Enrico Martínez y la verdad (aeroportuaria)

Sergio Miranda Pacheco

Reportorio de los Tiempos, y Historia Natural Desta Nueva Espana. Compuesto por Henrrico Martinez Cosmographo de su Magestad e Interprete del Sancto Officio deste Reyno. Dirigido al Excellentifsimo Señor Don Iuan de Mendoça y Luna Marques de Montefclaros, Virrey, Gouernador, Presidente y Cappitan General por el Rey nuestro Señor en esta Nueua España & c. Con Licencia y privilegio, En Mexico. En la Emprenta del mesmo autor año de 1606.

La obra arriba citada, consultada en su original resguardado en la Library of Congress de Washington, es precedida por cuatro declaraciones de aprobación de diversos personajes que dan cuenta de que la misma contiene “cosas curiosas y útiles”, “necesarias de saber” y que no contravienen la fe cristiana. La más temprana de estas aprobaciones, proveída por el licenciado Sebastián Torrero, en nombre del arzobispado mexicano, data del 8 de junio de 1605, es decir un año antes de su publicación en la misma imprenta propiedad de Enrico Martínez.

En su “introducción”, Martínez emplea una metáfora ambiental para cualificar la benevolencia real que entonces posibilitó la publicación de su obra: “Suelen tambien admitir los feñores con recipocra beneuolencia debaxo de fu fombra y amparo alos inclinados á cofas virtuofas y de estudio, que dellos y de su fauor procuran valerfe; por que de la manera que la templança del ayre haze fertil la tierra, afsi el fauor del Principe esfuerça y leuâta los animos é ingenios de fus vafallos.”

Esta manera de calificar las virtudes humanas, asociándolas con las de la naturaleza, no es fortuita. Revela un pensamiento anclado todavía en la concepción de que la naturaleza era guía e inspiración del saber humano, pero requería, no obstante, de la aprobación del mundano mundo, es decir, del poder construido e inventado por la humanidad sobre todas las cosas y sobre sí misma.

Otra obra principesca. (Foto: Notimex.)

400 años después, un pensamiento semejante en su fe, no hacia el principe o señor sino hacia un saber que lastimosamente —por lo menos en nuestros últimos días— pretende estar más allá de todo bien y de todo mal, como diría Fiodor Dostoievski, fue expresado por el director del Instituto de Ingeniería de la UNAM, Luis Agustín Álvarez Icaza Longoria (egresado de ingeniería mecánica de la Universidad de California en Berkeley), quien al ser cuestionado el 8 de octubre sobre la decisión de continuar o no las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en terrenos del lago de Texcoco —desecado a causa de otra decisión “técnica”—, respondió que tal decisión debía ser tomada en base a criterios técnicos, no democráticos. Incluso, señaló el científico, “suponiendo que se resuelva por la vía democrática y con una consulta, se debe dar a la ciudadanía información neutral y fidedigna, sin sesgo, y no creo que eso haya pasado hasta ahora”.

Tal información “neutral” y “fidedigna”, consiste, para el especialista, en que dicha obra “se aprobó con todas las de la ley”, que está apoyada en un estudio de “viabilidad aeronaútica” —realizado curiosamente por la consultora estadounidense Mitre— y de “horizonte de tiempo de operación” —“que para mí son los puntos claves”—, además de que no construir el aeropuerto en Texcoco sino en Santa Lucía requeriría de estudios de viabilidad aeronaútica que tomaría años realizar y significaría “enterrar más de 100 mil millones de pesos” y dar paso a que se levanten grandes urbanizaciones de alta densidad poblacional —como los de Chalco, Nezahualcóyotl o Chimalhuacán, que serían proclives a inundaciones.

Postulados de tal naturaleza no pueden pasar inadvertidos, no sólo porque los sostiene una alta autoridad científica y académica, cuya institución —a confesión del propio científico— ha venido asesorando desde 2014 la edificación de la nueva terminal, sino porque de ellos se desprende la idea de que el saber técnico científico está por encima no sólo de los deseos humanos, sino incluso por encima de la propia naturaleza y de sus dictados.

Quiero creer que al doctor Álvarez Icaza no habían llegado noticias “neutrales” y “fidedignas” como las de la Organización de Aeronaútica Civil Internacional, la cual hizo llegar al gobierno de Peña Nieto, antes de que éste diera a conocer el proyecto del aeropuerto de Texcoco, una larga opinión técnica a favor de la base áerea de Santa Lucía como “una poderosa opción” —según anota Genaro Villamil en Proceso— para ser una terminal sustituta del actual aeropuerto internacional de la ciudad de México.

¿Quién necesita una información neutral y fidedigna cuando los que defienden ser productores de la misma —como es el caso del ingeniero mecánico doctorado en Berkeley, funcionario de la UNAM—. o son ignorantes o cómplices de sus mentiras?

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