por Pedro Salmerón Sanginés *

En vida, y sobre todo desde su asesinato en Hidalgo del Parral, Pancho Villa salió del reino de la historia para entrar en el del mito. “¡Prodigiosa historia la de los mitos!”, dice Alfredo López Austin:

Se mide por milenios, porque la mitología es una de las grandes creaciones de los hombres. El mito, oral por excelencia, se cristaliza en la médula de los libros sagrados. Vivo, activo, refleja en sus aventuras divinas las más hondas preocupaciones, los más íntimos secretos, las glorias y los oprobios.

Por décadas, Villa fue un mito. Parecía no haber forma de asir al Villa histórico. El hombre que en cuatro años pasó de la nada a las más altas cumbres del poder, el peón semianalfabeto que fue capaz de organizar y conducir un ejército moderno y un gobierno revolucionario, el creador de un poderoso experimento social, el guerrillero implacable que durante cinco años impidió la consolidación del nuevo estado, estaba fuera de la comprensión histórica. Y al ser Villa incomprensible, también lo eran ese ejército, ese experimento revolucionario, esa indomable voluntad guerrera. Alguien tenía que explicárnoslo, alguien tenía que permitirnos saber quién fue Pancho Villa.

Ese alguien fue don Federico Katz, conocido en México desde su tesis sobre los “aztecas” y, sobre todo, desde la publicación de La guerra secreta en México, trad. Isabel Fraire y José Luis Hoyo (México: Ediciones Era, [1981] 1983), libro en el que logra una magnífica síntesis de la historia social con la diplomática, revisa las relaciones de las grandes potencias con México y permite comprender la dimensión mundial de la revolución mexicana: libro que integra la historia moderna de México a la historia moderna del mundo.

El profesor Katz (Foto: Katz Center for Mexican Studies)
El profesor Katz (Foto: Katz Center for Mexican Studies)

Además de eso, en La guerra secreta Katz presenta una novedosa explicación del villismo que parte de la comprensión de la chihuahuense como una sociedad de frontera; el carácter del pie veterano del villismo, formado por los descendientes de los “colonos militares” de Chihuahua; las peculiaridades de una reforma agraria enraizada en las tradiciones regionales, y otros aspectos que empiezan a sacar a las bases sociales y al proyecto villista de las nebulosas indefiniciones hasta entonces disponibles, anunciando el inicio de un trabajo profundo, inteligente y exhaustivo sobre el tema. Desde entonces, desde antes incluso, como señaló James Cockroft en 1967, Katz era aceptado y reconocido como el mayor experto en el tema. Posteriormente publicó varios ensayos y prólogos que adelantaron algunos de sus descubrimientos sobre Pancho Villa y que anunciaban que la biografía que estaba preparando sería, como dijo John Womack, “una obra abarcadora de enorme autoridad”.

¿Por qué un historiador de la capacidad, la inteligencia y la disciplina de Katz necesitó tantos años —treinta al menos, desde la nota de Cockroft hasta la publicación de Pancho Villa, trad. Paloma Villegas (México: Ediciones Era, 1998)— para coronar su trabajo?

Recién publicada La guerra secreta, y ya metido de lleno al rastreo de Villa y del villismo en quince repositorios documentales públicos y ocho archivos privados de la ciudad de México, diez archivos de distintas ciudades de provincia, 27 archivos públicos y privados de Estados Unidos y doce archivos más en Alemania, Austria, Cuba, Francia, Gran Bretaña y España, Katz escribió la presentación de El verdadero Pancho Villa: El centauro del norte—sus heroicas batallas y acciones revolucionarias, de Silvestre Terrazas (México: Ediciones Era, 1985), donde señalaba las enormes dificultades de la labor que se había impuesto:

De los líderes de la revolución, probablemente no hay personalidad de la que más se haya escrito y de la que en última instancia se sepa menos que la de Pancho Villa. Por otra parte, ningún líder revolucionario mexicano sigue siendo hoy tan controvertido como Villa. Esto se debe a múltiples factores. En la espesa trama de leyendas en torno suyo que surgió cuando él estaba en vida, y que aumentó […] tras de su muerte, radica la razón principal del misterio que todavía envuelve a Villa.

No hacía falta ser Katz para advertir esos problemas, pero sí para resolverlos. Catorce años después, en el “Prefacio” de su monumental Pancho Villa, Katz dice que encontró dos dificultades principales para escribir el libro. “[L]a primera, mucho menos importante que la segunda”, fue la escasez o ausencia de documentación de origen villista; al final del libro don Federico explica someramente como resolvió, “a lo largo de muchos (tal vez demasiados) años de trabajo”, ese problema y el relativo al exceso de memorias y artículos sobre Villa.

La dificultad más grave que enfrenté fue la de extraer la verdad histórica de las multifacéticas capas de leyenda y mito que rodean a Villa debido, por una parte, a que él estaba enamorado de sus propios mitos e hizo todo cuanto pudo por bordar sobre ellos. Por otra parte, no existe uno solo, sino toda una serie de mitos en torno a Villa y su movimiento. Estos mitos contaminan muchos de los miles de artículos y memorias escritas en torno a Villa.

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