Izquierda, pacto y reforma fiscal [2]

por Fernando Belaunzarán

6. Mi querido maestro Adolfo Sánchez Vázquez nos enseñó que lo primero que define a un político de izquierda es su insatisfacción con el estado de las cosas y luego su deseo de cambiar esa realidad, teniendo como referencia una alternativa a lo existente. Transformar a la sociedad, al país, al mundo, es el motor de la izquierda. Esa convicción debe notarse en cualquier situación, se sea parte de la izquierda “institucional” o de la izquierda “social”, se esté en el gobierno o en la oposición, dentro o fuera del sistema político.

La izquierda ha sido tradicionalmente marginada de las decisiones fundamentales del estado mexicano. Por eso, el ser parte de un espacio de diálogo político al máximo nivel reivindica una lucha en contra de la exclusión y el ninguneo. El pacto por México fue a iniciativa del PRD y no es muy diferente a la propuesta de “gran acuerdo nacional” que propuso Andrés Manuel López Obrador en su campaña, algo además entendible en el marco de la “república amorosa” que enarboló. La idea era incidir con el programa de la izquierda perredista en las políticas públicas y las transformaciones que el país requiere, haciendo frente a los privilegios y poderes fácticos que las obstaculizan. La reforma constitucional en telecomunicaciones, que puso límites y condiciones de competencia a los monopolios privados más poderosos, era impensable antes de la firma del pacto.

La firma del documento no significó estar de acuerdo en todo y borrar diferencias. Los consensos están explícitamente establecidos en la agenda acordada y de ninguna manera era una camisa de fuerza. Muchos lo vimos como el fundamento de acuerdos más ambiciosos; en algunos casos, en efecto, se fue más allá. No todas las reformas han salido de ese instrumento. La fiscal y la política se procesaron por fuera, mientras que la energética, como veremos, viola flagrantemente lo firmado por el presidente y su partido.

El PRD decidió incidir con su agenda y no esperar a ser gobierno para promover los cambios en el país. López Obrador optó por contrastar en todo y oponerse a todo, así se traten de sus propias propuestas. Ha construido la imagen de que la suya es la “única oposición” y la “única izquierda”; por eso envía al campo de la “traición” al PRD. Es su forma de distinguirse, pensando seguramente en el 2015, año en el que necesita mantener el registro de su partido en gestación. Se trata, pues, de una diferencia de estrategias, no de virtudes como quiere establecerlo un discurso con alto contenido moral y que, al margen de las intenciones del político tabasqueño, promueve el fanatismo de quienes se erigen monopolizadores de la bondad y la pureza.

Gobernar desde la oposición. (Foto: Juan Pablo Zamora, Cuartoscuro.com.)

Gobernar desde la oposición. (Foto: Juan Pablo Zamora, Cuartoscuro.com.)

AMLO no sólo decidió estar al margen de los acuerdos sino que se ha esforzado en tirar la mesa en la que no quiere participar. Por eso no extraña que desde sus allegados se promueva la desinformación. El propio Pedro Salmerón cita a Luis Hernández Navarro, adjudicando al pacto la reforma laboral, la cual fue presentada como iniciativa preferente por Felipe Calderón y aprobada antes de que éste dejara la presidencia. Todo el PRD, por cierto, votó en contra de dicha propuesta. A diferencia de López Obrador, que ha decidido oponerse por sistema, el grupo parlamentario perredista decidió aprobar lo que, de acuerdo a su agenda legislativa, beneficia al país y rechazar lo que considera perjudicial.

El PRD se asumió fuera del pacto en el momento en que el gobierno, su partido y el PAN faltaron a su palabra. Si bien en la reforma política se pudo rescatar a última hora mucho de lo acordado en el documento original, en la energética presentaron y aprobaron una iniciativa notablemente contraria a lo firmado. Al contrario a lo que afirma Salmerón, en el pacto no hay atisbo de privatización. Cito el compromiso 54:

Se mantendrá en manos de la nación, a través del estado, la propiedad y el control de los hidrocarburos y la propiedad de Pemex como empresa pública. En todos los casos, la nación recibirá la totalidad de la producción de hidrocarburos.

Lo única parte en la que se habla de inversión privada en esta materia se encuentra en el compromiso 57 y se restringe a la petroquímica, que está abierta desde principios de la última década del siglo pasado; la refinación (México importa más de la mitad de sus gasolinas) y el transporte (las pipas son negocios particulares, vinculados a la corrupción sindical, siendo que los ductos son más baratos, seguros y eficientes). Lo que se aprobó llega hasta la cocina, al grado de mantener la propiedad de la nación sobre los hidrocarburos sólo cuando están en el subsuelo; es decir, cuando no tienen valor. Apenas se extraigan, podrán compartir la producción con extranjeros.

Pienso que hay una oportunidad para la unidad de la izquierda en torno de la lucha por revertir las reformas constitucionales en materia energética. El artículo 35 de la constitución establece el derecho de los ciudadanos a ser consultados en temas importantes como éste. Es evidente que el gobierno federal tratará de conculcarlo y, por lo mismo, lo conveniente es impulsar un movimiento abierto, plural, incluyente para exigir la consulta popular si se cumplen los requisitos. La petición del 2 por ciento del padrón electoral está cubierta de sobra. Espero que todas las fuerzas de izquierda se sumen a la demanda y que sean capaces de convocar a los demócratas de todas las tendencias para hacer causa común en algo elemental: que se pregunte a los ciudadanos sobre algo de tan alta trascendencia. Ojalá se pueda atajar el sectarismo.

7. El doctor Salmerón termina su escrito preguntando si se equivocan al llamarnos “traidores”. Al margen de lo absurdo que resulta ser cuestionado por respaldar nuestras propias propuestas, me parece lamentable el empleo del término. Lo mismo ocurre, por cierto, con fascista, el cual Salmerón define como “dictadura de la mayoría”. El fascismo, en sus distintas experiencias, siempre transmite un ideal supremacista, sea racial o nacional, planteándose para llegar a él una agresiva práctica de depuración para eliminar a los elementos nocivos o inservibles. De ahí la lucha contra la “alteridad” que denuncia con tino el historiador. Pero no toda política autoritaria contra las minorías es fascismo —aunque en cualquier caso es condenable.

Pedro Salmerón debería preguntarse si ese afán por llamar “traidores” a quienes discrepan de lo dicho por el gran líder en plaza pública no es también una agresión a la alteridad. También debería reflexionar si los ataques que recibe de sus correligionarios de Morena por haberse reunido conmigo y tomarse una copa de vino o, peor aún, por debatir con un “detractor” de López Obrador, son síntomas preocupantes de un fanatismo intolerante que encuentra en el discurso maniqueo y en la autoafirmación de una supuesta superioridad moral un caldo de cultivo para desarrollarse. En la historia, lo sabemos bien, hay experiencias lamentables e incluso trágicas de cuando una izquierda se asume como única y superior a las demás y ve como una cruzada moral el combatirlas. Estoy seguro en que convendremos en la necesidad de cerrarle el paso a tan nefasta posibilidad.

Sólo me resta agradecer al doctor Pedro Salmerón por su gentileza y por el debate respetuoso que llevamos a cabo y que, de alguna manera, continuamos en esta revista de historia (a la que, por supuesto, agradezco igualmente por su generosidad y apertura). Quedo a sus órdenes.

Una respuesta a “Izquierda, pacto y reforma fiscal [2]

  1. 1. Vuelves aa equivocarte al señalar que AMLO decidió oponerse a todo. Tenemos propuestas alternas muy claras a lo que se aprobó, con el concurso de ustedes hasta bien entrado noviembre, y prescindiendo de ustedes desde ahí. En todo caso, celebro que, aunque hayamos sido derrotados (momentáneamente), haya quedado patente constancia de la oposición a las reformas aprobadas que CSG saluda exultante, pues culminan la obra por él iniciada de destruir los artículos fundamentales del pacto social de 1917: el 3o, el 27, el 123 y el 130. Llevándose de paso, entre las patas, el 39.

    2. ¿No llaman también ustedes traidores a la patria a quienes están abriendo otra vez la puerta a la Shell, la Texaco y sus hermanas?

    3. No quiero alargar la polémica: para que el último párrafo de tu parágrafo 6 tenga sentido (y qué más quisiera yo), creo que tendrías que recordar que el enemigo no está en Morena, por más que fanáticos intolerantes los haya ahí, como en todos lados (y a veces tu, con tu “jihad pejista” y tu “pejetustra” te pareces a ellos). Yo empujaré la idea de marchar, si no juntos, si en paralelo en la defensa del petróleo, que es la defensa de la soberanía.

    Un abrazo.

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