Oídos sordos

por Huitzilihuitl Pallares Gutiérrez *

Tal parece, como bien apuntó Aurora Vázquez Flores aquí, que diálogo es el punto central del discurso que enarbolan las dos partes involucradas en torno del problema que aqueja a la universidad: la toma de rectoría. El grupo que tiene el edificio desde un principio pidió “el establecimiento de un diálogo público y resolutivo” y en consecuencia el rector José Narro declaró que “no habrá diálogo de ninguna naturaleza mientras tengan tomadas nuestras instalaciones”.

La enérgica respuesta del rector fue recibida por la opinión pública con aplausos. Y es que se argumenta que el diálogo es previo a las situaciones de fuerza, que se puede entablar entre dos partes sin condición de ningún tipo, pues se trata intercambiar y discutir puntos sobre un tema bajo el principio de tolerancia de igual legitimidad de otros puntos de vista. Así, el diálogo es parte de  la naturaleza de cualquier universidad. (Tal es la opinión Guillermo Sheridan, véase la nota aquí.)

Lo que no está pasando en la rectoría de la UNAM.

Lo que no está pasando en la rectoría de la UNAM.

Sin embargo, en pocas ocasiones las autoridades están dispuestas a escuchar a la comunidad universitaria. Basta mencionar un caso en el que los protagonistas no fueron los estudiantes sino los profesores de la universidad: en el marco de la coyuntura electoral pasada, un grupo de académicos solicitó que el canal de televisión de la UNAM trasmitiera el debate organizado por el movimiento #Yo Soy 132. El día en que se aproximaron a la puerta principal de rectoría para conocer la respuesta, algunos “empleados cerraron la puerta de prisa y con candado” y los académicos se quedaron sin recibir respuesta alguna por parte de las autoridades universitarias. (Véase aquí la nota.)

No sorprende la postura del rector ante el conflicto que vive la UNAM. Tampoco sorprende que a mi correo electrónico llegara un mensaje de la dirección de la Facultad de Filosofía y Letras, solicitando mi firma (si estaba de acuerdo, por supuesto), para el siguiente documento:

Quienes suscribimos este documento, frente a la toma de la rectoría de nuestra casa de estudios, manifestamos:

1. Nuestro rechazo a la violencia como fórmula para expresar demandas o promover soluciones a las mismas.

2. La exigencia de que se liberen las instalaciones y se regrese a la normalidad.

¿Por qué las autoridades de la facultad no nos solicitaron nuestra opinión sobre el conflicto y sí nuestro apoyo incondicional?

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