Futuro de la historia del presente

por Wilphen Vázquez Ruiz *

La ciencia del historiador y la responsabilidad del contemporáneo: Christian Meier

Inicio esta discusión con el título de un texto de Christian Meier en el que se plantea que el historiador no puede eludir su responsabilidad con relación a los acontecimientos presentes que, por supuesto, hunden sus raíces en el pasado. Meier nos recuerda que con frecuencia no sabemos en dónde nos encontramos. Al respecto puedo comentar como experiencia directa que, en clase, es muy raro el alumno que se interesa por temas contemporáneos. Por ello recibo con particular agrado las discusiones que el Observatorio de Historia comienza a generar en torno a éste y otros temas; de manera particular me han llamado la atención los comentarios que Diana Barreto, Aurora Vázquez, Renata Schneider, Luis Fernando Granados y, en especial, Halina Gutiérrez han hecho en relación con acontecimientos recientes cuyas implicaciones finales aún están por verse.

El debate de la historia contemporánea genera sin duda discusiones que no terminan por generar un consenso ampliamente aceptado. Baste decir que un buen número de académicos del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM afirman que la materia del saber histórico sólo tiene sus reales en el pasado. Pero, ¿a qué pasado nos referimos? ¿Al de hace cien o 500 años, al de hace 40 o diez años? ¿Qué hay del pasado inmediato? Muchos autores señalan, no sin razón, que toda historia, en tanto que resuelve problemas e inquietudes planteadas en el presente, es por sí misma contemporánea. Estoy de acuerdo hasta cierto punto, pues lo contemporáneo no se limita a esa acepción ni a esa característica de la investigación histórica.

¿Qué es lo contemporáneo? ¿Qué lo delimita o caracteriza? Lo contemporáneo puede ser entendido como el conjunto de elementos, sucesos o ideas que conviven en un periodo y espacio determinado, siendo compartidas en mayor o menor medida por una comunidad. Esta definición, no obstante, es un tanto vaga y puede inducirnos a una confusión en virtud de que en la realidad presente podemos observar determinados fenómenos sociales, culturales o económicos que tienen su punto de origen en épocas tan lejanas de cuyo contexto poco o nada sobrevive.

Siendo así, es conveniente que delimitemos aún más lo que se entiende por este término; en ese sentido, los aportes generados por Geoffrey Barraclough, pueden sernos de particular ayuda, toda vez que éste define como material de la historia contemporánea a la serie de sucesos que arrancaron con la década de los años sesenta del siglo pasado y que para inicios de los años setenta mostraban ya evidencias de encontrarnos en un periodo distinto al de la historia moderna.

Geoffrey Barraclough

Geoffrey Barraclough

Si a las palabras de Barraclough sumamos los avances que, en materia de comunicación, ciencia e informática se han presentado en las últimas dos décadas, las implicaciones que ello tiene para la investigación histórica, así como para la divulgación o difusión de la misma, no dejan lugar a dudas: estamos ante un parteaguas que bien puede cambiar esa reticencia a tratar aspectos recientes, realmente recientes.

Por supuesto, la experiencia nos dicta que lo que en un momento llega a considerarse como trascendente puede dejar de serlo más adelante, o viceversa. De cualquier forma, los avances tecnocientíficos a que nos hemos referido ofrecen una oportunidad, nunca antes presentada, para dar seguimiento con bastante facilidad a las discusiones actuales que, sin duda, definirán el rumbo de las sociedades dentro y allende de nuestras fronteras.

En la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, durante el periodo comprendido entre 2000 a 2010, de 693 tesis de licenciatura sólo 33 versan sobre temas cuya ubicación temporal se ubica en la segunda mitad del siglo pasado. En lo referente al posgrado, de 133 tesis producidas entre 2006 y comienzos de 2011, sólo 31 abordan temas que encajan dentro del periodo 1950-2010. Desde mi punto de vista, y con base en las discusiones de este Observatorio de Historia, quizá en el futuro cercano o mediato la producción de tesis de historia, ya en el nivel de licenciatura o en el posgrado, referentes a lo contemporáneo cambie de manera significativa.

Por supuesto, ello no quiere decir que la investigación sobre el México que va de los siglos XVI a mediados del XX, o anterior a esta etapa, deba ser abandonada. Nada más lejos de esa intención; sin embargo, la necesidad y responsabilidad por estudiar el pasado reciente no sólo es ineludible sino imperativa. Y lo mismo vale para los temas que se refieren a otros países.

Queda claro que el proceso será largo, pero muy fructífero, teniendo un lugar especial en las discusiones teóricas sobre nuestra disciplina. Debemos celebrar que este Observatorio de Historia y, claro está, algunos de los profesores que son referencia en esta Facultad, muestran que ya estamos en ese camino.

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