Dulce de hierro devorado por el consumismo

por Marisa Hernández Ríos *

Veo una imagen que trae a mi memoria sensaciones del pasado, de mi pasado goloso y que me hace recordar la forma, el color, el sabor; en definitiva la estética sensorial de una tableta de chocolate original por su diseño y que con esa forma de triángulos continuos me remite a compararla, con aquellos aún escasos conocimientos infantiles, con las pirámides de Egipto, eso sí, dulces y llenas de un tesoro no compuesto de momias, jeroglíficos y demás delicias arqueológicas sino de miel y almendras.

Y es por ello que la memoria de la niñez me lleva a toparme con una desafortunada noticia sobre un edificio identitario y simbólico perteneciente a un patrimonio industrial único: el Toblerone de Almería. Se trata de un gran silo mineral de hierro, de más de 30 metros de altura y 200 de largo, construido en la década de 1970, en pleno desarrollo minero almeriense, orgullo de una ciudadanía expectante que en estos momentos, por la manera de proceder de intereses de variado signo, asiste indignada a su demolición.

Dulce de hierro

El chocolate amenazado en Andalucía.

Después de un rastreo hemerográfico, confirmo que en su momento el Toblerone fue considerado un proyecto que supondría, “además de una incuestionable mejora estética y urbanística, la solución tanto tiempo esperada al problema del mineral en la ciudad” (ver una nota aquí). Para la Coordinadora Andaluza de Patrimonio Industrial “Fabricando el Sur”, este edificio es un documento vivo de una determinada época histórica de la Almería industrial, que aúna en un solo espacio valores materiales tipológicos y constructivos especiales, a los que se suma el constituir un paisaje social para los almerienses.

Una importante operación urbanística, que tal como intenta justificar el representante municipal responsable del área, califica la demolición como “definitiva para el futuro de esta ciudad”. Sin embargo, son muchos los almerienses que no están de acuerdo con hacer oídos sordos a la pérdida de su patrimonio, por lo que, desde hace ya meses, se han movilizado a través de las redes sociales y solicitan convertirlo en un centro cultural (caso de la plataforma “Salvemos el Toblerone”, una de cuyas acciones más recientes está descrita aquí). Un “plan especial”, aprobado en 1998, ponía ya en el punto de mira al edificio al permitir en un futuro —ahora irremediable presente— que se aprobara la construcción de edificios de hasta 14 plantas o centros comerciales en la zona, para satisfacción del consumismo imperante.

Informes técnicos realizados por historiadores profesionales avalan el carácter patrimonial y los trámites que lo certifican para declararlo Lugar de interés industrial, categoría incluida en la ley de patrimonio histórico de Andalucía de 2007. Al mismo tiempo, se intenta definirlo como Bien de interés cultural, lo que posibilitaría la creación de un importante triángulo paisajístico patrimonial en Almería, junto con la antigua estación de ferrocarril y el conocido “cable inglés” —los que en conjunto hablan de la historia y la importancia del pasado industrial y minero de esta ciudad andaluza.

Nada de intentos argumentados por especialistas ni reivindicaciones de la ciudadanía, sin embargo: los intereses economicistas, disfrazados de prosperidad, están por encima del valor histórico y espiritual del espacio; la pena de muerte sobre el patrimonio hace que comience la cuenta atrás para este pobre toblerone, a punto de ser engullido de un bocado como el chocolate apetitoso que influyó su forma por un sistema de especulación e intereses que escapan al común de los mortales.

La insensibilidad de las administraciones públicas, del municipio y de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Andalucía contribuirán una vez más a aquello que se resume en el refranillo “Entre todos lo mataron, y él solo se murió.” Quizás un milagro, claramente imprevisto e imposible, le podría evitar sumarse a esos otros muchos ejemplos de patrimonio agredido sucedidos desde el pasado. Así, aprovechemos este Observatorio de Historia como plataforma reflexiva para impedir un nuevo requiem por el patrimonio cultural.

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