Enlace de memoria

por Rubén Amador Zamora *

Desde 2006 el gobierno federal aplica la denominada prueba Enlace para conocer el estado en que los estudiantes se encuentran en el dominio de los contenidos de las asignaturas de matemáticas y español en el nivel básico (primaria, secundaria y recientemente bachillerato). Estas dos materias escolares se han convertido en los pilares centrales de prácticamente todos los sistemas educativos del mundo occidental. El dominio de la lengua y el razonamiento lógico-matemático son los indicadores más “objetivos” que los gobiernos han encontrado para medir el nivel de aprendizaje de los estudiante en la escuela.

De alguna manera, el hecho de que sean estas dos materias escolares las que, año con año, se evalúan, parece responder a la idea popular sobre dichas asignaturas: el estudiante inteligente es aquél que saca buenas calificaciones en matemáticas o aquél que lee muchos libros (aunque, en este último caso no se refleje necesariamente en excelentes notas en las boletas de calificaciones).

Utilidad de la prueba

Utilidad de la prueba

Pero, ¿qué hay de las otras asignaturas?, ¿cuál es su importancia en el proceso de formación del estudiante?, ¿su aprendizaje no se mide con la misma frecuencia que matemáticas y español por ser materias con menos valor educativo o por qué son más difíciles de evaluar?

Para las autoridades educativas del presente sexenio, las materias de matemáticas y español son sin duda las únicas que sirven de indicador para conocer el “avance” de la educación en nuestro país. Sobre ellas se han establecido las metas a alcanzar con el propósito de “presumir” los logros de la política educativa (como si éste fuera el propósito de una evaluación).

Materias como “Formación cívica”, “Historia” e, incluso “Ciencias” se han integrado a la prueba Enlace en años específicos, pero las autoridades no ha publicitado mucho sus resultados. Tal vez porque no hay todavía años con qué comparar o porque, insistimos, son asignaturas consideradas con un escaso valor educativo para las sociedades actuales.

En 2010 se incluyó la materia de “Historia” en la prueba Enlace. De acuerdo a los resultados, el 75.5 por ciento de los estudiantes se alcanzó los niveles de insuficiente y/o elemental, mientras que el 24.5 por ciento logró ubicarse en los niveles de bueno y excelente. ¿Qué significan los resultados anteriores? ¿Acaso que tenemos un 24.5 por ciento de estudiantes que analizan muy bien el pasado para encontrar respuestas a problemáticas del presente (tal y como señala el programa de historia en uno de sus propósitos)?

En realidad estamos frente a resultados que nos indican la capacidad de los estudiantes para memorizar datos, uno de los rasgos de la materia de historia que sigue presente, tanto en las aulas como en los instrumentos institucionales de evaluación.

Veamos un ejemplo de pregunta de historia de la prueba de Enlace de 2010:

Observa con atención la siguiente línea del tiempo que presenta sucesos importantes en la vida económica de la Nueva España:

1523-1530: Introducción de la encomienda

1540-1550: Descubrimiento de yacimientos mineros en Zacatecas y Guanajuato

1750-1790: _______

1784-Fundación del Banco de Avío

Elige la opción que complete correctamente la línea anterior:

a) La introducción del impuesto de la alcabala

b) La abdicación al trono de Carlos IV en España

c) El surgimiento de las haciendas productoras

d) Fundación de la Real y Pontificia Universidad

¿Se trata de una pregunta que hace pensar al estudiante o sólo mide la capacidad de memorizar datos? El programa señala que “Hablar de una historia formativa implica evitar privilegiar la memorización de nombres y fechas, para dar prioridad a la comprensión temporal y espacial de sucesos y procesos” . Como lo muestra la pregunta anterior, la evaluación sobre la asignatura de historia sigue privilegiando la memorización de datos.

Es cierto que hay un tipo de razonamiento que puede hacerse frente a una pregunta como la anterior: ¿cuál de las opciones pertenece al ámbito de la economía? (con el fin de descartar las que pertenecen a los otros ámbitos como el político, social, cultural, etc.). Sin embargo, tanto para el estudiante como para el profesor se trata de preguntas que siguen (y quizás sea así) privilegiando el o el no sé, en lugar de preguntas que pongan al estudiante a hacer algo con la información.

Sin duda, evaluar el conocimiento histórico es complicado si nos referimos a él como algo más que el aprendizaje de datos. La tarea inicial, entonces, es reflexionar acerca del valor formativo y educativo de la materia de historia para diseñar instrumentos adecuados que nos permitan evaluar las capacidades de los estudiantes para explicar los procesos sociales (tanto del pasado como del presente) y dejemos atrás la idea de que la historia sólo es una asignatura de fechas y nombres.

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