por Marialba Pastor *

Dado que México tiene excelsas industrias de la información y la formación de los ciudadanos, ¿no sería más sensato, en lugar de luchar por el sí, el no o el cómo de la reforma educativa, desaparecer de plano la Secretaría de Educación Pública, con su enorme burocracia, nómina magisterial y su consiguiente monumental sindicato? ¿No sería más productivo canalizar el presupuesto de ese ministerio para retribuir al duopolio Televisa-TV Azteca algo de lo mucho que le ha dado a la población mexicana?

Patriarcas de la educación mexicana
Maestros de México

No existe otro país miembro de la OCDE que, como México, se distinga por contar con un duopolio tan moderno y especializado en educar a la población norteamericana de habla hispana. Éste siempre se ha esforzado en transmitir información oportuna y adecuada, en inculcar los más caros valores humanos, en formar el gusto y orientar los sentimientos de los consumidores y, en momentos políticos significativos (como los periodos electorales), aconsejar sutilmente a los votantes. Además de su cobertura nacional, su programación es completa —es posible conectarse por internet a sus numerosos sitios o sintonizar alguna de sus estaciones de radio o canales de televisión a cualquier hora— y cubre un amplio espectro social, atractivo para los educandos de todas las edades, regiones y sectores sociales. Con su dinámico manejo de la imagen y su seductor léxico, en sus noticiarios, telenovelas, musicales, talk shows y películas, los siempre doctos trabajadores y trabajadoras de ambos consorcios (actores, actrices, comentaristas y locutores) preparan a sus radioescuchas y espectadores en multitud de temas, siempre acompañados de información completa sobre sus virtudes y puntos de venta. Y no hablemos las telenovelas, esas series que enseñan las distintas maneras de enfrentar los problemas vitales y moldean día a día la estructura emocional de los televidentes y sus expresiones.

En todos los programas, sus productores y directores se atienen a planes meditados con tiempo y cuidado, formulados con la más elevada mística de contribuir al desarrollo integral de los hispanohablantes, sobre todo de los mexicanos; un desarrollo perceptible hoy, a más de ocho décadas de existencia de estos beneficiarios del país. El sinfín de conocimientos, habilidades y capacidades desplegadas durante todo este periodo, aprovechadas incluso por distinguidas profesoras y profesores universitarios, han requerido esfuerzos sobresalientes de imaginación y creatividad. En este sentido destaca, a pesar de alguna crisis de corta duración, las óptimas relaciones que de manera altruista ha sostenido el duopolio con los gobiernos en turno para contribuir a la estabilidad política de la nación.

Como empresas consolidadas con probada administración y amplia experiencia, ambas podrían corregir la lamentable situación de la educación mexicana comprobada en el documental De panzazo. De inmediato, la educación mexicana alcanzaría la cobertura universal exigida por la OCDE. El personal de las escuelas, sobre todo las maestras y maestros, ya no serían necesarios. La claridad de los objetivos, los valores morales y la conciencia social dejarían de ser problemas. Las interminables discusiones sobre los contenidos de los planes y los programas de estudio y las estrategias de enseñanza-aprendizaje desaparecerían, y los libros de texto podrían conservarse como piezas de museo, de modo que sólo los historiadores mal intencionados pudieran volver a ver los deslices delatadores de la ignorancia de sus elaboradores.

Si Televisa y TV Azteca se reconocieran de una vez por todas como lo que son, nuestras máximas casas de estudio, se multiplicaría aún más la formación de los oficios requeridos por el mercado, incluidos el mercado de la diversión y el entretenimiento, y se contribuiría a impulsar aún más industrias promisorias relacionadas con el folclor y la gastronomía o con la transformación de los museos y sitios arqueológicos en lugares turísticos, así como el aprovechamiento de los recursos naturales de las playas y los mares mexicanos para el desarrollo físico y mental de las jóvenes y los deportistas dispuestos a la sana diversión. Aparte de los beneficios para el presupuesto federal y familiar, una multitud de ventajas surgirían de inmediato: el pensamiento y las emociones de los mexicanos quedarían al fin uniformados, y la sumisión y el infantilismo, al fin conquistadas.

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