por Israel Vargas Vázquez *

Mucho nos quejamos los profesores de historia cuando exigimos a los alumnos desarrollar un buen ensayo, trabajo de investigación o reporte de lectura. Siempre nos asombramos ante la falta de buena redacción u ortografía, pero eso no es lo preocupante: lo que impacta es la falta de creatividad en la ilación de ideas, de un argumento.

Yo pertenecí al grupo de jóvenes de licenciatura en historia que no sabía leer ni escribir. En el bachillerato al que asistí, lamentablemente, nunca recibí una buena instrucción acerca de la lectura y mucho menos sobre escritura. Llegué a los estudios superiores con un terrible déficit de habilidades comunicativas. Cuando José Rubén Romero le pidió a mi grupo leer como trabajo inicial de la carrera Pensar la historia: Modernidad, presente, progreso, de Jacques Le Goff (Barcelona: Paidós, 1991), fue difícil para mí no sólo entender lo que proponía el autor; también escribir un reporte era una tarea imposible.

Como profesores de historia, ¿nos preguntamos cuándo aprendimos a ser unos críticos de la lectura y también unos expertos de la escritura? Para los que nos dimos cuenta que ese momento llegó hasta la tesis de licenciatura (en mi caso hasta la tesis de maestría), ¿cómo nos atrevemos a exigir a los estudiantes de bachillerato o universidad algo similar? Con ello no estoy justificando que permanezca el bajo nivel de lectura y las deficiencias en la escritura en la educación media superior, sino ayudar a aceptar que nosotros, no todos pero si un sector significativo, también sufrimos de ese proceso, que bien o mal lo libramos a base de ensayo y error e interminables jalones de orejas de nuestros profesores. ¿Qué hubiera dado yo para haber aprendido a redactar y expresar mis ideas durante el bachillerato? Habría ganado bastante en tiempo si hubiera ingresado con estas habilidades a la licenciatura.

Habilidades que se cultivan en solitario
Habilidades solitarias. (Foto: Entre Nómadas.)

Todo lo anterior es pretexto para poner en la mesa un tema importante no sólo para la historia; también para las ciencias sociales. ¿Qué lecturas aplicamos en el aula? ¿Nos casamos con el libro recomendado en el programa? ¿Cómo elegimos una nueva lectura para el curso?

La lectura y la escritura van de la mano, aunque yo doy más peso a la lectura porque amplia los horizontes de pensamiento y nos enseña a jugar con el lenguaje. En otra entrada me ocuparé de la escritura en el aula. Aquí deseo ocuparme de la lectura. Para la UNESCO, México ocupa el penúltimo lugar de lectura de la población en general (108 países fueron encuestados), porque en tan sólo seis años (2006-2012) el índice cayó 8 puntos porcentuales (aquí la información).

Para la mente de los jóvenes —en la que todo parece ser dado, porque así los recibimos de la educación básica—, hacer una lectura diferente lleva un proceso gradual donde al inicio pueden entrar a la revisión de artículos de revistas o de periódicos, cancioneros o poemarios, entradas de blogs o publicaciones electrónicas, que atraigan la atención por su forma. Que sean cortos para que no sientan la pesadez de la lectura y además que sean lo más substanciosa posibles. Aquí pueden incluso entrar capítulos de libros.

Creo que no debemos casarnos con el texto base del curso. Si bien nos ayuda como guía, hay que abrir el abanico de autores que ayuden a los jóvenes a entender a la historia como una ciencia de la interpretación y no como un saber acabado. Cuando se les pide una investigación a los jóvenes, éstos se sienten presionados porque piensan que no pueden intervenir en la creación de nuevos conocimientos o que hay un libro que ya lo dice y, por lo tanto, la tarea es encontrarlo y copiarlo.

¿Cómo elegimos lecturas para el curso? Bueno, ahí la afinidad de cada profesor por autores preferidos tiene mucho que ver. Hay quienes enseñan todo el curso con base en novelas, lo cual es muy respetable. Hay quienes sólo se preocupan por que lean los textos claves del curso u otros que se concentran en un solo autor. La cuestión aquí es que lean, y que lo que lean les ayude a integrarse a este mundo lector de forma provechosa. Que eso que leen los alumnos les diga algo de ellos, que los ayude a identificar emociones y también hipótesis propias, o por lo menos refutarlas.

Para convencerlos de que la lectura ayuda a formar una vida, también sirve mucho enseñarles que  hubo textos clave en la vida de los personajes del pasado y del presente. Por poner un ejemplo, ahí está el caso de Jesús Savage Carmona, alumno de CCH a finales de los años setenta que al leer Crónicas marcianas, de Ray Bradbury (1950) —que su profesora de literatura le solicitó—, encontró su vocación y ahora es un reconocido académico de robótica en la Facultad de Ingeniería de la UNAM (véase aquí la nota). La lectura en el aula debe ayudar a encontrar esa vocación en el alumnado y la clase de historia no se puede eximir de esa tarea.

7 Comments

  1. La lectura en México (dejare un poco de lado la lectura en el aula) tiene más que un problema, un estigma. Se cree que todo es complejo, que los libros son técnicos o tan tediosos y cansados que no se puede con ellos. Es por eso que ocupamos el deshonroso promedio de 3 libros por año, incluido el libro de texto.

    Necesitamos profesores, amigos, colegas, gente que nos platique de libros como si nos platicara de un programa de televisión. Tristemente así tiene que ser. Lograr que las pláticas sean muchas y variadas. Los lectores no nacen para los libros, los libros nacen para el lector.
    Lo complicado de es encontrar ese libro que enganche, aquel que te atrapa, no te suelta y terminas frustrado por acabar un libro que era tan bueno.

    En el camino de esto tocara comentarles de literatura sin sentido, libros malo o comerciales si así se le quiere ver. ¡No importa! lo vital es que lean, con el tiempo y usando la personalidad del lector podemos subir el nivel de recomendaciones y así es como nacen los grandes lectores en esta país. Al menos eso me gusta pensar.

    Un excelente trabajo que intentes salir de lo establecido. Si el programa dice X libro, pero tienes el presentimiento que no es el indicado para tú clase, adelante, experimenta. En el camino llevaras tragedias y éxitos, de ambos se aprende, más de los primeros.
    Comenta tu experiencia, replica ideas, fomenta el cambio. La única manera de mejorar nuestra situación es haciéndolo así.

    Genial entrada, excelentes ideas. La mejor de las suertes y desde esta trinchera una fuerte felicitación por tan excelente labor.

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  2. Israel, es buena tu reflexión. Puedo sugerirte algo. Hace años, impartiendo cursos, vi el problema que mencionas y como no se puede empezar de cero por los programas que apremian verse completos, decidí que los alumnos hicieran la investigación dejando sus puntos de vista en las conclusiones que debían ser en la misma proporción que el cuerpo de la investigación (50/50 %) Para mi fue satisfactorio porque al paso del tiempo ambas secciones lograban emparejarse en calidad.
    Claro que el objetivo de estudio no era la historia, era algo diferente pero de igual o mayor complejidad como es la ingeniería. En fin, pero lo importante es tener el estudio, la lectura y la práctica constante para alcanzar objetivos. Y creo, bien los alcanzaste. Saludos.

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  3. Estimulantes puntos de vista. Lo que describes es uno de los más severos problemas que padecemos como país y que vivimos al momento de cursar una carrera universitaria. Lo que también se evidencia es una falta de articulación entre los diferentes niveles educativos y en el que el nivel superior le achaca al anterior las carencias de habilidades esenciales de investigación o comunicación.

    Este problema no es privativo de la universidad. Es triste ver que en nivel bachillerato los estudiantes tengan serios problemas para expresar ideas sencillas de forma escrita. El asunto se ve acrecentado pues se ha creado la idea de que una adecuada comunicación escrita o verbal es exclusiva de materias como Literatura o Historia., cuando estas competencias (en el sentido de ser capaz y responsable en e manejo de estas habilidades) trascienden a otras asignaturas.

    Dadas las situaciones que los demás han claramente descrito, propondría otras soluciones adicionales a las que han aportado:

    Fomentar la lectura en niños y adolescentes. Aquellos que somos padres de hijos o hijas pequeños, podemos bien leerles colecciones ricas y estimulantes como El Barco de Vapor o A La orilla del Viento. Llevarlos a actividades de cuentacuentos o relacionadas con la lectura. Actualmente contamos con una amplia oferta de estas actividades; el punto, creo yo, es darse el tiempo para buscar y asistir.

    Estimular en nuestras clases círculos de lectura o análisis de textos de forma colectiva. Una de la mejores formas de entender textos complejos es leer en grupo.

    Para quienes somos docentes a nivel educación básica o bachillerato, es indispensable exigir la misma importancia a los trabajos o producciones escritas u orales, además de sostener acuerdos del tipo de habilidades o el nivel de exigencia que podemos esperar de los alumnos.

    Por último, propondría, aunque con mis dudas dada mi experiencia, en que se incorporaran asignaturas como Metodología de la Investigación o Taller de Lectura y Redacción. El problema -y es donde radican mis dudas- es que plantear estas habilidades como una materia aislada no permite transferirlas a otros ámbitos o asignaturas.

    Saludos.

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    1. Así es, ojalá se enseñará lectura y redacción con el mismo peso y regularidad que se le da a la enseñanza de matemáticas. Si se pudiera avanzar en clase con en la complejidad de lecto escritura como se va de las sumas y restas al calculo diferencial e integral este sería otro país. Gracias por tu comentario.

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  4. Ah cómo olvidar esa lectura de Le Goff con Rubén… (presumo que a mi me fue re bien :P)… Sí, nuestros alumnos de bachillerato no saben ya siquiera como sacar información de un libro… Vaya, ni los conocen… Corrijámoslo!

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