Racismo y lenguaje fascista (2 de 2)

por Pedro Salmerón Saginés*

4. Izquierda y derecha. Conspiracionismo

Para Alfredo Jalife-Rahme, como para los fascistas europeos de entreguerras, lo que importa es el radicalismo frente al “sistema” (que para Jalife-Rahme equivale a lo “israelí” o a la conspiración “israelí” o “anglo-israelí”). Por ejemplo, en su columna del 5 de septiembre de 2012, escribió que:

La categoría dicotómica de izquierda y derecha, aunque necesaria, es insuficiente y deficiente para entender la crisis terminal de la globalización financierista, cuando los radicalismos del espectro político se han coaligado en su contra para que sobrevivan las naciones.

Los radicalismos de derecha y/o izquierda han coincidido en su rechazo nacionalista a la globalización financierista y, en el caso europeo, en su triple aversión al euro, a la austeridad Merkel (fiscalismo castrante que beneficia a la parasitaria bancocracia) y a las caducas recetas del disfuncional FMI.

En ese artículo es explícita la simpatía del señor Jalife-Rahme por los “radicalismos de derecha” y el nacionalismo de derecha, siempre que esté en contra de la “tripleta israelí-anglosajona”, o el “pornográficamente” controlador “financierismo israelí-anglosajón”. Así, la derrota del “putrefacto” Sarkozy se debió a la “fronda” de la “Francia profunda” ─término que en aquel país tiene connotaciones raciales y racistas─ de la ultraderecha, la derecha y la ultraizquierda. Hay otras fuerzas loables para Jalife-Rahme en esta… ¿cómo llamarla?, ¿rebelión “nacionalista” contra Sarkozy y Merkel?: el partido socialista de Serbia (sí: el de Milosevic) y el resurgimiento de los dos extremos en Grecia, incluidos los neonazis. El artículo termina invocando una de las figuras básicas del antisemitismo tradicional europeo: Shylock, el banquero judío de El mercader de Venecia, de Shakespeare, cuyo nombre ha sido usado siempre como estereotipo del judío por los fascistas.

Es esclarecedor seguir el rastro de este artículo (sobre la pista me puso un amigo que prefiere guardar el anonimato): gracias a él encontramos a Alfredo Jalife-Rahme como colaborador permanente de publicaciones electrónicas en diversos idiomas, que tienen en común justamente la exaltación del nacionalismo y el radicalismo de derecha o izquierda ─generalmente de derecha─ el antisemitismo (a veces, pero no siempre, camuflado de antisionismo) y el conspiracionismo. Varias de estas publicaciones recurren con frecuencia a Los Protocolos de Sion (panfleto calumnioso que está en la base del antisemitismo moderno) y se alaban formas de fascismo.

Podríamos enlistar esas páginas, pero nos limitaremos a señalar una de la que Jalife-Rahme es asiduo colaborador: la Red Voltaire, que se autodefine como “una red de prensa no alineada, especializada en el análisis de las relaciones internacionales y creada por iniciativa del intelectual francés Thierry Meyssan” (a quien Jalife-Rahme cita y alaba con frecuencia en sus columnas: para no ir más lejos, este 22 de septiembre), bajo los principios de defensa de los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, más allá de su definición, encontramos siempre el tipo de artículos a que nos hemos referido. Rastreando a Meyssan en internet llegamos siempre a sitios beligerantemente antisemitas, muchos de los cuales niegan el holocausto (entendemos con esa palabra, el genocidio de judíos perpetrado por el régimen nazi). Si no es suficiente, si no queda claro y si habla usted francés, dese un paseo por esta otra página en que colabora Jalife-Raheme y que más de una vez ha citado como referencia.

Lo más importante es que, históricamente, el fascismo se convierte en gobierno cuando se funden en una, sus dos corrientes previas: la ultraderecha racista y antiliberal y esa “izquierda” nacionalista teñida de fuertes elementos racistas y discriminatorios y de un discurso aparentemente radical contra el liberalismo. Solo en esas condiciones el fascismo pudo asaltar el poder en Alemania e Italia.

Fascistas mexicanos de antaño. La Acción Revolucionaria Mexicanista en acción el 20 de noviembre de 1935. Alfredo Zalce, s. f., Taller de Gráfica Popular.

Fascistas mexicanos de antaño. La Acción Revolucionaria Mexicanista en acción el 20 de noviembre de 1935. Alfredo Zalce, s. f., Taller de Gráfica Popular.

5. Holocausto y otros genocidios

En twitter, Jalife-Rahme cita, felicita y retuitea a periodistas y blogueros que niegan el holocausto. Un ejemplo entre muchos es el chileno Mario F. López (@MarioFLopez), en cuyo blog se habla con frecuencia del “holocuento” (vea este ejemplo o este otro) creado para ocultar la conspiración mediante la cual los israelíes dominarán el mundo. Cierto que Jalife-Rahme no niega el holocausto, pero cita y retuitea cotidianamente a quienes sí lo hacen (el holocausto: “monstruosa mentira judía”, dice López), y siguiéndolo en twitter, se llega a páginas como ésta.

La negación del holocausto es una de las piedras de toque de los grupos neonazis en todo el mundo. Ciertamente, el holocausto también ha sido utilizado por grupos de poder político y económico de Israel y los Estados Unidos como justificación de la política exterior del primero de esos estados, y de la política estadounidense hacia medio oriente, pero quienes han señalado ese desvergonzado uso político del holocausto nazi no niegan su realidad histórica. En ese sentido, es valiosa y pertinente la discusión abierta por N. G. Finkelstein, La industria del holocausto: Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío (Madrid, Siglo Veintiuno, 2002) quien destaca, por ejemplo, que los trabajos académicos sobre el holocausto en los Estados Unidos, posteriores a 1967 (porque antes de esa fecha los grupos de interés judíos en Estados Unidos no simpatizaban con el estado de Israel y el holocausto era un tema de “izquierdistas”, “comunistas” y “antiamericanos”) rebasan las diez mil entradas, en tanto que apenas en 1998 apareció el primer trabajo académico sobre el genocidio perpetrado por los belgas en el Congo (1891-1911), cuyo costo en vidas humanas es similar o mayor al del holocausto. Este tipo de interpretaciones del holocausto abonan a la tesis según la cual, no fue un fenómeno único sino un traslado a Europa de lo que los imperialistas perpetraban ─y argumentaban─ fuera de Europa.

Estudiar el holocausto desde una óptica comparativa, nos permite captar lo que tiene de específico el antisemitismo nazi, pero también la raíz común de los genocidios: el racismo y el darwinismo social. Durante la época imperialista (1870-1914), esos elementos ideológicos estaban en boca de los “estadistas” y gobernantes de las potencias occidentales, y servían para justificar u ocultar los asesinatos en masa de naciones enteras.

Si bien las masacres coloniales ─como el citado genocidio en el Congo─ no tenían como finalidad explícita el exterminio ─como sí lo tuvo el holocausto─ y es esa quizá la principal diferencia, la ideología y la literatura que las justifican suelen ser tan radicales y estar tan “científicamente” argumentadas como el antisemitismo nazi y como el discurso de Jalife-Rahme sobre los “jázaros”. Véase Traverso, (2013[185-186]) y sobre todo, Lukács, donde el racismo y darwinismo social de la época imperialista es la verdadera matriz del nazismo.

Pero no sólo los gobernantes de los imperios tenían a mano esos argumentos y eso es lo grave: ese discurso racista “científico” (la actual versión mexicana es el discurso y la campaña permanente de odio de Alfredo Jalife-Rahme contra los judíos “jázaros”, forma antisemita de nombrar a los que se llaman a sí mismos ashkenazis) se redirige con enorme facilidad contra los grupos subalternos en los países periféricos. Justamente este mes aparecieron dos libros que hablan de aspectos de nuestra historia, utilizando con todo su peso dos categorías que en México rehuimos (por eso, por rehuirlas, es que Alfredo Jalife-Rahme tiene prestigio y presencia en sectores de izquierda): racismo y genocidio.

En Yaquis: Historia de una guerra popular y de un genocidio en México (México: Planeta, 2013), Paco Ignacio Taibo II muestra ese mismo discurso racista como base ideológica de las campañas genocidas ─“el genocidio del que no se habla”, el exterminio de la nación yaqui─: desde Porfirio Díaz y Ramón Corral, hasta Rafael Izábal y Luis E. Torres, desde los diarios oficialistas hasta los “científicos” como Francisco Bulnes y José Yves Limantour, el discurso es el mismo. Un discurso que, por cierto, se parece en el tono y la intención al que usaba Luis Pazos en 1994 contra el EZLN. Por su parte, en Ejército libertador, 1915 (México: Era, 2013), Francisco Pineda termina de exponer lo que había iniciado en sus libros anteriores: el discurso racista en la base de las campañas genocidas del ejército porfirista en contra de la revolución agraria del sur, y la continuación de ese discurso por los mandos carrancistas.

Ambos libros muestran también ─y esto es lo más importante─ cómo una sociedad acostumbrada al discurso racista, una colectividad que ha hecho suyos la discriminación y el desprecio, puede pasar rápidamente al odio, incluso ─como muestra Pineda─ con un discurso nacionalista aparentemente de izquierda: justo eran “nacionalistas” de “izquierda” los mexicanos que en mayo de 1911 perpetraron otro de los genocidios silenciados por nuestra historia ─o llamados con otro nombre─: la matanza de chinos en Torreón. Argumentos similares han aparecido recientemente: exabruptos antisemitas en redes sociales, de jóvenes que se definen de izquierda, muchas veces lectores y/o seguidores del señor Jalife-Rahme.

6. Salida

Podríamos seguir. Entresacar tweets de Alfredo Jalife-Rahme que muestren el uso recurrente de la calumnia y la mentira, en tonos muy similares a los de Joseph Goebbels. Se harían evidentes su reiterada repetición, en el insulto, de “decadente”, “degenerado” y “enfermo”, adjetivos pertenecientes al arsenal discursivo básico del nazismo y su escaso afecto por la democracia y su discurso antiliberal plagado de adjetivos y cargado de odio. Podríamos seguir, pero no haríamos sino abundar en lo ya señalado, a costa de enlodar este ensayo con citas textuales de los más soeces adjetivos.

Me preocupa que numerosos compañeros y  valiosos círculos de estudio tomen a Jalife-Rahme como referencia. A muchos les parece valiente su denuncia de los monopolios, las transnacionales, los imperios, sin advertir a donde lleva su discurso; pocos son ─como hizo Adolfo Gilly hace años─ los que confrontan sus fuentes para notar lo endeble de sus investigaciones y su campaña que busca la generación del odio, un odio que rápidamente puede ser redirigido. Pocos se dan cuenta que sus artículos rara vez argumentan, quedándose siempre en la mera descalificación y en la diatriba.

Entre nosotros hay muchos que han señalado con argumentos bien fundamentados la necesidad de defender el petróleo de la ambición de los tiburones y sus administradores y representantes en México, que forman la alianza prianista que se mantiene en el poder a través de mecanismos turbios y fraudulentos. Han hecho esa defensa a través de importantes libros, muy accesibles, nuestros dirigentes nacionales Andrés Manuel López Obrador y Martí Bátres Guadarrama; los académicos Adolfo Gilly y Lorenzo Meyer; los ha divulgado de manera brillante Rafael Barajas El Fisgón. No necesitamos defender nuestro petróleo mediante un discurso cargado de odio que puede abonar ─que ya abona─ en medio de la desesperación nacional, a brotes fascistas.

En nuestro medio tenemos acceso a periodistas críticos que explican, con una perspectiva crítica y combativa y con  argumentos fundamentados, la política exterior de los Estados Unidos, la situación en medio oriente, las políticas populares y nacionalistas de otros gobiernos latinoamericanos y los conflictos mundiales en torno al petróleo: simplemente, en La Jornada publican Robert Fisk, Imannuel Wallerstein, Noam Chomsky, Ángel Guerra, Setella Calloni y David Brooks, entre otros. No necesitamos los delirios conspirativos ni las predicciones o augurios del señor Jalife-Rahme ─la mitad de los cuales fallan: ya haremos la cuenta.

Y si queremos reconstruir la ética política, no necesitamos la calumnia ni el insulto soez que reemplazan, que impiden el debate de las ideas. Rechazo la calumnia, pero, por mi parte, seguiré denunciando hacia dónde conduce un lenguaje vestido con ropajes de nacionalismo de izquierda en los que el odio y el racismo son la piedra de toque.

8 Respuestas a “Racismo y lenguaje fascista (2 de 2)

  1. Me quedo impresionado de su artículo, conozco los textos del Dr. Jalife e identifico todo esto que mencion, en esencia su tono racista y su gusto por el ataque antisemita, mas no lo había considerado desde una perspectiva crítica, como brote neofascista o neonazi. Me siento confundido, entre informado y extrañado.

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  2. Discutir y analizar tweets… lo siento, señor Salmerón, yo me quedé en los tiempos en que se discutían libros y artículos, ponencias, conferencias e ideas. Provecho con su análisis de los tweets… Si estas partículas hubieran existido en la época de Hegel, tal vez lo único que tendríamos de él sería un libro de frases célebres…

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    • Echale ganitas, en el sitio de La Jornada estan los art’iculos del Jalifas donde se puede comprobar lo que Salmeron menciona. Los tuits nomas es la punta del iceberg de un antisemita.

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  3. He leído con interés varias de sus colaboraciones en La Jornada, porque me parecen informadas y críticas de las múltiples páginas de la derecha mexicana que desea una historia diferente, pero veo con curiosidad que usted, en sus alusiones a Jalife-Rahme, invoca igualmente lo que critica: tenemos que odiarlo porque es antisemita. Déjeme decirle, soy mitad judio, siento que esta parte de mi raíz sociocultural es fundamental para observar y analizar el mundo, pero uste cae exáctamente en lo mismo que crítica. Hay más rabía anti-Jalife-Rahme, que análisis crítico. No comparto mucho las teorías conspiracionistas de Jalife-Rahme, tampoco el odio de gente como Federico Arreola y Enrique Krauze, judio mexicano que se regodea en la exterminación de los palestinos, pero me parece que su tono conspiracionista, de usted, es realmente deplorable. No lo voy a dejar de leer, pero lo leeré con más cuidado. Ojo con caer en lo que critica. Sucede muy a menudo. Y no lo olvide, aunque soy mitad judio, sefaradí para más señas, he vivido el holcausto de una manera horrorosa, porque la exterminación de los judios no se data en la época del nazismo… viene de mucho antes… y conozco tantos judíos conversos porque el cristianismo y el catolicismo es una amenaza lantente.

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  4. Muy bueno el análisis crítico de un discurso (el de Jalife) que en lo personal ya me ha hartado por los exabruptos que atinadamente se describen en este par de artículos. No es menor el trabajo de revisar tweets para descubrir en ellos el uso del lenguaje como una forma de legitimación del discurso denigratorio contra los que no piensan como uno.

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  5. Lo tuyo, Pedro, es una lucha personal contra Jalife. Usa el espacio para tus análisis sobre la historia, los cuales son muy buenos. Vuestros pleitos personales, llévenlos a otro lado.

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  6. La pag. de teatrevesadespertar parece estar hecha con las patas, decir que solo 2 millones de muertos fueron soldados, es algo falaz totalmente, (tan solo la batalla del kursk provoco la mitad de esas muertas, ya ni que decir tan solo del resto del frente oriental).

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