Base de datos radiofónica

por Jorge Domínguez Luna *

Como saben los lectores, el pasado 13 de mayo, durante una conferencia de prensa para la presentación del coloquio El sitio de Puebla en 1863: Reflexiones en torno a la conmemoración, la nueva titular del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Patricia Galeana, señaló que los niveles de reprobación de historia de los alumnos de secundaria se debe a que los alumnos conciben la disciplina como

[…] una bola de nombres y de fechas que no están vinculados con nuestro presente. Esto es muy grave porque los maestros no logran, tal vez, enseñar, con la suficiente didáctica, la vinculación que hay de este pasado con el tiempo presente.

El diagnóstico de Galeana contiene un alto grado de verdad. La inmensa mayoría de la población mexicana —y me aventuraría a decir que de cualquier parte del mundo— concibe a la historia como una base de datos que contiene información de todo y de todos. La historia lo sabe todo o debiera saberlo todo, según el imaginario popular. Empero, el problema no es culpa de los docentes; por lo menos, no del todo.

En parte, uno de los graves problemas de la enseñanza de la historia es que quienes imparten la materia no siempre son egresados de esta carrera. La concepción de la historia como asignatura es tan menospreciada por las autoridades académicas en todos los niveles —desde directivos de escuelas públicas o particulares hasta por funcionarios de los más altos niveles— que casi cualquier egresado del nivel superior cumple con el perfil para impartir la materia. Los casos conocidos por mí van desde psicólogos y abogados hasta ingenieros sin ninguna formación adicional.

No obstante, los “improvisados” no son los únicos responsables del estatus de la asignatura de historia en nivel medio superior. Los historiadores profesionales también tienen responsabilidad en la manera en que la opinión pública conceptualiza la disciplina. En muchos casos, los historiadores de renombre contribuyen a la formación de un círculo vicioso, puesto que, con el afán de hacer difusión de la historia que llame la atención de quienes no son parte del gremio, terminan participando en actividades que sólo contribuyen a reforzar la noción enciclopédica que se tiene de ésta.

Ficticios franceses. (Fotograma de Cinco de Mayo: La batalla, de Rafa Lara [2013]).

Ficticios franceses. (Fotograma de Cinco de Mayo: La batalla, de Rafa Lara [2013]).

Ejemplo de ello es la labor de Galeana como titular de la serie radiofónica Historia de las revoluciones de México, que se transmite todos los domingos, a las 9 a.m. en las frecuencias del Instituto Mexicano de la Radio. En el programa (del cual pueden encontrarse podcasts en este sitio), la ex secretaria técnica de la Comisión Especial Encargada de los Festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución del Senado se encarga de responder de manera puntual a preguntas precisas de temas concretos que, se supone, son parte de “los procesos históricos que han conformado a la nación mexicana”.

Con temas como “La muerte de Venustiano Carranza”, “El sitio de Querétaro”, “Miguel Hidalgo” o “El 5 de mayo de 1862”, o preguntas como “¿cuánto tiempo le llevó a Zaragoza vencer a los franceses?”, “¿qué tan importante fue la carga de caballería del general Antonio Álvarez para el triunfo de las armas nacionales?”, “¿fue batalla o combate?”, “¿cuál fue la importancia de los zacapoaxtlas en el triunfo del 5 de mayo?”, el programa “ilustra sobre tan importantes episodios”.

Por ello resulta difícil aceptar los dichos de la directora del INEHRM sobre la responsabilidad de los docentes de historia. El problema no es producto de malos profesores sino de un sistema de enseñanza que prioriza los conocimientos técnicos sobre una formación integral que se apoye en las distintas áreas de conocimiento —algo que seguramente Galeana conoce debido a su vasta experiencia en el ámbito académico y que no debería perder de vista en su papel como servidora pública.

Un buen comienzo sería abstenerse de declaraciones temerarias que parecen insertarse en la cruzada del gobierno federal en contra del magisterio en busca de justificar la reforma educativa.

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