por Tomás Juárez

En días recientes, las redes sociales y los medios de comunicación han abordado profusamente la noticia del fallido intento de restauración de la estatua ecuestre de Carlos IV, conocida cariñosamente como el Caballito. La indignación por el daño al Caballito ha sido generalizada. Sin embargo, la atroz “limpieza” con ácido nítrico no es lo que particularmente preocupa en este caso, sino una serie de  acciones que ilustran la falta de respeto hacia las instituciones, así como el desconocimiento de la conservación como una disciplina profesionalizada y especializada.

El caballo de Tolsá
Caballo (con rey), de Manuel Tolsá.

Primeramente cabe cuestionarse cómo es que el gobierno del Distrito Federal adjudicó de manera directa la restauración de una obra tan emblemática a una persona sin formación profesional en la conservación de objetos metálicos. Todo apunta a que fue una decisión fundada en el amiguismo, o al menos en criterios presupuestales, pero en definitiva no justificada profesionalmente.

Aún más desafortunado es el total desconocimiento de la legislación en materia de protección patrimonial por parte del Fideicomiso del Centro Histórico (FCH), que no se preocupó por contar con la licencia de restauración, otorgada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a través de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC). Eufemística o tramposamente, el FCH ha alegado una “descoordinación” con el INAH. Parece que no basta, entonces, una ley federal emitida hace más de 40 años ni una historia de más de 70 años de la institución encargada de la conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural, para que las autoridades locales y los fideicomisos creados ex profeso para la revitalización de centros históricos conozcan las competencias del INAH y los procedimientos estipulados para la intervención de monumentos históricos. Y no es sólo el desconocimiento legal y de las competencias institucionales lo que preocupa en este caso, sino el hecho de que una instancia del gobierno le meta el pie a otra.

Por si fuera poco, en las redes sociales han destacado una serie de figuras públicas a quienes les sobra ego y les falta conocimiento de causa. Estos “centinelas” del patrimonio se han dedicado a convocar a sus distinguidos contactos, quienes —adulándose mutuamente— se dicen capaces de encontrar la solución al daño infligido al Caballito sin convocar, claro, a ninguna persona realmente especialista en el tema (quizá por no estar en su red de contactos). Esto lo hacen, curiosamente, vapuleando al INAH y a sus autoridades —quienes de hecho frenaron la intervención de manera temprana— y simultáneamente alabando al director del FCH, Inti Muñoz, quien es uno de los mayores responsables del daño a la escultura.

En estos días veremos cómo evoluciona el caso. Esperemos que el FCH y la Autoridad del Centro Histórico respeten los procedimientos para el otorgamiento de la licencia y lleven a buen término los trabajos necesarios para asegurar la conservación de este monumento histórico. El INAH tendrá que hacer mayores esfuerzos con las distintas instancias de gobierno para promover el correcto seguimiento de los procedimientos, y quizá incluso emprender acciones legales para sentar precedentes que eviten que este tipo de casos se repitan. También es importante que se permita el funcionamiento del Consejo de Conservación-Restauración de la CNCPC, ya que esta instancia colegiada promoverá la regulación de las acciones de conservación y restauración del patrimonio cultural y abonará al reconocimiento de la disciplina.

Si alguna lección debe dejarnos esta desafortunada “restauración” es que no pueden pasarse por alto las competencias institucionales. Sin esto último no sólo se cometen atropellos al patrimonio cultural, sino que se ahoga a las instituciones y a la misma vida pública del país.

13 Comments

  1. Este penoso asunto también deja al descubierto la falta de interés y profecionalísmo de las personas que conforman el INAH, ya que es sabido por muchos, incluyendo gobiernos estatales, que la institución está llena de advenedizos que sólo sacan provecho de estar dentro de dicha dependéncia que tiene el mote, a nivel nacional, de “INOH”, ya que solo a la gente que ellos consideran “competentes” son a quienes ellos otorgan licéncias o permisos. Una vez más, muchos burocratas y pocas nueces.

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    1. Creo que nos has seguido de cerca la situación del caballito, ya que el propio Fideicomiso del Centro Histórico de la ciudad de México fue quien no solicitó el permiso correspondiente al INAH. No fue falta de interés, ya que al existir la denuncia se detuvieron inmediatamente los trabajos. La pregunta es por qué se contrató a una empresa no especializada para llevar a cabo dicha intervención, sin haber tramitado siquiera el permiso. Con respecto al resto del comentario, creo que la burocracia es un mal que existe en la mayoría de las instituciones y no exclusivamente en el INAH. No se vale generalizar, en todos lados hay gente profesional y gente parásito, gente honesta y deshonesta y los gobiernos estatales no están para criticar en ese aspecto. Y también, todos los sabemos, no existiría esta situación si no se tuviera la malentendida idea de que cualquier persona le puede poner la mano al patrimonio, cada disciplina requiere su especialista; ¿o te vas a dejar operar por un enfermero?, ¿por un abogado o contador? Supongo que no. Aquí no hubo licencia ni aval del INAH y ya ves lo que pasó.

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    2. El principal centinela ha sido el señor Guillermo Tovar, quien con mucho protagonismo y arrogancia ha convocado a su red de contactos. Se ve que está entretenido porque apenas incursiona en las redes sociales. Lo que todos nos preguntamos es por qué es tan critico de la intervención pero trata de encubrir a Inti Muñoz. Se ve que lo único que le importa es su red de influencias, y no que las cosas se hagan bien.

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  2. Dicho por una compañera: “Se ataca al INAH en este caso como si te pasaras un semáforo en rojo y culparas al policía por no haberte detenido antes”, o como decía la Tucita “si ya saben cómo soy, ¿para qué me dejan sola?”. Es el argumento del irresponsable, mismo que al señor Tovar y sus seguidores parece resultarles suficiente para hacer apología del señor Muñoz (quien sostiene también que el CO2 forma densas capas) y descalificar al personal del instituto.

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  3. Estimado Tomás: coincido plenamente con el asunto de la afrenta institucional. Al INAH en este país se le tiene como inexistente por parte de una variedad de intereses políticos y económicos a la hora de tratar sobre el patrimonio histórico y cultural. Ahí está no solamente el ejemplo de la estatua ecuestre de Tolsá, sino también el tema del centro histórico de Puebla y el teleférico. Pero también ha habido autoridades del INAH que han ido contra el patrimonio, no sin las críticas de los mismos investigadores del instituto, verdaderamente involucrados con la defensa del patrimonio (véase lo hecho en direcciones anteriores con el ex convento de la Merced, las Yácatas de Tzintzuntzan).

    Sin embargo, en el tema de las redes sociales, no estoy de acuerdo. De las redes sociales, y gracias a la voz de alerta que dio Graciela Sánchez Reyes, es que se movilizó al instituto y se pudo parar el vandalismo de Javier Marina, empleado por Inti Muñoz. Y en los grupos y personas que he visto que exclaman su indignación sobre el asunto, no he visto ningún intento por minimizar la responsabilidad de Muñoz. Todo lo contrario.
    Creo que en este asunto se trata de cerrar filas para que se aplique la legislación y se promueva el respeto a las vías institucionales. Lo demás es hacer ruido.

    Cordialmente,

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    1. Estimado Víctor:

      Creo que Tomás se refiere específicamente a Guillermo Tovar y al grupo “El caballito”. Yo coincido que en las redes sociales hay gente crítica y propositiva, pero parece que en este grupo de Facebook de “El Caballito” quieren encubrir a Inti Muñoz, además de hacer reuniones entre “especialistas” que no son verdaderamente especialistas, sino arquitectos, historiadores del arte y demás, pero quienes no tienen la más remota idea de corrosión, eliminación de pátinas y protección de materiales metálicos, que es el tema central. Ya hemos visto a Inti Muñoz hablar de las “densas capas de dióxido de carbono que había que eliminar”. De verdad es ridículo que Guillermo Tovar lo defienda.

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      1. Patricia y Tomás:

        Quizá una lectura cuidadosa de todo lo que se ha escrito en el muro de Caballito Restauración les diera mejor idea de lo que se ha estado haciendo. Una pequeña comisión de este grupo, al que yo pertenezco, lleva dos reuniones con Inti Muñoz, Yo he estado presente en ambas, y no hallo por ningún lado la intención de defender ni a Muñoz ni al Fideicomiso del Centro Histórico. Varios de los reclamos del texto de Tomás Juárez son los mismos que esta representación le ha hecho. Y si hay diálogo con Inti es porque nadie más, empezando por Alejandra Moreno Toscano, ha querido hacer acto de presencia.

        Que Inti Muñoz no tiene la menor idea de lo que implica intentar una restauración de una pieza tan importante como el Caballito, y las complejidades técnicas de la empresa, eso nos queda muy claro a todos. Pero es al que tienen a cargo de la interlocución con el INAH.
        Hay algunos elementos que sí pueden aclarar algunos de los reclamos y dudas que aparecen en el texto de Tomás Juárez. Por ejemplo, el asunto de la contratación. Tomás se pregunta cómo es que le dieron la encomienda a un despacho que, en principio, está evidentemente impreparado para llevar a cabo una limpieza-restauración al Caballito sin llevarse por delante una pátina de 210 años de antigüedad.

        Nosotros le hicimos esta misma pregunta a Muñoz, quien argumentó que el mecanismo de adjudicación directa está considerado en las leyes de adquisiciones gubernamentales. Y en eso tiene razón. Pero cuando en una entidad de gobierno se hace una adjudicación directa, para que proceda debe sustentarse con un dictamen que justifique por qué un proveedor de servicios específico es el adecuado y sólo él para realizar el encargo. El Grupo Caballito Restauración le pidió este viernes pasado a Inti Muñoz dé a conocer dos documentos que deben explicarnos muchas cosas: el contrato que firmó el despacho de presuntos restauradores —a los que por cierto, nos dicen que no se les ha pagado nada de este servicio— y el proyecto que el despacho presentó para llevar a cabo la restauración. Adjunto al cuerpo del contrato debiera estar el dictamen que lo sustenta y podrá juzgarse si hubo ligereza, buena voluntad o amiguismo en el proceso.

        Muñoz asegura que el mismo despacho había prestado servicios similares en las estatuas de la alameda, en la estatua de José Vasconcelos. Pero uno de los huecos en este asunto, es que, a la fecha, no hemos podido localizar el curriculum público de esta empresa. Tenemos el dicho de Inti Muñoz en cuanto a que, esta semana que empieza, podremos conocer esos documentos. Si ello no ocurre, podemos recurrir a las instancias de transparencia, hecho que afectaría aún más la imagen del Fideicomiso por haber permitido el desaguisado y luego comportarse con opacidad.
        Pretender que el Fideicomiso del centro Histórico tenga un comportamiento institucional y atienda este reclamo de un grupo de ciudadanos (en el que hay personas del más variado perfil, entre ellos restauradores profesionales de diversas ramas), no entraña, me parece, una defensa a Inti Muñoz o a sus jefes. Puede que, entre quienes hacemos comentarios en el haya quienes piensan que por atender un reclamo ciudadano Inti ya se merece estrellita. Hay también quienes pensamos que es lo mínimo que debe hacer ante un reclamo de este tipo. Este grupo, si leen con cuidado, no nos presentamos como “un grupo de especialistas”. Hay algunos, sí. Otros tenemos perfiles diferentes, vinculados de un modo u otro al estudio e interés por el pasado.

        Lo que tenemos en común es la preocupación por el destino del Caballito, y ello es suficiente para constituirnos en un grupo que desea saber cómo va a comportarse la autoridad después de este caso de “descoordinación”, como eufemísticamente llama Inti Muñoz al suceso, cuyo primer gran yerro consistió en emprender la intervención sin contar con la autorización y supervisión indispensable del INAH. La empresa, al decir de Muñoz, asumió que, con contrato firmado en mano, podía empezar su “trabajo”, dando por hecho que la entidad contratante ya había gestionado, cosa que no había ocurrido. Pese a que Inti diga que es una “descoordinación”, es una falta administrativa —grave, muy grave— saltarse al INAH, y en eso, me parece, hay un consenso generalizado.

        Hay que subrayarlo: nadie ha puesto en duda que es el INAH quien debe operar conforme a sus atribuciones y este lunes, según su compromiso, deberá dar a conocer el dictamen sobre el estado actual del Caballito y de ello se desprenderán las acciones a seguir, en materia normativa, de sanciones y de atención técnica a la estatua.

        Me desconcierta la descalificación, que se me antoja gratuita, al grupo Caballito Restauración Caballito. En un grupo de Facebook afloran muy diversas posiciones. Hay quienes no tienen buena relación con el INAH, habemos otros que pensamos de otra manera porque hemos visto el trabajo del instituto.

        Y tan no es cierto que hay oposición ni descalificación al INAH, que desde los primeros días en que conocimos muchos la fotografía de Gabriela, en esto que empezaba a ser un grupo pequeño de personas preocupadas por el tema, se pudo entablar contacto con la secretaría Técnica del INAH. Si el instituto actuó con rapidez, fue porque esta oportuna imagen se multiplicó y se compartió donde había facultades para intervenir: el propio INAH. Pero es evidente que la acción de las redes sociales le dio importancia pública al tema.

        Lo que es cierto es que todos aguardamos el dictamen del INAH y en función de eso se preparan algunas sugerencias que el Instituto y el Fideicomiso pueden o no atender, pero que, al menos están en obligación de escuchar, porque el Caballito no es propiedad exclusiva de los restauradores, de los “especialistas” ni de los historiadores ni de los funcionarios del INAH ni de los del Fideicomiso del Centro Histórico. Es un bien nacional que pertenece a los mexicanos, aunque no todos estén al pendiente de su destino. Y por eso tenemos derecho a opinar y quejarnos, en facebook o donde sea, con Guillermo Tovar o sin Guillermo Tovar —que ha sido un gran apoyo, es preciso decirlo—. Como en todo, hay algunos egos alborotados, pero precisamente una de las virtudes de las redes sociales es que a la par conviven actitudes y propuestas más sensatas… exactamente como en este blog.

        Un saludo a todos.

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  4. El caso es sólo el último (hasta ahora) de la larguísima lista de destrucción del patrimonio cultural. En tal lista, tan sólo en los últimos años, sobresale la destrucción del cine art-decó “Teresa” y de la sala de espectáculos del Palacio de Bellas Artes, cometida ésta por Teresa Vicencio. El problema es que a los criminales no se les castiga según lo dictado por la ley. Teresa Vicencio e Inti Muñoz deberían estar en la cárcel si se cumplieran las leyes existentes.

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  5. Bertha Hernández, Muy bien lo que escribe, pero creo que está faltando a la verdad, ese grupo de “El Caballito, Conservación” sin duda tiene fines muy distintos a los que dice. Es un grupo conformado principalmente por una serie de personajes que añoran los tiempos del virreinato, y tal vez por eso se han juntado alrededor de Guillermo Tovar de Teresa, que parece estar representando el papel de alguno de esos virreyes con los que él se ha mimetizado de tanto haberlos estudiado, y como en aquellos tiempos está rodeado de sus “ayudantes”; dice el virrey:
    -Algunos ya se han erigido en jueces, en una especie de Tribunal Ciudadano de la Santa Inquisición. Se rasgan las vestiduras, hacen gala de su protagonismo; participan con comentarios descalificatorios; los hay que ocupan espacio para crear confusión con actitudes personales que no vienen al caso, y condenan o aplauden a ciertos actores públicos.
    Y en el siguiente párrafo acusa:

    -La verdadera responsable de esto, es la Dra. Alejandra Moreno Toscano, notable historiadora, quien ha sido mi amiga y en su campo es muy respetable, pero que no es la primera vez que ha dañado monumentos en el espacio que debiera proteger; le da instrucciones directas al arquitecto Vicente Flores y le recomienda la empresa incapacitada para llevar a cabo los trabajos. Se lava las manos, se “hace ojo de hormiga, se desentiende del problema y no da la cara en su papel de “Autoridad del Centro Histórico.

    Parece decirnos que el único facultado para acusar y decir quién es el culpable, es el, y todos los demás tendrán que obedecer, o de lo contrario, con esa actitud soberbia y arrogante que se aprecia en el siguiente dialogo y con métodos policiacos seguramente aprendidos en los tiempos que paso junto a Díaz Ordaz, serán descalificados y acusados de traición y finalmente bloqueados del grupo y del acceso a sus comentarios y los de varios de sus “ayudantes”.(Seguramente algo estarán escondiendo…que no será su vergüenza, porque de eso al parecer carecen)
    No Bertha Hernández, a estos personajes lo que menos les interesa es la defensa del patrimonio, sus intenciones son otras, y los miembros de ese grupo ya deberían de haberlo parado,… pero…entiendo, se quedarían sin Sensei.
    Si Bertha Hernández, se lo que digo y aquí están las pruebas de cómo actúa este personaje.
    Comencé en el grupo haciendo el siguiente comentario:
    Andrés Volovsek Las declaraciones de Inti Muñoz son verdaderamente lamentables, de un perfecto ignorante en las cuestiones de conservación y restauración de los bienes culturales. Absolutamente todas las intervenciones de limpieza en una obra de arte son irreversibles y mucho mas en este caso que se llevo la “limpieza” hasta la eliminación de la memoria histórica, que garantizaba la edad y autenticidad de la pieza, y eso ya nunca más podrá ser restituido.
    Y la doctora Teresa Franco que ya no le dé vueltas al asunto, existe responsabilidad de quien autorizo y quien ejecuto la obra sin la autorización del Instituto además del daño causado al monumento, por lo que son varias las sanciones que deberán aplicarse, la mas importante es la que especifica el art. 52 de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueologicos Artisticos e Historicos.
    ARTICULO 52.

    Al que por medio de incendio, inundación o explosión dañe o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión de dos a diez años y multa hasta por el valor del daño causado.
    Al que por cualquier otro medio dañe o destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se
    le impondrá prisión de uno a diez años y multa hasta por el valor del daño causado.
    27 de septiembre a la(s) 20:39 • 2

    Y después un comentario sobre este articulo de Tomas Juárez que introdujo Alina Toalavia en el grupo, y aquí esta lo bueno, todo el dialogo entre Guillermo Tovar y sus “ayudantes”:
    Alina Toalavía
    28 de septiembre de 2013 10:38

    Afrenta a la vida institucional
    elpresentedelpasado.com
    por Tomás Juárez En días recientes, las redes sociales y los medios de comunicación han abordado pro…

    Aquí hay que ingresar a la página de “El Caballito, Conservación” para ver el dialogo, ya que no hay espacio aquí para reproducirlo.
    Cuidado de aquel que se atreva a pensar diferente al virrey.
    No sé si a Alina Toalavia también la vetaron, no la conozco, como tampoco conozco al señor Tomas Juárez.
    Pero si, seguramente están preocupados por el patrimonio, como se puede apreciar en el siguiente dialogo:
    Javier Medina Marquez
    Les comparto esto amigos. Es una pena
    La Jornada: Propone Peña un recorte de casi $4 mil millones al gasto cultural para 2014
    http://www.jornada.unam.mx
    Afectados, INBA, producción cinematográfica, ciudades patrimonio de la humanidad y otros rubros

    Aquí hay que ingresar a la página de “El Caballito, Conservación” para ver el dialogo, ya que no hay espacio aquí para reproducirlo.
    Y así continúan, entre chacota y c…ta esperan el dictamen del INAH solo para ver que critican, porque es evidente que ellos no tienen la mínima capacidad para emitir una opinión sobre el asunto,- usted misma lo noto cuando ha tenido que explicarles hasta las formas y contenidos de un contrato.
    Y aquí está la nueva versión del niño verde; dice Guillermo Tovar de Teresa:
    “La Autoridad del Centro Histórico (Alejandra Moreno Toscano), Flores y la empresa se pasaron por el arco del triunfo al INAH y a Inti Muñoz. Este último no puede decir todo esto, y ahora tiene que dar la cara, por razones de su cargo, asumiendo una responsabilidad que le compete, aunque es ajeno a las decisiones del Consejo, la Autoridad, el especialista y la empresa. Si se recurre al órgano de Transparencia del GDF, se podrá comprobar todo esto. Esta recapitulación puede ser útil para saber más acerca de quiénes fueron responsables de tal daño. Si no es como lo digo, les pedimos por favor que nos aclaren detalles y nos muestren papeles firmados.”
    Y luego dicen que no lo defienden a toda costa!
    “es que lo chamaquearon”.
    Es como un comentario que leí y que en este momento no recuerdo donde: ” es como pasarse el alto y echarle la culpa al policía”

    Andrés Volovsek.

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  6. Caín. ¿Cómo el señor Guillermo se dedica a atacar a la institución que de alguna manera -no siempre la mejor- depende de la que dirige su hermano? ¿Y si mejor se echan un café?

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