Provocar interpretaciones

por Rubén Amador Zamora *

Una de las resistencias (sólo una) de los estudiantes hacia el aprendizaje de los contenidos escolares es que estos se abordan de manera cerrada. Los estudiantes tienen que aprender lo ya hecho, dicho o pensado. No hay posibilidad de hacer, decir o pensar diferente. Atreverse es arriesgarse a reprobar la materia o, simplemente, a ser corregido por el profesor. Los contenidos “se aprenden” o “no se aprenden”. Por más que el constructivismo se halla enraizado en el discurso de los profesores, la escuela es un lugar para repetir el conocimiento, no para construirlo.

En la materia de historia —y las ciencias sociales y humanidades en su conjunto— esto es particularmente evidente. Los estudiantes tienen que aprender una información cerrada cuando sabemos que la historia, en gran parte, es interpretación, es explicación. Y cuando se trata de interpretar o explicar un proceso histórico (sea de un pasado reciente o remoto), es de gran importancia que, como profesores, estemos abiertos a escuchar la versión  de los estudiantes.

Lo que cada quien entiende: o copa o diálogo

Lo que cada quien entiende: o copa o diálogo

No pocas veces, los profesores creemos que los estudiantes conservan en sus mentes una historia oficial (única) y nos fascina la idea de ser nosotros, los docentes, los responsables de echar abajo esa historia monolítica. Sin embargo, los profesores de historia somos más propensos a tener una historia oficial que los estudiantes, cuya información sobre el pasado es confusa. Cuando digo que los profesores de historia transmitimos una historia oficial no quiero decir que ésta sea necesariamente la del estado. Una historia oficial, y por lo tanto cerrada, puede provenir también de nuestro paso por la universidad en la que creemos aprender la historia “verdadera”, desmitificada, sin reparar que, finalmente, se trata de una interpretación sobre el pasado.

Enseñar a interpretar o explicar un proceso socio-histórico debe ser una de las finalidades de la enseñanza de la historia. Y una de las primeras estrategias para conseguirlo es escuchar a los estudiantes. Con escasa información sobre algún tema, todos tenemos capacidad para tener una opinión o dar una explicación sobre el por qué de las cosas. Dicha opinión sin duda se construye con la información que se tiene pero, también, con los valores que poseemos. Animar a los estudiantes a construir sus propias interpretaciones nos ayuda a los profesores a explorar la capacidad que tienen para manejar información y, también, para conocer sus valores que, en no pocas situaciones, son los que deciden sus acciones. Para los estudiantes resulta más interesante que la historia sea una materia en la que participen como constructores del conocimiento y no como receptores pasivos de la información.

Ya dijimos que la primera estrategia para animar las explicaciones propias de los estudiantes sobre el pasado es saber escucharlos sin la pretensión inicial de esperar que conceptualicen sus razonamientos. ¿Qué tienen qué decir, por ejemplo, sobre las rebeliones, los cambios de hábitos en la higiene, la pobreza y la riqueza, el tráfico de personas, el trabajo de las mujeres? Al escucharlos nos sorprenderíamos de la variedad de explicación que un grupo de estudiantes es capaz de darnos.

Otra de las estrategias que también puede resultar efectiva para que los estudiantes comprendan cómo se construye el conocimiento histórico es el uso de dos o más libros de texto en el aula. Estamos habituados al uso de un solo libro de texto. Para las distintas materias escolares puede ser útil y cómodo apegarse a un único libro de texto. Sin embargo, para la materia de historia en la escuela resultaría de gran interés que, por ejemplo, la mitad del grupo tenga un libro de texto y la otra mitad, otro título. De esta manera el profesor puede comparar en el aula distintas versiones sobre los mismos procesos históricos. Los estudiantes pueden así desarrollar distintas habilidades como comparar, usar y organizar la información para genera una explicación mejor documentada.

Ahora bien, ¿toda interpretación es válida? Está claro que no. Aprender a dar explicaciones válidas es un proceso. Pero de eso hablaremos en una próxima entrada.

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