por Fernando Belaunzarán

A invitación de Buzón Ciudadano, colectivo de Morena, acudí el pasado 14 de diciembre a debatir con el historiador Pedro Salmerón, miembro de dicha organización política, y con el público asistente a su lugar de reunión en la colonia Postal. Los temas fueron las reformas educativa y fiscal, así como la participación del PRD en el llamado “pacto por México”. El texto publicado en El Presente del Pasado por el doctor Salmerón —“Traiciones: Fiscalidad y ‘pacto por México’ ”— se refiere a uno de los temas: la reforma fiscal o hacendaria (términos que no significan exactamente lo mismo, pero que en la opinión pública se usan indistintamente). Al respecto considero pertinente hacer algunas precisiones y comentarios.

1. Los partidos políticos son “instrumentos del pueblo” en la medida en que consideremos a éste como diverso, plural y heterogéneo, de tal suerte que cada uno representa sólo a una parte. Teóricamente, podríamos decir que el agrupamiento en partidos se da con base en concepciones e ideologías, pero no siempre es así. El interés particular o la devoción a un dirigente carismático pueden ser motivaciones para militar en alguno y, en no pocos casos, las necesidades coyunturales determinan las posiciones políticas. Por ello mismo, sería un error calificar propuestas de izquierda, derecha o centro por el partido o la persona que las hace. Hay que analizarlas en sí mismas y que el contenido lo devele. A partir de ahí podemos entender por qué existen líderes “de izquierda” que asumen posiciones “de derecha”.

2. En sentido estricto, los “pluris” ya desaparecieron. Lo que desde hace tiempo existe son los diputados de representación proporcional. La diferencia estriba en que no se procura que las minorías lleguen al congreso por concesión sino que éstas, y las demás fuerzas políticas, tengan los diputados que les corresponde de acuerdo con su votación. Además, la representación proporcional pone límites a la sobrerrepresentación, la cual está establecida constitucionalmente en un máximo del 8 por ciento. Acierta el doctor Salmerón al decir que los electores votan por una lista que se encuentra en el reverso de las boletas para legisladores y que esos candidatos están comprometidos con la plataforma electoral y el programa del partido que los postula, lo cual también vale, por cierto, para los de mayoría relativa.

3. Es de todos sabido que la izquierda tiene como prioridad reducir la desigualdad económica y, por lo mismo, que el combate a la pobreza es una de sus preocupaciones fundamentales. De ahí que promueva que el estado tenga funciones redistributivas de la riqueza, invirtiendo en programas de desarrollo y seguridad social. Para ello se requiere una importante recaudación. No es casual que, en el mundo, los partidos que se identifican con esa parte del espectro político impulsen políticas que aumenten los ingresos públicos para poder sostener mayor gasto social, a diferencia de la derecha, que suele oponerse a cualquier aumento y que incluso promueve la reducción de impuestos. Otra diferencia es que mientras la derecha busca que la carga impositiva sea en mayor medida sobre el consumo, la izquierda lo rechaza por considerar que eso significa reducir el precario poder adquisitivo de los más pobres y, en su lugar, pone énfasis en hacerlo sobre los ingresos y de manera progresiva —“qué pague más quien gana más”.

4. Es correcto que Pedro Salmerón utilice la plataforma electoral del PRD 2012 —que es la misma que la de los demás partidos de izquierda que tuvieron de candidato presidencial a Andrés Manuel López Obrador— como referencia para evaluar si fue correcto votar a favor de la reforma fiscal o si hacerlo fue una “traición”. Pero la cita de manera sesgada e irrelevante. Los puntos 295 y 296 son generales y declarativos. El primero de ellos habla de cambiar la política económica, lo cual es una demanda legítima y necesaria; pero si eso fuera condición, se acabaría la discusión y no habría acuerdo posible con los otros partidos mayoritarios. Vamos mejor a las propuestas concretas. El punto siguiente, 297, es mucho más preciso:

297. Para fortalecer la hacienda pública se cumplirá el mandato constitucional que establece que los impuestos deben cobrarse de manera progresiva, es decir, que debe pagar más quien tiene más. Esto exige llevar a la práctica las siguientes medidas: abolir los privilegios de las grandes corporaciones nacionales y transnacionales; se cobrarán impuestos por las operaciones que se realizan en la Bolsa Mexicana de Valores, y tendrán que pagar impuestos por extracción las empresas mineras.

En la reforma fiscal que votó una mayoría de diputados del PRD, entre los cuales me encuentro, se estableció el ISR progresivo a partir de quienes ganan 750 mil pesos anuales, se gravaron por primera vez las operaciones de la Bolsa, se puso un impuesto por extracción en las minas y se disminuyeron los privilegios de las grandes corporaciones. Se podrá decir con razón que se debe profundizar más en todos estos puntos, pero es indudable que se avanzó en cada uno de ellos y, en ese sentido, es mejor en relación a como estábamos. Es verdad que la “consolidación” se mantuvo, con otro nombre, pero se acotó para diferir pagos de cinco a tres años; se pasó la obligación de propiedad de las empresas del 50 al 80 por ciento; se restringió a que sean de la misma rama económica para cubrir las pérdidas de una con ganancias de la otra, y se estableció la condición de que sólo una vez se pueden transferir recursos a la empresa con pérdidas.

Una victoria importante para la izquierda es que alimentos y medicinas se mantuvieron exentos de IVA, tal y como lo establece el punto 304 de la plataforma electoral que enarboló, no obstante que el PRI modificó sus documentos básicos para establecerlo. Y sin duda que gravar a los refrescos y a la comida chatarra para desincentivar su consumo y financiar el tratamiento de enfermedades vinculadas al sobrepeso es correcto en términos de salud pública. Y un logro no menor es que se haya roto con el dogma neoliberal, punto primero del llamado “consenso de Washington”: el “déficit cero.” En ese sentido, la reforma fue más allá de lo propuesto por AMLO en la campaña, quien —para mí de manera inexplicable— se hizo eco de ese planteamiento por demás rebasado.

Tanto o más importante que determinar a quiénes cobrar cuáles impuestos es definir en qué se va a gastar. El establecimiento del seguro de desempleo o de la pensión universal para adultos mayores son logros de la izquierda que ésta debería reivindicar, no sólo porque están en su plataforma sino también porque son políticas que se aplican con éxito en su principal bastión, el Distrito Federal. Es un error dejarle al PRI hacer caravanas con sombrero ajeno.

En democracia no se legisla en soliloquio y menos aún cuando se es la tercera fuerza en el congreso. La aprobada no es la reforma ideal, pero es inocultable que la izquierda incidió en ella de manera importante. Eso es lo que explica el voto a favor de una mayoría de diputados del PRD, entre ellos el mío.

Contra el alza de impuestos
Contra el alza de impuestos

5. El PRD respaldó la reforma fiscal porque en ella están incluidas sus propuestas y se mejoró la política fiscal respecto del año que termina. La pregunta es por qué un sector que se reivindica de izquierda —el que se agrupa alrededor de AMLO y está conformando Morena— no sólo se opuso a lo que propuso en campaña sino que incluso estigmatizó a quienes la votaron a favor, tal y como también lo hicieron, y por las mismas razones, las cúpulas empresariales.

El argumento de que no se eliminó (por completo) la llamada “consolidación fiscal”, como Salmerón aduce, fue absolutamente marginal en la posición pública de López Obrador, que fue enfático y reiterativo en un planteamiento que suele ser consigna de derechas: “no más impuestos.” En ningún momento reconoció avance alguno con el ISR progresivo ni con gravar a la bolsa o ponerle impuesto a los refrescos. Arguyó una vinculación esotérica entre la reforma fiscal y la reforma energética que nunca demostró y que se desmiente con la ley de ingresos y el presupuesto de egresos, pues ahí se ve que Pemex sigue asfixiada al mismo nivel, subsidiando la deficiente política fiscal del estado mexicano. Por cierto, desde hace muchos años, desde Heberto Castillo, pasando por Cuauhtémoc Cárdenas y la propuesta de modificación de 12 leyes y la creación de una nueva por parte del PRD, la izquierda ha pugnado por reducir la carga fiscal de Pemex, por darle autonomía de gestión y liberarla del yugo de la Secretaría de Hacienda, para que pueda desarrollarse e invertir en la magnitud que se requiere (algo muy distinto de lo que se aprobó). Más adelante retomaré el tema.

México es de los países que peor recaudación del mundo: menos del 10 por ciento del PIB. Sin embargo, López Obrador ha insistido en que “no se necesitan más impuestos sino sólo establecer la ‘austeridad republicana’ y combatir la corrupción”, algo que me recuerda a una famosa frase de Ronald Reagan: “El problema no es que paguemos pocos impuestos sino que el gobierno gasta mucho.” Por supuesto que hay despilfarro en infinidad de gastos oficiales y que también mucho se pierde en “el caño de la corrupción”, pero es evidente que el estado mexicano requiere de más recursos para establecer una política social efectiva que permita combatir con éxito la creciente pobreza. Un país en el que coexisten más de 50 multimillonarios en Forbes con más de 50 millones de pobres en un contexto de raquítico crecimiento económico habla de un fuerte problema estructural en los ingresos públicos y que la política de redistribución de la riqueza ha sido un rotundo fracaso.

Muy desafortunado es que López Obrador haya mostrado un cariz inquisidor al instaurar un “memorial de la ignominia” para exhibir a los “traidores” que votaron por “aumentar impuestos”, algo muy similar a los que hicieron las cúpulas empresariales, que se dieron a la tarea de publicar las fotos de los legisladores que se atrevieron a afectar sus intereses. Fueron dos campañas lamentables de linchamiento moral. Por supuesto que es correcto que la sociedad sepa el sentido del voto de sus representantes, pero eso es una cosa y otra muy distinta estigmatizar a quienes disienten. Cito un par de tuits de AMLO:

Legislador que apruebe el alza de impuestos o la entrega del petróleo, escribirá su nombre en el memorial de la ignominia. Lo difundiremos.

Senadores: El alza de impuestos y de la deuda equivale a lo que se entregará a extranjeros con la privatización del petróleo. Es traición.

El “alza de impuestos” con la reforma fiscal significó sólo un punto más del PIB para las arcas públicas. Bueno fuera que las compañías extranjeras se llevaran únicamente algo semejante con la privatización de la industria petrolera y energética que el PRI y el PAN acaban de aprobar. Lo que no entiende Andrés Manuel es que, al margen de cualquier consideración, es apremiante la necesidad de recaudar más para redistribuir mejor la riqueza.

4 Comments

  1. 1. Sesgada e irrelevante, Fernando, es tu recurrente comparación del programa fiscal de Morena con la frase de Ronald Reagan. En todo caso, revela tu desconocimiento de dicho programa y su énfasis en la eliminación de privilegios injustos, es decir, de los perversos mecanismos de elusión fiscal de los tiburones en un país cada vez más desigual, de concentración de la riqueza cada vez más brutal y escandaloso.

    2. Tu señalamiento de que necesariamente hay que cobrar más impuestos es también dogmática y toma como referente a la izquierda socialdemócrata europea, que gobierna países con realidades diametralmente opuestas al nuestro. Cuando lo repites de la forma en que lo haces, se parece a los mantrams de los neoliberales sobre el “mercado” y la “competencia”.

    3. Sigo sosteniendo que dieron la espalda a sus principios y que facilitaron —al facilitarle el camino previo- el terrible acto de y traición a la patria perpetrado por Peña Nieto y los legisladores priístas (porque al menos los panistas siempre hablaron abiertamente de hacerlo… y quedaron en tercer lugar en las elecciones de 2012). Espero, sin embargo, que se mantengan firmes en la defensa del petróleo y se reivindiquen con ello ante su electores. Demos la lucha en 2014 hacia la consulta popular.
    Con un abrazo,
    Pedro.

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  2. Ni con melón ni con sandía en lo que toca a la representación proporcional. Mejor desaparecerla. Es un imperativo adelgazar el estado con los gravísimos niveles de corrupción que hay. Por eso me espantaba la propuesta de Morena de crear una secretaría de la ciencia. Basta echarle un ojo al Conacyt para santiguarse. Dicho lo cual creo que la industria petrolera debe conservarse como empresa pública. Yo también quiero que me pregunten.

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