por Joaquín E. Espinosa *

¿Qué puede implicar la falsedad de los huesos de los héroes insurgentes?

Antes que nada, y en honor a la verdad, resultaba difícil pensar que, tras las peripecias que los cadáveres de estos personajes pasaron tras su muerte (unos separados la cabeza del cuerpo, otros perdidos algún tiempo), sus restos podrían ser auténticos. Mucho más dado el tipo de sepelios y exhumaciones que se presentaban en aquellas épocas, en que se enterraban a hijos sobre padres, sobre abuelos… Al pasar más de diez años expuestas, ya poco de las cabezas de Aldama, Allende, Hidalgo y Jiménez podía haber sido recuperado cuando la independencia fue conseguida en 1821.

Pero las incidencias de los restos humanos de los forjadores de nuestra nación no es lo que se discute en este momento. Más peso ha tenido el uso que de ellos se hizo apenas el sexenio anterior, durante el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución. Mucho se utilizaron los mencionados héroes patrios para dichos festejos, pero poco en realidad se hizo que valiera la pena. No se publicó una nueva “Crónica oficial del bicentenario…” y los intentos, por ejemplo de la Academia Mexicana de la Historia o de la Universidad Nacional, por publicar una obra general de historia de México se quedaron en breves y ridículas síntesis que pretendieron hacer pasar por la “historia de México”.

Ni siquiera hubo un verdadero homenaje a los héroes, pues el desfile del 16 de septiembre fue un champurrado de folclor y cultura mexicana. Y lo que se pretendió fuera su gran homenaje, el paseo y exhibición de los huesos de los insurgentes en Palacio Nacional (donde fracasó una descabezada exposición México 200 años, la patria en construcción), fue una acción que más bien levantó polémica y que a nadie dejó contento.

Ahora, al dejarse al descubierto verdaderos estudios sobre dichos restos, resulta insultante que nos hayan hecho pasar por estúpidos al ignorar que había huesos de niños en urnas de adultos, de mujeres en urnas de hombre y ¡de animales en lugar de humanos! Dejando de lado el insulto que podría significar para toda una nación que a sus héroes se les mancille y ultraje de esta forma, toneladas de negritos en el arroz siguen saliendo a flote.

Capilla de San Felipe de Jesús en la catedral de México
Capilla de San Felipe de Jesús en la catedral de México

Quizá lo más importante es lo siguiente. Resulta ahora que el héroe independentista menos socorrido, pero —en palabras de Rafael Estrada— el más rico al no haberse erigido su figura en bronce, es del único de quien se tiene verdadera certeza acerca de sus restos materiales, pues ni fue llevado al altar de los Reyes, primer monumento a los héroes nacionales, ni se encuentran en el monumento a la independencia, donde hoy descansan los restos de muchos seres antes vivos, pero que definitivamente nadie puede asegurar que sean Hidalgo, Morelos y compañía… Me refiero obviamente a Agustín de Iturbide, efectivo consumador de la independencia y luego primer gobernante de México.

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