¿Corrupto vendepatrias?

por Wilphen Vázquez Ruiz *

Aunque olvidado ya por muchos, el 2 de abril de 1867 la ciudad de Puebla cayó en manos del ejército republicano comandado por Porfirio Díaz, en el marco de la derrota definitiva de las fuerzas conservadoras —al menos en el plano militar—, que permitió el regreso del presidente Benito Juárez a la ciudad de México el 15 de julio de ese mismo año, dando pie al periodo que se conoce como la república restaurada.

La historia y figura de Porfirio Díaz se entrelazan con la de nuestro país de tal manera que mucho de su etapa moderna no puede entenderse sin considerar al caudillo de Tuxtepec. Como es sabido, con excepción del periodo presidencial de Manuel González, Porfirio Díaz dirigió las riendas del país por más de 30 años —lo que a veces se conce como una “pax porfiriana” que quizá valga la pena reconsiderar—, hasta que la revolución maderista lo llevó al exilio en mayo de 1911. Durante su mandato, el país experimentó una serie de transformaciones inobjetables en los ramos de la economía, la infraestructura y la ciencia —todas ellas en el marco de la expansión económica de las grandes potencias de la época—, las cuales, sin embargo, cambiaron en poco o nada la situación de pobreza que caracterizaba a la inmensa mayoría de la población.

El joven Porfirio Díaz.

El joven Porfirio Díaz.

Sin pretender hacer una apología de este caudillo, me parece que la figura de Díaz debe ser diferenciada de muchas de las figuras políticas actuales con las que se le pretende comparar y, en su caso, igualar. Porfirio Díaz participó como tantos otros políticos y militares —ya fueran liberales o conservadores— no sólo en la construcción de un proyecto que respondía a su manera de percibir la realidad del país y el cómo transformarla, sino que enfrentó a una serie de enemigos, nacionales y extranjeros, en defensa de la integridad de la nación. Una vez lograda la victoria por los liberales, sus ambiciones políticas lo llevarían buscar la presidencia de la república, misma que consiguió en 1876.

Entre las acciones con los que se busca equiparar la gestión presidencial de Díaz no sólo con la actual sino con las que recientemente le han precedido, está la entrega de los recursos naturales y de proyectos de infraestructura a compañías extranjeras. Al respecto, cabe recordar a Daniel Cosío Villegas, quien, si bien condenó por otros motivos a dicho régimen, señaló como grotesca e inexacta la conseja de que Díaz fuera un simple lacayo de los intereses extranjeros y sobre todo estadounidenses. Ampliando el comentario de Cosío Villegas, la investigación histórica nos ha mostrado que, ante la cercanía e influencia de Estados Unidos, Díaz buscó equilibrar en medida de lo posible la participación de los capitales extranjeros en la economía mexicana. Incluso, a pesar de las concepciones políticas y económicas que caracterizaron a los políticos liberales, Díaz procuró, también en medida de lo posible, que el estado tuviera participación o injerencia en sectores claves para la economía como lo fueron la industria petrolera (con poco éxito a ese respecto) y la industria ferroviaria (en donde se logró el establecimiento de una sola empresa con capital mayoritario del gobierno mexicano).

De igual forma, como lo explica Luz Fernanda Azuela, el régimen dio un impulso decisivo a una serie de sociedades científicas cuya labor sería fundamental en el desarrollo de una ciencia y tecnología que, si bien respondían en buena medida a la penetración de los capitales privados foráneos en el país, no dejaban de ser consideradas como mexicanas y con justa razón. Si deseamos hacer alguna comparación con nuestra situación actual, podemos señalar que el porcentaje del PIB destinado a ciencia y tecnología no llega al 0.5 por ciento anual, y de éste no todo apoya a empresas o instituciones cien por ciento nacionales.

En lo que se refiere a su fortuna personal, autores como Lorenzo Meyer destacan que a diferencia de muchos, y como muy pocos, Díaz no amasó un capital ofensivo pues su interés principal estuvo en el afianzamiento de las instituciones con las cuales se pretendió modernizar y controlar al país, aspecto en el cual quizá cabe aceptar semejanzas entre el régimen del porfiriato y los sexenios llamados neoliberales que hemos debido sortear. Uno y otros comparten, sin duda, la pobreza ofensiva de la mayor parte de la población.

El espacio del que disponemos para este comentario impide profundizar en las diferencias a las que hemos aludido, pero quisiera cerrar cuestionando si —con excepción de algún ex guerrillero de los partidos de izquierda— podríamos imaginar a la mayoría de nuestros políticos participando en gestas y batallas como las que se suscitaron en el México del siglo XIX. La respuesta es obvia.

3 Respuestas a “¿Corrupto vendepatrias?

  1. No se recuerda el 2 de abril. Tampoco Santa Isabel, Tacámbaro, Zitácuaro, Mazatlán. Al menos se sabe el nombre de Díaz, pero olvidamos a Arteaga y Salazar, a Riva Palacio y Régules, a Sostenes Rocha y Ramón Corona. Dicho sea por la efeméride.

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    • Tienes toda la razón Pedro. Esto me obliga a tener como tarea acercarme y hablar más sobre quienes solemos mantener en el olvido, no hacerlo implicará un merecido reproche. Gracias.

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  2. No olvidar el libro del tataranieto de Porfirio Díaz. Corrobora simplemente la trama de intereses económicos con Pearson, el petrolero y las obras que con cínico nepotismo entrego a Porfirito. En este que quiere ser el Año de Los Huesos…de Porfirio Díaz, porque de los politicastros actuales son huesos de mamut, a Pedro Salmeron, destacado,historiador le pedimos un análisis específico sobre Díaz en su trayectoria integral. Se necesita y creo que daría al traste con los Hueseros que intentan traer los de don Porfis desde París. Saludos

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