Marzo de la liberación

por Alejandro Herrera Dublán *

1.

Durante lo que se consideró como el primer acto de su rectoría interna en la UACM, el viernes 8 de marzo, Enrique Dussel dijo: “el pueblo es quien paga los estudios a los alumnos y los salarios a los profesores” y que por eso hay una responsabilidad con esa comunidad, pues la universidad es “un proyecto comunitario”.

Argentino de nacimiento, exiliado en México desde 1975, Dussel se declaró “esclavo de su conciencia ética”. Aunque la circunstancia en que asumió su cargo se presta a suspicacias, el sentido de sus palabras coinciden con los planteamientos de la filosofía de la liberación, de la que es fundador y que comparte con sus hermanas la pedagogía de la liberación y la teología de la liberación, en algunos sentidos, la “opción preferencial por los pobres”.

2.

El próximo jueves, 28 de marzo, se cumplirán dos años del asesinato de Juan Francisco Sicilia. Este hecho marcó el inicio, en Cuernavaca, de una las más grandes movilizaciones civiles de nuestro país en la época reciente. Encabezadas por su padre, el poeta Javier Sicilia, éstas lograron visibilizar a las víctimas de “la guerra contra el narcotráfico” que emprendió el gobierno de Calderón.

Más de un año después, al anunciar que finalizaba su ciclo como líder del movimiento por la paz con justicia y dignidad, Sicilia aseveró: “Yo creo que el tiempo de los líderes ya pasó. El hecho de que los movimientos mantengan a un líder es perder el sentido de la historia; hoy, los actores principales ya no pueden recaer en una sola persona, deben ser colectivos, tener estructuras más horizontales y sólidas.”

3.

Sicilia reconoce en Iván Ilich a un mentor. Ilich, como fundador del CIDOC,  junto con Gregorio Lemecier y el obispo Sergio Méndez Arceo, creó en Cuernavaca “uno de los principales centros del pensamiento crítico mundial” durante los años setenta del siglo XX (como afirma Lya Gutiérrez Quintanilla en esta nota del Diario de Morelos). Méndez Arceo, que fue miembro de la Academia Mexicana de la Historia entre 1954 y 1972 —aunque ahora la AMH no lo reconoce—, era considerado un “obispo rojo” por sus acciones y pronunciamientos tales como éste que Elena Poniatowska recordó con motivo del centenario de su nacimiento: “Las revoluciones violentas de los pueblos pueden estar en algunos momentos de la historia absolutamente justificadas y ser totalmente lícitas, porque la revolución en el propio sentido de renovación es finalizar lo inacabado o aquello que se puede perfeccionar” (el artículo puede verse aquí).

En 1979, durante la III conferencia de la CELAM, en Puebla, Méndez Arceo buscaba encontrarse con Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, quien había rehuído encuentros previos con el obispo —según cuenta María López Vigil en un artículo que puede consultar aquí— diciendo “mejor no, monseñor Méndez está muy quemado”. Cuando por fin se reunieron, un testigo cuenta que “don Sergio estuvo extremadamente solidario con él y él mucho se lo agradeció. Se dio una relación de apoyo personal, pero no de identificación ideológica”.

4.

El domingo de ramos, 30 de marzo de 1980, en la catedral de San Salvador, la misa de cuerpo presente de monseñor Romero, asesinado en la víspera por órdenes de Roberto D’Aubuission, fue interrumpida por el ataque que, con bombas y balas, realizaron fuerzas paramilitares sobre los miles de asistentes al sepelio. El obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, y el cardenal mexicano Ernesto Corripio, cocelebrantes en la liturgia buscaban afanosamente, sin encontrar, el vino y el pan necesarios para continuarla, en medio de muertos y heridos. Una sobreviviente relató:

—Dénme hostias para continuar la misa —dijo Corripio.

—No hay hostias, excelencia.

—Dénme vino.

—No hay vino.

—Pues entonces un libro para rezar al menos los responsos.

—Tampoco hay libro, excelencia.

Samuel Ruiz se sacó entonces un librito de oraciones del bolsillo, y eso sirvió para al menos rezar algo antes de enterrar el cuerpo de Romero. Todo se hizo de prisa. Estaba ya la tumba abierta. A las carreras metieron allí el ataúd. Y más ligeros, los albañiles empezaron a poner cemento y ladrillo, ladrillo y cemento. Hasta que lo repellaron todo.

5.

Monseñor Óscar Arnulfo Romero llegó a ser obispo con el beneplácito de la oligarquía salvadoreña. Censuraba a los curas que manifestaban ideas políticas y era considerado como un conservador que vivía alejado de la realidad de su país. Un proceso de conversión que parece increíble le suceda al papa consagrado el pasado 19 de marzo le ocurrió a quien Pedro Casaldáliga nombró “San Romero de América”.

El lunes 24 de marzo de 1980, después de haber leído la parábola del grano de trigo que, al morir, se multiplica, y de coincidir con San Pablo en su homilía en torno a que “es necesario no amarse tanto a sí mismo que se cuide uno para no meterse en los riesgos de la vida que la historia nos exige”, un disparo segó su vida durante la consagración.

El 24 de marzo, 1980

El 24 de marzo, 1980

Monseñor Romero había declarado al periodista José Calderón, dos semanas antes de su asesinato: “como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño.”

Hoy, a treinta y tres años de su muerte, además opino que Óscar Arnulfo Romero vive.

 

2 Respuestas a “Marzo de la liberación

  1. Me impacta de dos formas este artículo; el primero, a decir verdad, conmoción por la forma en que se lucra con la vida de las personas,especialmente en el caso de Monseñor Romero ,por la manera y las causas por las que que muere, el dolor de sus conocidos al ser involucrados incluso, después de su fallecimiento, me resalta el valor que tienen para continuar resando por el cuerpo.
    Por otra parte, pienso que la convergencia de todos los casos radica en lo que se hace después de un suceso, el tomar acciones y no resignarse, más aún pensar en movilizarse para buscar el beneficio o la justicia de la comunidad.Sentimientos de fraternidad que nacen a partir del dolor, el cual en lugar de profundizarse o resignarse, busca transformar.

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  2. Buenos días profe Alejandro:
    Me atrevo a decir que Marzo ha representado en este artículo, a un mes en donde se busca la justica, la libertad de los más oprimidos y el rescate de la dignidad humana como respuesta a una serie de acontecimientos adversos. Tercer mes de nuestro calendario …. número 3, enigmático.
    Con respecto a Monseñor Romero, quiero retomar una frase del Che Guevara: “Estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica”.
    Esto es lo que distingue a un líder común de un guía extraordinario, no cualquiera asume la responsabilidad de sus acciones, no cualquiera está dispuesto a morir por defender lo que él considera que es lo correcto y Monseñor Romero lo demostró, por eso ha trascendido, por eso sigue vivo.
    Saludos

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