La historia como fractal

por Marco Ornelas *

¿Hay manera de conciliar la irreducible particularidad de la vida social, de la que se jactan los historiadores, con el afán —casi compulsión— de los sociólogos por subsumir los acontecimientos históricos dentro de formas sociales homogéneas? La pregunta, lejos de ser ociosa, abarca la tradicional oposición entre necesidad y azar o entre estructura y acontecimiento, y que en la historiografía alemana del primer tercio del siglo XX contrapuso las ciencias nomotéticas a las ideográficas.

El asunto viene a cuento a propósito del documental Fractals: The Colors of Infinity, el mayor descubrimiento científico desde Einstein, en opinión del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. ¿Quién es y qué descubrió Mandelbrot? Benoît B. Mandelbrot (1924-2010) fue un matemático nacido en Polonia y formado en Francia y los Estados Unidos, a quien se atribuye el desarrollo de un nuevo campo en la geometría: la geometría fractal.

La idea es muy sencilla: un fractal es una figura geométrica irregular que reproduce su complejidad en cualquier escala, esto es, sin importar el grado de resolución de la imagen. La semejanza de la complejidad de estas figuras con objetos de la naturaleza como montañas, líneas costeras, cuencas, la estructura de árboles, vasos sanguíneos y pulmones y con el agrupamiento de nubes y galaxias, es directa.

Lo que se propone aquí es empujar esta analogía para llevarla al campo de los acontecimientos humanos. Se trataría, claro está, de una historia con minúscula y que en principio admite, como sucede con los fractales, distintas escalas o grados de resolución (micro-, meso-, macrohistoria).

Los fractales —ayudados necesariamente de teorías sociológicas contemporáneas— permitirían plantear un programa de investigación histórica que rebasara la doble miopía de considerar que la historia trata con fenómenos absolutamente irrepetibles, no integrables en formas homogéneas (la decena trágica que termina con el asesinato de Madero y Pino Suárez en febrero de 1913) o bien que la historia no es más que la variación de una forma más o menos fija ampliamente documentada (el golpe de estado al presidente Allende en 1973 como aproximación imperfecta a la decena trágica mexicana).

La finalidad de un programa de investigación como éste sería vincular, ensayar, hacer evidentes las escalas o grados de resolución posibles en el tratamiento de los acontecimientos históricos, a la manera en que lo hacen los fractales. Más propiamente: se trataría de mostrar las mediaciones que permiten transformar el suceso histórico único en formas, órdenes sociales discernibles. El empeño redituaría enormes ganancias; por de pronto, arrimar la investigación histórica —que falta le hace— a los descubrimientos científicos más novedosos mediante la analogía conceptual y la investigación interdisciplinaria.

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