¡No a la guerra, no en nuestro nombre!

por Aracely Cortés-Galán *

El 15 de febrero de 2003, alrededor del mundo se reunieron millones de personas para decir “No a la guerra en Irak”. A nivel internacional, el 15-F marcó un paso adelante en la coordinación y acción conjunta de los diferentes grupos que se formaron en torno de la lucha contra la guerra. Las movilizaciones antibélicas del año 2003 estuvieron acompañadas del creciente descontento social que había en cada uno de los países, sin importar grupos o clases sociales.

Al inicio de ese año, antes de las movilizaciones en contra la guerra, la lucha se centraba en contra las políticas impuestas por gobiernos cuya intención era apoyar de manera irrestricta al neoliberalismo. En ese sentido, las expresiones contra la guerra no deben de ser entendidas sólo como de rechazo al conflicto bélico, sino también como un rechazo popular a las políticas que afectaban y afectan los intereses de los ciudadanos. Las protestas antiguerra tuvieron como antecedente inmediato las acciones del movimiento antiglobalización. Desde 2002, con las manifestaciones en Seattle, surgieron diversas campañas que señalaron como su principal objetivo la lucha contra la globalización neoliberal y sus principales representantes, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y  la Organización Mundial del Comercio. Estas acciones permitieron fortalecer los espacios de trabajo, resultando claves para la organización de las manifestaciones contra la invasión de Irak.

La manifestación de Londres. (Foto: Peter Macdiarmid.)

La manifestación de Londres. (Foto: Peter Macdiarmid.)

Las protestas del 15-F llevaron a la calle a más de diez millones de personas en casi 700 ciudades de todo el mundo, para exigirle al gobierno de George W. Bush que no invadiera de Irak. Las manifestaciones con mayor número de asistentes tuvieron lugar en los países con gobiernos que apoyaban a la guerra: tres millones de manifestantes en Roma, dos millones en Londres y un millón y 500 mil personas en Madrid y Barcelona respectivamente, así como las inmensas  marchas en San Francisco, Los Ángeles y Nueva York, entre otras 120 ciudades estadounidenses. Esta fecha debe ser recordada como la protesta antiguerra más grande de la que se tenga registro; con ella los movimientos descubrieron y mostraron que sí es posible realizar acciones simultáneas en todo el planeta.

En México el llamado dio lugar a la marcha más grande organizada en la capital sin una convocatoria política electoral o que atendiera cuestiones nacionales. En el conjunto del país, 500 mil personas se manifestaron en 18 ciudades para expresar su rechazo al conflicto bélico. Una gran cantidad de plantones, festivales, conciertos, marchas y decenas de actividades tuvieron lugar entre febrero y abril del 2003, en una protesta masiva contra la política del presidente estadounidense George W. Bush, apoyada por José María Aznar, presidente del gobierno español, y el primer ministro británico Tony Blair.

Los logros del movimiento contra la guerra fueron relativos, pero no menores: después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, la guerra que se hizo contra Afganistán —y que según el presidente Obama durará hasta 2014— no tuvo más argumentos que ser una guerra contra el terrorismo; en el caso de Irak, el discurso tuvo que incluir el tema de las armas de destrucción masiva. Y el costo político para el gobierno republicano fue más alto de lo que se había contemplado.

Luego de las multitudinarias movilizaciones del 15-F, la agenda internacional de la protesta antiguerra se centró en la convocatoria de las jornadas de acción global a realizarse el 20 de marzo. En las diferentes ciudades se hicieron mítines donde los oradores centrales, muchas veces eran figuras públicas, políticos y artistas; en la ciudad de México, se contó con la participación de Rigoberta Menchú, Carlos Monsiváis y Carlos Montemayor, quienes hicieron llamados a los gobiernos del mundo a intentar detener el estallido de la guerra, exigieron a la ONU la intervención inmediata para frenar las acciones bélicas que se pretendían llevar a cabo y pidieron a la sociedad la participación en las movilizaciones para detener el atropello que finalmente se perpetró.

A una década del movimiento contra la guerra aún hay varias preguntas por responder, como parte del compromiso moral que los hombres y mujeres de este tiempo tenemos con el millón de muertos que la guerra dejó. Con todo, la lección positiva es que la sociedad organizada por una causa común es la potencia más fuerte que hay, y hoy sabemos que unida es capaz de pedir que se detenga una guerra y se construya un mundo mejor. Una prueba de la fuerza del movimiento fue lo ocurrido en marzo de 2004 en España, donde las multitudinarias marchas no dejaron lugar a dudas, y el gobierno español anunció el retiro de sus tropas. Vencer a quienes a llevan las riendas del mundo es un reto difícil; no obstante, el movimiento contra la guerra nos demostró que es posible. Con las palabras de José Saramago, pronunciadas por Pilar del Río en la marcha del 15 de febrero en Madrid, debemos conmemorar el movimiento contra la guerra diciendo “¡En el mundo hay dos superpotencias: una es Estados Unidos, la otra eres tú!”

* Maestría en Docencia para la Educación Media Superior, UNAM

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