Un helipuerto en Universidad

por Bernardo Ibarrola *

Los helicópteros sí tienen alas pero, a diferencia de los aviones, éstas se mueven. Las alas de los helicópteros son sus aspas, que al rotar en torno de su eje vertical generan la diferencia de presión entre sus partes inferior y superior que hacen posible el ascenso. Mientras que los aviones —aeronaves de ala fija— necesitan una pista para lograr la velocidad que produce este efecto, las aspas de los helicópteros lo consiguen gracias a su rotor, sin que el aparto tenga que moverse. Por eso pueden flotar en el aire y despegar y aterrizar verticalmente.

Gracias a esta particularidad, entre los helicópteros y las personas no tiene que haber esos complejos dispositivos llamados aeropuertos, necesarios para los aviones. O mejor dicho, sí, pero éstos son más sencillos y muchísimo más pequeños; se llaman helipuertos y pueden ser apenas mayores al diámetro de las aspas de un helicóptero estándar. Y caben en casi cualquier parte, incluidas, por supuesto, las azoteas de grandes edificios.

Al tiempo que se generalizaba el uso de los helicópteros, desde mediados del siglo pasado se desarrolló una compleja normatividad para su uso. La Organización de Aviación Civil Internacional fija las condiciones mínimas de seguridad para la navegación aérea en un entorno urbano, sobre todo para las maniobras de despegue y aterrizaje, que son las más peligrosas. Además de éstas, muchas ciudades del mundo sólo permiten el uso de estos aparatos en sus espacios aéreos para urgencias médicas y de policía, pues más allá de la estricta utilidad pública, el uso de los helicópteros en las ciudades es un caso extremo de ventajas particulares contra perjuicios generales.

En efecto: quien despega o aterriza en un helipuerto elevado en el corazón de una ciudad tiene una ventaja en tiempo y comodidad de transporte desmesurada respecto de las demás personas que sólo pueden abandonar la superficie terrestre —si cuentan con el dinero suficiente para ello, por supuesto— desde los congestionados aeropuertos. Para que unos pocos vayan y vengan rápidamente por encima de nuestras cabezas —como el ex director de Conagua, David Korenfeld y su familia, que usaban además helicópteros oficiales para fines privados— los demás millones de ciudadanos debemos aceptar resignados los muy elevados riesgos inherentes de la navegación aérea de los helicópteros. Sólo entre 2005 y 2012 hubo ocho accidentes de helicópteros en el área metropolitana de la ciudad de México, con saldo de 12 personas heridas y 31 fallecidas (aquí la información).

Además del riesgo de que un helicóptero le caiga a uno encima —como pudo haberle pasado a cualquier paseante de los Viveros de Coyoacán en octubre de 2011, cuando se desplomó una nave que transportaba funcionarios gubernamentales del estado de México— está la contaminación que generan, tanto atmosférica como sonora. Como todos sabemos, los helicópteros, como el resto de las aeronaves, son aparatos muy ruidosos; pero mientras que la contaminación sonora del despegue y aterrizaje de los aviones se dispersa en las grandes superficies despobladas de los aeropuertos, los helipuertos llevan ésta al corazón de las urbes: más de 120 decibeles —muy cerca del umbral del dolor— para cada despegue y aterrizaje.

La ciudad de México podría entrar en la vorágine del tráfico de helicópteros sin ton ni son, como en otras megalópolis latinoamericanas (aquí un temible esbozo del futuro posible) resultado de la combinación de la demanda generada por una clase alta muy pequeña pero con un gran poder adquisitivo y un gobierno ineficaz, indolente y, las más de las veces, corrupto. En 2011, de acuerdo con esta nota de El Universal, había 142 helipuertos en la Ciudad de México; ¿cuántos habrá el día de hoy? Lo cierto es que hay uno más en construcción, en la azotea de la antigua mueblería Hermanos Vásquez de avenida Universidad, a unos pasos del Eje 10. Ahí, en el número 2014, se llevan a cabo desde hace varios meses grandes trabajos.

El helipuerto de avenida Universidad. (Foto: Bernardo Ibarrola.)

El helipuerto de avenida Universidad. (Foto: Bernardo Ibarrola.)

Curiosamente, esta enorme obra no tiene ninguno de los dos letreros canónicos de cualquier obra en nuestro país: ni de licencia de construcción ni de vinculación con alguna central obrera. A sus dueños no parece hacerles falta ni una cosa ni la otra. Por eso no es descabellado suponer que tampoco les preocupe cumplir con las regulaciones de la OACI para la instalación del helipuerto, pues la “Constancia de no afectación de desarrollo urbano”, necesaria para obtener el permiso correspondiente, es concedida por “las autoridades locales” es decir, los funcionarios de la ciudad de México y la delegación Coyoacán… los mismo que autorizaron el centro comercial Oasis, que complicó aún más las condiciones de circulación en la zona; los mismos que permitieron la apertura del Centro Cultural Elena Garro en el barrio de la Conchita, en contra de la movilización vecinal y de resoluciones en firme de los tribunales correspondientes.

Las cosas pintan mal para el sufrido barrio universitario de la ciudad de México. Al ruido insoportable de los miles y miles de automóviles que atestan la zona, se sumará el del aterrizaje y despegue de los helicópteros. A la violencia física y simbólica que separa a los ciudadanos en peatones discriminados y maltratados, por un lado, y automovilistas encerrados durante horas en sus cápsulas de supuesto bienestar y estatus, por otro, se sumará una nueva dimensión de desigualdad, aún más palmaria y ofensiva: la del aire. Por aire, los nuevos, verdaderos ricos, se trasportarán de un lugar a otro, sin tener que humillar las plantas de sus pies al contacto con el suelo que pisan los demás, los que no pueden volar. Uno de los trabajadores de la obra resumió esto cuando le pregunté para qué iba a servir el helipuerto que estaban construyendo: “para que aterricen ahí los picudos”, me contestó.

Una respuesta a “Un helipuerto en Universidad

  1. Nos estamos organizando contra el helipuerto mediante el grupo en FB No al helipuerto en Copilco. Tendremos una asamblea ciudadana el próximo sábado 30 de julio a las 11 de la mañana en el parque que está frente al CUC. 🙂

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