con los niños, labor nada sencilla en la que han estado trabajando los compañeros normalistas. Finalmente, Rafael Guevara Fefer, especialista en historia de la ciencia y miembro del Observatorio de Historia, fascinó a la concurrencia con su comparación entre la disciplina histórica y la ciencia. Esta última ponencia fue muy reconfortante, pues la forma en la que habló de la ciencia no fue como la antagonista de la historia, sino más bien como su aliada.

Por otro lado, la diversidad de contextos nos hizo ver que no sólo los historiadores de profesión estamos dedicados a la labor de transmitir conocimiento sobre el pasado; también compañeros de disciplinas afines como antropólogos, etnólogos, escritores, artistas plásticos, normalistas, pedagogos y músicos —sólo por mencionar las profesiones de los compañeros que participaron en el curso— se han ido acercando más a la práctica de la docencia de la historia.

Al finalizar este proyecto y recapitulando lo aprendido, queda mucho por hacer en cuestiones de enseñanza de la historia. La renovación es indispensable y también el diálogo entre docentes y  académicos. La historia es un conocimiento que está más vivo que nunca, que precisa de mirar al alumno como protagonista y no sólo como observador o admirador del pasado en construcción.

Hacemos aquí el más grande reconocimiento para los compañeros que, no importando tráfico ni manifestaciones, estuvieron listos para compartir y enriquecer las sesiones de este curso. Un agradecimiento también para el Ateneo Español de México que nos abrió sus puertas, y a nuestra excelente anfitriona, Juventina Herrera Dublán, encargada de la biblioteca de esta institución.

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