“Sicario” de trece años

por Israel Vargas Vázquez *

a los niños invisibles en su mes

El mexicano Narciso Contreras fue galardonado con el premio Pulitzer 2013 en la categoría “Fotografía de actualidad”. Este honor lo compartió con el argentino Rodrigo Abd, el español Manu Bravo, el palestino Khalil Hamra y el jordano Muhammed Muheisen. (Aquí está la página de los premio Pultizer.) Sus imágenes expresan la crudeza de la guerra civil en Siria desde el mismo corazón del país, con ángulos que nos llevan a la misma línea de fuego. Su labor y valentía fotográfica ilustra todo aquello que pasa inadvertido por los medios de (des)información mexicanos (con honrosas excepciones). El afán de la agencia Associated Press por difundir el trabajo de sus fotorreporteros va más allá de la información, pues busca crear conciencia sobre lo que actualmente le sucede a las personas del medio oriente y no cerrar los ojos ante lo largo que parece el conflicto. (Las fotografías pueden apreciarse aquí.)

El referente principal de las imágenes es la lucha armada; sin embargo, quien se detiene a observar detenidamente encuentra en las consecuencias de la batalla a las personas que sufren más. Me refiero a esas que no paran de llorar, que se desangran, se duelen, pasan hambre, van en brazos y que no comprenden lo que sucede. Esas personas son los niños.

Generalmente no nos preguntamos por los miles de niños que quedan huérfanos al perder a sus padres en la guerra. En la historia, ni se diga, quedan “invisibilizados”. Para los niños que luchan, sufren, sobreviven y pagan con miles de traumas el resto de sus vida, la escuela se convierte en un lugar ajeno, a pesar de que, en países como el nuestro, se establece constitucionalmente que su educación debe ser gratuita y obligatoria. La Unicef publicó que en México existen al menos 6 millones de niños que no tienen la oportunidad de ir a la escuela (Aquí la nota de Provincia.) Además, la escuela tampoco brinda éxito ya que los que asisten no pueden siquiera alcanzar un nivel aceptable en comprensión de lectura. (David Toscana publicó un artículo sobre este problema en el New York Times.)

El presunto matón.

El presunto matón.

Las difíciles condiciones para que los niños asistan a la escuela las convierte en algo secundario. Cuando la prioridad es sobrevivir —y dejando un poco el terreno sirio para observar a nuestro país—, en México esos pequeños son los blancos perfectos del crimen organizado y de la policía. En principio inocentes, su carácter dócil y sus deseos de ser alguien los lleva a integrarse al orden delictivo. Ese fue el caso de Jorge Armando Moreno Leos, a quienes los medio de comunicación televisivos y periódicos amarillistas lo calificaron como el “niño sicario”.

El 28 de febrero pasado fue hallado su cadáver a unos kilómetros de la ciudad de Zacatecas. Solo tenía trece años. Se había vuelto famoso nacionalmente cuando fue detenido por la policía federal y presentado como parte de una banda delictiva. No faltaron portadas de periódicos y noticieros acusándolo de criminal sin apenas haber sido procesado. Se le torturó para obligarlo a decir lo que los medios quieren escuchar: “[que] forma[ba] parte del crimen organizado en calidad de matón.”

Hoy su muerte saca a la luz una vida que parece ajena a lo que nos han dicho (como en cualquier parte la historia de México). Un niño de una familia desintegrada, que apenas sobrevía lavando coches, encontró en el tráfico de drogas la forma de ganar más dinero. Al ser capturado junto con un grupo de personas presuntamente traficantes, salió en libertad porque “sólo tenía trece años” y la juez no deseó procesarlo. Veinticuatro días después se anuncio su muerte. El semanario Proceso ahora relata bastantes verdades de su sufrimiento emocional, la tortura que padeció y de su muerte. (Aquí el reportaje en versión digital.)

Desafortunadamente, los niños que buscan un sustento también pueden recibir toda la descarga de nuestros prejuicios (que quizá sea el mejor de los casos, ya que dejarlos invisibilizados sería peor). Esta percepción acrítica, negativa y racista que tenemos de quienes inocentemente o con un interés infantil se integran al crimen puede leerse en los comentarios debajo del articulo digital de Proceso. Por citar algunos: “Gracias[,] Dios[,] por desaparecer esta rata humana, ahora mis hijos no se tendrán que andar cuidando de diablo cuando crezcan”; “no hay como morirse para ser casi santo”; “un muerto delincuente de pacotilla, o un potencial sicario, como quiera que haya sido, es una lacra menos en las calles de México”.

Creo que nosotros los historiadores tenemos la obligación de que estos niños (nacionales y extranjeras) pasen a la historia como gente digna, que buscaron una solución a sus problemas inmediatos como el hambre y la inseguridad, y que no pudieron disfrutar de su niñez y de una vida adulta. Si no asumimos este problema historiográfico y social, casos como el de Jorge Armando Moreno Leos prevalecerán como fantasmas invisibles de los que sentimos pena —parafraseando a Kafka— como si la vergüenza les sobreviviera.

Una respuesta a ““Sicario” de trece años

  1. No sólo hay que celebrar el día del niño con globos y dulces, también hay que reflexionar sobre estas problemáticas que se dan a nivel internacional. El estado y los medios masivos de desinformación cierran los ojos ante lo verdaderamente importante, solamente se dedican a criminalizar, sin ver el problema de raíz. Buena reflexión.

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