por Fausto Arellano Ramírez *

No es exagerado afirmar que la literatura da cuenta de la realidad. De ahí que quepa preguntarse: ¿puede un texto de carácter literario dar cuenta de una realidad de manera tan fidedigna como un texto de investigación con sus respectivas notas a pie de pagina y referencias a otros libros con las mismas intenciones de verosimilitud?

Raymond Carver, importantísimo escritor estadounidense del siglo XX, se basó en una experiencia personal para escribir “Vecinos”, relato que forma parte de su libro ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? —trad. Jesús Zulaika (Barcelona: Anagrama, [1978] 1997)—. Según el propio Carver, la trama de este relato fue tomada de su estadía en Tel Aviv, donde vivió en el departamento de unos amigos suyos. Un par de años después de vivir en la capital israelí, Carver decidió plasmar parte de su experiencia en un relato corto. Si bien no habla exactamente de un tipo que viaja a otro continente y se hospeda en la casa de sus amigos, esta experiencia le sirve para imprimirle mayor fidelidad su relato.

Cuando alguien lee Un año pésimo o Camino de Los Ángeles —ambos traducidos por Antonio Prometeo-Moya, ambos editados por Anagrama (2005 y 2008)es imposible no pensar que John Fante era descendiente de inmigrantes italianos que habitaba en un lugar paupérrimo de California o Colorado, y que vivía con una tan idea magnifica de sí mismo que rayaba en la locura. Las referencias a su vida aparecen por todos lados en ambas novelas.

Otro ejemplo menos directo es la historia en la que, según él mismo contaba, se basó Vladimir Nabokov para escribir su célebre Lolita —trad. Enrique Tejedor (Barcelona: Grijalbo, [1955] 1975)—. La idea de escribir la novela germinó durante su estadía en París, mientras se recuperaba de un ataque de neuralgia intercostal. La inspiración nació después de leer una nota periodística acerca de un chimpancé del zoológico del Jardin des Plantes qué había hecho el primer dibujo realizado por un animal. El dibujo del animal encarcelado consistía en los barrotes que lo mantenían recluido en su jaula. Después de eso, la historia fue moldeándose de manera concomitante a sus experiencias vividas, al grado de, por ejemplo, situar algunos episodios de la historia en parajes donde Nabokov y su esposa iban a cazar mariposas —que después irían a formar parte del Museo de Zoología Comparada de la Universidad Harvard—, continuando la escritura de la novela en la noche, al término de estas jornadas de cacería.

Sue Lyon, nínfula de nínfulas en la Lolita de Stanley Kubrick (1962)
Sue Lyon como nínfula en la Lolita de Stanley Kubrick (1962)

Para terminar con estas referencias —y siguiendo con la inconsciente línea de autores anglófonos del siglo XX—, Ernest Hemingway, citado por Carver, dice del literato que “su compromiso con la verdad debe de ser de tal grado que lo inventado se acerque mas que cualquier hecho a ella” y termina con un consejo para aquellos dedicados a ese oficio:

Busca lo que te provoca emociones; que la vida sea lo que te conmueva. Luego escríbelo del modo mas claro posible para que pase a formar parte de la experiencia de la persona que lo lea.

Parece que es imposible que alguien escriba algo sin haber tenido alguna sensación en su vida; que es imposible hablar y escribir acerca del “pánico” sin haberlo sentido antes. Esto también incluye, al menos indirectamente, a aquellos dedicados a las ciencias sociales. De otra forma, ¿qué nos orilla a elegir un tema sobre otros miles sí no es la atracción que sentimos por él? Una pregunta que deberían hacerse los estudiosos de las ciencias sociales es en qué se basaron para trabajar esos temas de tesis y qué tan empapados de subjetividad están al hacerlo.

La historia tiene tanta obligación de dar cuenta de la realidad que a veces se pasa por alto que la literatura tiene las mismas intenciones. Aquellos que planean dedicarse a la historia tienen tantas emociones como las pueden tener los literatos y, sin embargo, los primeros tienden a querer emular a Braudel o Bloch y se olvidan de Proust o Dostoievski. ¿Por qué desdeñar los destellos de realidad que nos brindan las obras literarias?

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