Crítica selectiva

por Jorge A. Méndez *

En su entrada “Democracia selectiva”, Bernardo Ibarrola plantea algunas cuestiones a las cuales, me parece, es necesario hacer aclaraciones, apuntes y demandas. El texto cuestiona la toma de las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM realizada por algunos estudiantes en la noche del 13 de septiembre. Su crítica, fundamentalmente, consiste en la denuncia del carácter unilateral y antidemocrático de la decisión, argumentando, entre otras cosas, la naturaleza sectaria de pequeños grupos que, según él, se consideran a sí mismos “vanguardia[s] revolucionaria[s]”. En su idea, estos grupos harían todo lo posible para que no prosperara la asamblea convocada para el martes 17 de septiembre. A todo esto pueden realizarse las siguientes objeciones:

1. Ibarrola reclama que la decisión fue tomada por encima de la mayoría de los integrantes de la facultad. Sin embargo, hace gala de su carácter puramente intelectual, pues no contempla que la situación concreta difiere radicalmente de la ideología. ¿Puede acaso el doctor Ibarrola enunciar un ejemplo claro en el que una decisión en la facultad no haya sido tomada por encima de la mayoría de sus integrantes, ya sea promovida por estudiantes, trabajadores, académicos o administrativos?

Ante los sucesos del viernes 13 de septiembre, grupos de activistas organizados en la facultad tomaron una decisión pronta como respuesta, ya que, obviamente, no podían recurrir a una instancia inexistente (que, en la idea de este profesor, aglutina a la totalidad de los integrantes de la facultad en todo espacio y en todo tiempo). Todavía mejor, ante la evidencia de que un paro indefinido no apoyado por la comunidad fracasaría de manera contundente, se decidió abandonar la toma de instalaciones el mismo sábado 14 por la mañana y esperar la deliberación de la asamblea convocada para el martes 17.

2. Ibarrola argumenta que el mecanismo de las asambleas convocadas por esos mismos grupos consiste en la imposición del consenso y, según lo dijo en alguna de sus clases, en el desgaste. Sin embargo, ante mi cuestionamiento sobre la ausencia de crítica a las autoridades de la facultad en su texto, que —utilizando sus propios argumentos— constituiría el ente antidemocrático por excelencia, recibí como respuesta lo siguiente:

Respecto a mi ausencia de crítica sobre lo que ocurre en la facultad: no tienes por qué conocer mi biografía ni yo tengo ganas de contarla; en todo caso, cuando se tercia, busco plantear mis opiniones en las espacios adecuados: el comité académico del Colegio de Historia, el Consejo Técnico de la facultad, las reuniones de profesores, y me temo que se tercia con una frecuencia muy superior a los que conviene a mis buenas relaciones públicas.

Evidentemente mi pregunta se refería a un asunto claro, “la ausencia de crítica a las autoridades de la facultad”, no a su biografía o al interés que pudiera tener en contarla, que por lo demás carece totalmente de importancia. Su respuesta evidencia una incongruencia contundente: la falta de crítica a las autoridades antidemocráticas, catalogadas así utilizando sus propios preceptos, revela que su postura en última instancia no se basa en argumentos; se basa tal vez, quizá, en un mero sentimiento de rechazo originado por experiencias anteriores ante situaciones similares. La ausencia de dicha crítica (que podría argumentarse se debe a un silencio voluntario) se explica por la inexistencia de la misma, pues el doctor Ibarrola, como él mismo lo menciona, confía y recurre a instancias oficiales para expresar sus ideas —instancias que, utilizando una vez más sus propios preceptos, han demostrado en sinnúmero ocasiones su ineficacia democrática (véase mi comentario a su texto).

3. En el texto se generaliza de manera indiscriminada, y se asegura que estos grupos evitarían el desarrollo de la asamblea, y que incluso algún cartel de convocatoria, cuya foto se publicó, iba a desaparecer en las horas siguientes. Ibarrola extiende la actitud propia de una minoría marginada, que lamentablemente aún existe, al resto del activismo estudiantil en la facultad, pues parece ser que para él (como para muchos otros) no cabe la posibilidad de que en la movilización nos encontremos, en mayoría, personas que tomamos una actitud radicalmente distinta. Pero es comprensible, pues traslada su propia experiencia, de manera automática, a una situación actual que desconoce.

Como respuesta a un comentario, Bernardo Ibarrola dice: “Yo creo que el problema de base es que los alumnos están totalmente desmovilizados. Creo que la única posibilidad que esto cambie es que revivan las verdaderas organizaciones estudiantiles, que además están contempladas en la legislación universitaria.” Sería bueno, en una demostración de congruencia, que enunciara a las “verdaderas” organizaciones estudiantiles a las que refiere, que argumentara su necesaria reorganización, y demostrara que éstas nunca llevaron a cabo actividades y toma de decisiones por encima de la mayoría.

La asamblea del martes 17. (Foto: robada de la pared FB de Francisco Cerezo.)

La asamblea del martes 17. (Foto: de la pared FB de Francisco Cerezo.)

El profesor Ibarrola no acudió a la asamblea del martes 17, en la que concurrieron aproximadamente 1 200 integrantes de la comunidad (algo no visto desde hace mucho tiempo), seguramente debido a la falta de propaganda y al deseo de los grupos activistas de no hacerla prosperar, como aseguró. En esa asamblea, después de horas de discusión, y en las que se vertieron diversos puntos de vista, el paro cívico de dos días convocado por la CNTE fue aprobado por aproximadamente mil personas, ante apenas 200 que se manifestaron en contra. No tuvimos la oportunidad de escuchar la panacea de organización estudiantil que Bernardo Ibarrola nos ofrece.

11 Respuestas a “Crítica selectiva

  1. Respuesta. Ofrezco una disculpa por su extensión, pero a veces vale la pena sacrificar brevedad en aras de precisión.

    1. En mi entrada Democracia selectiva denuncié la toma arbitraria de la Facultad de Filosofía y Letras y critiqué tanto la respuesta de su cuerpo directivo como al grupo de personas que realizó dicha toma.

    2.En un post, colgado a mi entrada, a Jorge Méndez, le “…parecen correctos [mis] comentarios sobre los vicios del activismo en la facultad”, pero le “…parece grave…” no haberme escuchado referirme “…al factor determinante de la inmovilidad política de los estudiantes de la facultad, y que tiene que ver con la apatía frente las propias cuestiones políticas que la mayoría de los profesores, incluido usted, inculcan en sus lecciones…”. Poco después resume ―sin objetar― el contenido de mi crítica (es decir, el carácter antidemocrático del cierre de la Facultad); y lanza otro ataque:“…[usted] no critica el proceder todavía más antidemocrático […] de las autoridades de la Facultad […] Una actitud de su parte sumamente cuestionable, pero comprensible, dado que hacer tal crítica lo llevaría señalar directamente a personas ‘conocidas’…” Y concluye reiterando la primera acusación: mi texto “…lo que promueve en última instancia es la apatía de los estudiantes…”, pues los provee de argumentos “…para justificar una inmovilidad…”

    3. En resumen, Jorge Méndez respalda (o al menos no contradice) mi crítica a la toma de la Facultad ni el procedimiento antidemocrático del que se valieron quienes la realizaron. En cambio, me acusa de inculcar apatía entre los estudiantes y de no criticar a las autoridades de la Facultad debido a mis relaciones personales con ellas.

    4. Yo respondo en otro post. A la primera crítica: “Mi trabajo como profesor no consiste en inculcar apatía o fervor frente a cuestiones políticas, sino acompañar y orientar en la medida de mis posibilidades a los estudiantes en su formación como historiadores profesionales. Parto del principio de que son adultos y que, en tanto tales, tienen derecho –y obligación— a la participación política, pero que también tienen la facultad de decidir si lo hacen o no…” Y a la segunda: “Respecto de mi ausencia de crítica sobre lo que ocurre en la facultad: no tienes por qué conocer mi biografía ni yo tengo ganas de contártela; en todo caso, cuando se tercia, busco plantear mis opiniones en los espacios adecuados: el Comité Académico del Colegio de Historia, el Consejo Técnico de la Facultad, las reuniones de profesores. Y me temo que se tercia con una frecuencia muy superior a lo que conviene a mis buenas relaciones públicas.”

    5. En su entrada de hoy Jorge Méndez me acusa de no comprender lo que ocurre (“…hace gala de su carácter puramente intelectual, pues no contempla que la situación concreta difiere radicalmente de la ideología…” y “…traslada su propia experiencia, de manera automática, a una situación actual que desconoce…”), y califica mi respuesta de “…una incongruencia contundente…”.

    6. Puesto que, según él mismo declara, mi biografía “…carece totalmente de importancia…” me parece innecesario responder a la primera acusación. Hacerlo a la segunda, en cambio, me permite plantear asuntos muy importantes para la comunidad de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

    7. Según creo, Jorge Méndez considera mi texto incongruente con base en un silogismo, que él considera incuestionable, pero que para mí es, simplemente, falso:
    Premisa 1: Yo rechazo las decisiones tomadas antidemocráticamente
    Premisa 2: Las decisiones que toman las autoridades de la Facultad son antidemocráticas
    Conclusión: Yo rechazo las decisiones tomadas por las autoridades de la Facultad
    Puesto que no cumplo con esta conclusión y no repito como periquito las palabras que Jorge Méndez quiere que yo diga o escriba, y hasta “…confí[o] y recurr[o] a instancias oficiales…”entonces considera mi texto incongruente.
    Como vimos arriba, para Jorge Méndez el proceder de las autoridades de la Facultad es “…más antidemocrático…” que el de las personas que tomaron la Facultad el viernes pasado. Para mí, no. Me explico: La Facultad de Filosofía y Letras es una institución regulada por un marco jurídico. Conforme a ese marco, el Consejo Técnico es su órgano de toma de decisiones y los integrantes del Consejo son elegidos por todos los integrantes de la comunidad, a través de un mecanismo secreto de votación. Esa es la fuente de legitimidad para la toma de decisiones de la Facultad. Reconocer esto, por cierto, no me impide criticar su diseño institucional y sus prácticas; tampoco, (¡faltaba más!) participar en su vida institucional y, cuando puedo, en los órganos deliberativos y consultivos para hacer lo posible por mejorarlos. Por contraste, no reconozco ninguna prenda de legitimidad democrática en las personas que tomaron la Facultad el viernes.

    8. Además, creo que, aparte de este error de razonamiento, Jorge Méndez parte de una premisa equivocada: que las personas que tomaron la Facultad representan a los estudiantes de la Facultad, cuando él mismo reconoce, acaso sin darse cuenta, lo contrario: “…ante la evidencia de que un paro indefinido no apoyado por la comunidad fracasaría de una manera contundente, se decidió abandonar la toma de instalaciones […] y esperar la deliberación de la asamblea…” ¿Entonces, en nombre de quién decidieron y realizaron esa misma toma? La respuesta es evidente: en nombre de ellos mismos.

    9. Sobre la asamblea del martes 17. Reconozco que los activistas del viernes actuaron con gran celeridad y eficacia: la convocatoria espontánea para discutir la toma de la facultad, se transformó en una asamblea “para ver cómo se apoya a la CNTE” y una vez que dio inicio, ni siquiera tuvieron que recurrir a la viejísima técnica de desgaste: con controlar la mesa desde el principio se decidió lo que querían en unas pocas horas. Al día siguiente, el miércoles, otra asamblea celebrada en el mismo lugar y a la misma hora, llegó a conclusiones diferentes, mientras que un grupo de estudiantes de la Facultad entregó una carta al Consejo Técnico para exigir que se impidiera el paro.Me parece evidente que las asambleas representan a las personas que asistieron a ellas y que la carta expresa la voluntad de los firmantes: nada menos, pero tampoco nada más.

    10. Me preocupa, por último, la convicción de una especie de axioma que se adivina detrás de los intentos de caricaturización de Jorge Méndez. Dice, refiriéndose a quienes protagonizaron la toma del viernes: “…no podían recurrir a una instancia inexistente (que en la idea de este profesor, aglutina a la totalidad de los integrantes de la Facultad en todo espacio y en todo tiempo)…”; concluye, descalificando a priori mis palabras: “…la panacea de organización estudiantil que Bernardo Ibarrola nos ofrece…”; A lo largo de estos días, he escuchado y leído esa misma idea varias veces: la representación de la totalidad de los integrantes de la comunidad es imposible, es una entelequia. Por lo tanto ―se deduce, aunque no se diga explícitamente― no vale la pena perder el tiempo buscándola ni construyéndola; quedémonos con nuestras asambleas como están: perfectas cuando deciden lo que queremos, espurias cuando nos contradicen.
    Aquí es total mi disenso respecto de lo que afirma Jorge Méndez. Estoy convencido que la representación de todos los integrantes de una comunidad de las dimensiones y características de la FFyL no sólo es posible, sino que es urgente y necesarísima. También sé que construirla es una labor complicada, que requiere mucho trabajo, algo de inteligencia y dosis importantes de buena voluntad. Por ello, para comenzar a trabajar, presento a continuación, en otro post ―y en las redes sociales, y donde me parezca útil― una propuesta al respecto, para que sirva de punto de arranque. Ojalá.

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  2. 19 de septiembre de 2013

    A los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la
    Universidad Nacional Autónoma de México

    Estimados estudiantes:

    Considero que las movilizaciones y discusiones que han tenido lugar en el seno de nuestra comunidad durante de los últimos días han padecido, todas, del mismo defecto de base: su imposibilidad de representación efectiva. ¿Qué tan resolutiva puede ser una votación a mano alzada en la que participó, en el mejor de los casos, 5 ó 10% del total de la población estudiantil de esta comunidad?, ¿qué representatividad entraña?, ¿con qué fuerza vinculante puede contar?, ¿qué legitimidad puede argüir?

    Por ello, les presento respetuosamente los rasgos básicos de mi propuesta para formar una organización estudiantil democrática de carácter permanente.

    —Nombre: Asamblea de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
    —Integrantes: todos los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras durante el periodo que lo sean efectivamente.
    —Objetivos: discutir, plantear y resolver problemas que atañen directamente las actividades estudiantiles en la Facultad de Filosofía y Letras.
    —Órganos de representación, coordinación y ejecución:
    —Asambleas por Colegio. Formadas por mayoría absoluta (la mitad más uno) de los estudiantes acreditados del Colegio de la FFyL. Sin mayoría absoluta no hay quórum, sin quórum, no hay Asamblea por Colegio. Reuniones semestrales.
    —Asamblea General. Formada por la totalidad de los representantes de cada Colegio electos para un periodo preciso por votación secreta en las Asambleas por Colegio. El número de representantes por Colegio se determina, proporcionalmente, por el número de alumnos de cada Colegio respecto del total de estudiantes de la Facultad.
    —La Asamblea General es el órgano permanente de la Asamblea de Estudiantes, con reuniones periódicas (quincenales o mensuales), con reglamento preciso, orden del día, derecho de voz para cualquier estudiante y capacidad ejecutiva a través de una mesa coordinadora y comisiones específicas electas por los integrantes de la Asamblea.

    Atentamente,
    Bernardo Ibarrola,
    Profesor de carrera
    https://www.facebook.com/groups/239126392908399/

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  3. Bien Jorge, muy bien. Ojalá que sigas compartiendo tus ideas, pues perspectivas como la tuya hacen mucha falta. Y muy bien por el blog, al darle salida a tu opinión por medio de este artículo.

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  4. Tu propuesta de organización es interesante Bernardo, aunque muy parecida a la que se utilizó durante la huelga de 1999 e Filosofía, salvo en lo de la mayoría absoluta (50% + 1).

    Por otro lado me gustaría preguntarte si ¿piensas que un Consejero Técnico elegido en votaciones en las que sufraga menos de ese mismo porcentaje, por lo menos en lo que se refiere a la parte estudiantil, tiene alguna legitimidad? Por tu respuesta a esta nota deduzco que sí se la otorgas, aunque no descartas participar dentro del marco que este ofrece “para mejorarlo”. Si esto es así, al condenar las asambleas que no cumplen con este criterio, creo que efectivamente como afirma Jorge, manejas un doble rasero.

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  5. Romeo:
    Creo que la bajísima participación de los estudiantes en la elección de sus representantes para el Consejo Técnico tiene que ver con la larguísima falta de organización real de los estudiantes en la Facultad.

    Pero al reconocer la legitimidad del CT, aun producto de esas bajas votaciones, no juzgo dos fenómenos semejantes con criterios distintos, sino que parto del principio de que se trataría de cosas diferentes: el Consejo Técnico ya existe y tiene un marco jurídico preciso que no exige un mínimo expreso de participación de la comunidad para la elección de sus integrantes.

    Si los alumnos contaran con una organización como la que propongo (y que parte de ideas elementales, muy difundidas y empleadas, por más que haya quienes las tilden de utópicas), esta regla garantizaría la representatividad de sus representantes, que es sobre lo que estamos discutiendo aquí.

    Otra diferencia de base sería la función: los alumnos del Consejo Técnico integran el órgano de gobierno de la Facultad. Los integrantes de la Asamblea representarían al conjunto de los estudiantes, en primer lugar, ante el Consejo Técnico y la dirección de la Facultad.

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  6. No son cosas diferentes. Lo que no debemos olvidar Bernardo, es que el aumento la presencia estudiantil en dichas instancias ya constituídas, ha sido fruto de la presión ejercida por movimientos estudiantiles, que tomaron la mayor parte de ellos, sus decisiones mediante asambleas tan “poco representativas” como las que hoy criticas.

    Ahora bien, dicha presencia se ha considerado históricamente por dichos movimientos como algo insuficiente y limitado, yo comparto este sentir. A diferencia de tí, creo que la baja participación en estos órganos, se debe más que a la poca organización de los estudiantes, a que estos nos son estúpidos y saben que no están adecuadamente representados en ellos. Incluso el más apático sabe que para cambiar las inercias que lastran a su universidad, el de los Consejos Técnicos y Universitario es el camino más largo. Para muestra, veamos el caso del hasta ahora recientemente destituído, Boris Berenzon.

    Las asambleas estudiantiles, con todo y los vicios que las aquejan, son la vía que encuentran los estudiantes preocupados por el devenir de su institución, para incidir en el destino de ésta. Si hubiera órganos de gobierno auténticamente representativos, probablemente estas no serían necesarias. No sé si te des cuenta de que al criticarlas tan duramente, aceptando la legitimidad de “lo que hay”, te pones del lado de los que quieren que todo siga igual, pero allá tu.

    Nota al margen: aunque no sé cuál sea su estructura, no deja de llamarme la atención de que el paro en la ENAH fue respaldado por el Consejo Técnico de la institución. http://ceasmexico.files.wordpress.com/2013/09/comunicado-consejo-tcnico-enah-170913.pdf

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  7. Con respecto a la legitimidad, la representatividad y la capacidad de organización, creo que nos hace falta algo que la regule. Lo que resulta sorprendente en una Facultad como la nuestra es que no haya un reglamento con respecto a las reuniones y a las sociedades estudiantiles (cosa, por cierto que se estipula en el artículo 87 del Estatuto General de la Universidad: http://xenix.dgsca.unam.mx/oag/abogen/documento.html?doc_id=1). Ello daría alguna pauta con respecto a lo que podría ser la asamblea y dejar de calificar y descalificar respecto a la opinión totalmente subjetiva de determinar cuáles fueran válidas, cuáles legítimas y con potestades.

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  8. Romeo:
    He tenido oportunidad de ver cuánto se puede hacer –y dejar de hacer– desde los órganos formales, como el Consejo Técnico. El caso Berenzon que tú mencionas me parece emblemático de cómo no todos los Consejos Técnicos procesan igual las cosas. Sin duda es insuficiente, pero puede no ser poco, y hasta mucho. Depende, insisto, en quién conforma el cuerpo colegiado, incluidos los alumnos.
    Yo por mi parte, no comparto tu visión maniqueista sobre los conflictos en la Universidad y no creo que criticar a los que toman mi Facultad me ponga de lado de quienes quieren que todo siga igual. Tú lo crees así y respeto tu opinión, pero no la comparto. Como tú dices: allá yo.

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  9. Claro que si ese reglamento lo hacen los actuales órganos de gobierno de la UNAM, tan limitados y caducos, probablemente se limite a establecer criterios que sancionen como legítimas aquellas asambleas y reuniones de estudiantes que resulten funcionales a los intereses de quienes copan los puestos de la alta burocracia universitaria.

    Quizá me repito pero la solución a mi juicio, va por el lado de abrir más los órganos de gobierno hacia una auténtica participación estudiantil, creando instancias en las que los alumnos se sientan representados y puedan incluso, por vías como la consulta y el plebiscito, participar en las decisiones que les atañen como universitarios. Esto por supuesto exige que exista cierta presión por fuera del actual marco institucional, porque no puede ser de otro modo, ya que es este el que no permite, o bien limita al máximo que sucedan cambios sustanciales.

    Todos los derechos de los que hoy se goza, no solo en esta ámbito, han sido logrados a partir de movimientos que no forzozamente se atienen a la legalidad imperante, basta revisar un poco la historia. Por supuesto que se les puede cuestionar y criticar, pero no sin hacer un balance de la situación y contexto en que surgen. Decir simplemente que las asambleas estudiantiles son “manipulables” o “poco representativas” y olvidarse del autoritarismo con que se conducen muchos de los directivos, al tomar decisiones que afectan al conjunto de los universitarios, es tomar partido por una de las peores taras que afectan a la institución.

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  10. Ah y llámalo maniqueísmo si te place, pero lo que te pone del lado de los que quieren que todo siga igual, que no es un grupo muy grande pero si muy bien posicionado, no es tu crítica a quienes toman tu (mi) Facultad, sino tu falta de crítica hacia los órganos que les permiten perpetuarse.

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