por Rubén Amador Zamora, Mario Vázquez Olivera y Luis Fernando Granados *

El “calendario del proceso de evaluación y autorización de los libros de texto de educación secundaria para el ciclo escolar 2013-214” fue anunciado por la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP el 13 de marzo, 2012, y apareció en el Diario Oficial de la Federación el 28 de marzo, ese mismo año. De ese modo quedaron establecidos los términos y los plazos para la última fase del concurso que debía normar, entre otros, la elaboración de los nuevos libros de texto de historia “universal” e historia mexicana para la enseñanza de los adolescentes. Las fases anteriores habían incluido talleres con editores y autores, así como una serie de rumores, que eventualmente se confirmaron, relativos al momento en que la SEP recibiría y evaluaría los nuevos libros de texto, correspondientes a la adecuación de los programas de estudio de 2011.

Como la “adecuación” modificaba de manera significativa tanto la estructura como los contenidos de los libros, la SEP decidió entonces que en 2012 sólo evaluaría los textos correspondientes al primer curso de historia y que dejaría para el año siguiente los libros que se ocupan de la historia de “México”. Un año después, esta segunda parte del proceso todavía no ha iniciado de manera formal. Ni siquiera circulan rumores sobre las fechas en que la SEP comenzará a avaluar los libros “actualizados”.

Antonio Ruiz, "Desfile cívico escolar, fiestas patrias" (1936)
Antonio Ruiz, El Corcito, “Desfile cívico escolar, fiestas patrias” (1936).

Es sin duda posible que este retraso no sea más que consecuencia de las sacudidas burocráticas que suelen acompañar el inicio de un nuevo sexenio. Y sería todavía más comprensible que lo fuera en este caso, visto que la caída de Elba Esther Gordillo implicó una alteración considerable en el modo en que, durante la era panista, se gobernaba la educación pública en nuestro país. Ojalá, sin embargo, el motivo de esta demora —que comienza a poner en peligro la realización de los libros de texto para el ciclo 2014-2015— tenga que ver más bien con una evaluación rigurosa de la “reforma integral de la educación secundaria” de 2006 y su corolario de 2011; es decir, con la intención de enmendarle la plana al sexenio calderonista y emprender una reforma de la reforma que corrija los muchos errores conceptuales, pedagógicos, editoriales e historiográficos que la estructuraron, y con los que tienen que lidiar, de manera cotidiana, autores, editores, profesores y estudiantes. Porque, tal y como están pensados actualmente, los programas de los dos cursos de historia son a un tiempo absurdos, inaplicables y perniciosos.

Sin entrar siquiera a la discusión de por qué los programas sólo consideran “estudiable” la historia del mundo moderno, o sea la que comienza en el siglo XV de la era común; o por qué se insiste en considerar el pasado de México como un objeto de conocimiento distinto del pasado del mundo; o —en fin— por qué la historia no mexicana sigue siendo, en el programa del primer curso de historia (el que se enseña en segundo de secundaria), fundamentalmente una historia de Europa y el primer mundo, es tan torpe y deficiente la “adecuación” de 2011 que resulta indispensable discutirla, analizar lo que son y pueden ser los libros elaborados bajo sus directrices, y también apelar a los profesionales de la historia —hasta ahora lamentablemente omisos— para que se involucren en su reelaboración.

De los muchos, gravísimos problemas que presentan ambos programas, aquí vamos a ocuparnos sólo de un puñado, que hemos dividido en dos grandes categorías: por un lado, sus aspectos pedagógicos, en particular la manera en que se relacionan los contenidos con los aprendizajes esperados, y por otro sus rasgos propiamente historiográficos, relativos a los temas que deben enseñarse, aunque eso inevitablemente supone una reflexión sobre los productos editoriales esperados (o sea los libros mismos). Por razones de la exposición, privilegiaremos ejemplos del segundo curso —el que se ocupa, precisamente, del pasado mexicano.

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