por Alejandro Herrera Dublán *

El plan de estudios de 2011 para historia determina que el bloque 4 de tercer grado de secundaria se dedique al estudio del periodo entre 1910 y 1982, que ha titulado “La revolución mexicana, la creación de instituciones y desarrollo económico”. A diferencia del plan anterior, de 2006, el actual ya no sugiere las horas de clase destinadas a esa etapa (que eran 30), tal como ocurre para todos los otros periodos. De cualquier forma, dada la calendarización de los exámenes —dispuesta difusa pero rigurosamente por las autoridades educativas—, para éste corresponden siete semanas, o sea 28 sesiones ideales de 50 minutos.

El periodo se divide en seis temas, además de uno introductorio, por lo que a cada uno le corresponde una semana. El segundo se llama “La política revolucionaria y nacionalista”, que a su vez comprende los subtemas De los caudillos al surgimiento del PNR, Guerra cristera, Organizaciones sindicales y campesinas, Reforma agraria, El cardenismo, El presidencialismo, El indigenismo, Los proyectos educativos y ¡puf!, por último, Nuevas instituciones de seguridad social.

El subtema “De los caudillos al surgimiento del PNR” está delimitado por los años 1913 y 1929. Las disputas protagonizadas por Villa, Zapata y Carranza, así de ridículamente resumidas, merecen idealmente unos de 20 minutos de clase. Con todo, aún hay en los alumnos de secundaria vestigios de un cierto interés nacionalista o, mejor aún, curiosidad sobre el barbudo viejito de lentes, el bigotón con cananas o el de la foto de un viejo cartel gringo que tiene la leyenda reward, sobre los cuales partir para construir un conocimiento significativo de la historia de México. Del manco que fue asesinado en La Bombilla, del comecuras, del interino a la muerte de Carranza o de aquél que se llama como un personaje de Plaza Sésamo es un poquito más difícil esperar algo que interese, per se, a los muchachos. No hay que olvidar que, por mucho que en ese tiempo se haya fundado la SEP y el abuelo del PRI, la velocidad en la construcción del conocimiento histórico, impuesta desde esa misma secretaría, demanda poca profundización en todo tema.

Abelardo L. Rodríguez
Abelardo L. Rodríguez

La historia, afortunadamente, es mucho más que ese engendro odiado por los estudiantes, inútil, tedioso y sin sentido que promueve la institución educativa desde su funcionario más alto hasta el maestro que no recula contra la ridícula tarea de “enseñarla” tal como está escrito en los planes.

¿Qué tal si, para mostrar que la historia está cerca de los intereses de los estudiantes les preguntamos por qué los actuales campeones del futbol mexicano tienen en su playera un anuncio de los casinos Caliente? ¿Qué tal si les damos información sobre los antecedentes de Tijuana como zona de tolerancia-para-gringos en el mismo periodo que abarca el subtema que tratamos? ¿Qué tal si hablamos un poco de la familia propietaria de los Xolos, su vínculo con el PRI, hasta llegar, yendo hacia atrás en el tiempo y pasando por Isidro Fabela, al grupo de los “sonorenses” que fundaron al PNR?

¿Qué tal que aprovechamos que hay notas periodísticas muy recientes sobre el deseo de Carlos Hank Rhon de ser gobernador de Baja California, de que la FIFA desmanteló una red de apuestas ilícitas, o de que el Chapo, rival victorioso del cártel de Tijuana, es enemigo público número uno en Chicago, la ciudad que en el “periodo de los caudillos” sufría una violencia engendrada por las mismas leyes prohibicionistas e hipócritas que hicieron florecer a Tijuana? (Por supuesto, todo esto tampoco cabe en 20 minutos ideales de clase.)

Retorcer el monstruoso plan de estudios de historia para darle un sentido distinto al del abyecto enciclopedismo que promueve, queda inequitativa y por ende desafortunadamente en manos del docente. La escuela secundaria también es un ámbito académico y me parece inexcusable que muchos historiadores no se pronuncien en manera alguna por modificar sus planes de estudio, ni siquiera para que sus propias investigaciones ya no se queden, como apunta Carlos Betancourt Cid, en la academia, sin trascender al saber colectivo.

* Profesor de historia y geografía en nivel secundaria

4 Comments

  1. Imaginativa propuesta de Alejandro Herrera. El asunto es que, así como desconocemos la historia general de México, también es evidente el escaso conocimiento de historia regional o de las entidades federativas. El cliché de Tijuana no es la historia de Baja California, el equipo de sóccer de reciente comercialización no es el equipo más seguido en la región ni el fútbol el deporte mayormente visto por los estudiantes. El caso del hijo del profesor Hank es uno más de los connacionales que llegan a probar fortuna y dice muy poco de la política electoral de estas tierras. Ergo, los estudiantes de secundaria seguirían igual de perdidos repitiendo el nombre de los héroes nacionales o ignorando lo que ocurre en la frontera norte, la frontera sur o los varios México(s) que conforman la nación.

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    1. Hola Jesús.

      Los docentes sabemos que, para que los estudiantes interioricen lo conceptos, los conocimientos y, sobretodo, para despertar su interés, es fundamental generar estrategias que permitan mediar entre ellos y los aprendizajes esperados. Bien, el presente artículo menciona una, lo que no quiere decir que se estigmatice a alguno de los estados de la República Mexicana o que se dé por hecho que “es sólo eso”. Acercarlos a la historia a partir de sucesos próximos es un acierto. En los historiadores, en general, y, de cada región, en particular, recaerá, si así lo desean, la responsabilidad de investigar y compartir solidariamente sus trabajos para que tengamos más elementos en el aula de clases.

      ¿Qué opinas del tiempo que se dedica al tema que se aborda en el artículo?

      Un saludo
      Esmeralda

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  2. Buenos días profe Alejandro:
    Retomo el último párrafo de su publicación para realizar mi comentario.
    Por supuesto que muchos historiadores -llámense también matemáticos, físicos, químicos, etc.- tienen excusas para no llevar a cabo las modificaciones que usted sugiere, y como ejemplo puedo mencionar que no desean dejar su “zona de confort”.
    Para muchos de ellos es más fácil seguir la normatividad que modificar, porque significaría invertir tiempo en diseñar estrategias como la que usted propone, ¿para qué mortificarse si ya todo está hecho?
    Lamentablemente no “visualizan” que de hacerlo, demostrarían que poseen un pensamiento crítico y reflexivo, y por lógica, la capacidad de desarrollarlo en sus jóvenes estudiantes.
    Los docentes debemos asumir la responsabilidad de dar flexibilidad a los planes de estudios, porque -sin temor a equivocarme-, son estructurados por personas que en su vida han estado en un salón de clases lleno de jóvenes inquietos, que sí tendrán deseos de aprender, pero de forma tan pasiva y rigurosa como lo pretenden las autoridades educativas.
    Saludos cordiales

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  3. Perdón, hubo un pequño error en la última línea, lo correcto es: pero no de forma tan pasiva y rigurosa como lo pretenden las autoridades educativas.
    Saludos

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