por Aurora Vázquez Flores *

El pasado 8 de noviembre, el senado francés aprobó, a iniciativa de la izquierda, un texto que hace del 19 de marzo el día nacional de la memoria de las víctimas civiles y militares de la guerra de Argelia y los combates en Túnez y Marruecos (la nota se puede consultar aquí). Como es de esperar, la aprobación de la conmemoración de esta fecha ha causado gran revuelo en la sociedad francesa.

Hacia 1954, después de más de 120 años de colonización francesa, los argelinos se lanzaron a la lucha por su liberación. Durante ocho años, el gobierno —y gran parte de la sociedad gala— combatieron al Frente de Liberación Nacional con un saldo aún no esclarecido de muertxs y desaparecidxs. El episodio culminó con el cese al fuego del 19 de marzo de 1962. Para el 5 de julio del mismo año, Argelia era declarada un país libre y soberano.

Fotograma de La Bataille d'Alger, de Gillio Pontecorvo (1971).
Fotograma de La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo (1966).

En México, el episodio ha pasado a formar parte de la historia de la descolonización africana. Se imparte en la enseñanza media como una serie de hechos que han quedado atrás para no volver. Tal vez a lxs mexicanxs, ésta parezca una realidad muy distante. Para lxs francesxs, sin embargo, las luchas por la descolonización viven latentes en la cotidianeidad de sus ciudadanxs; se respiran en la relegación social que aún viven los grupos árabes y negros en la Francia metropolitana y se reavivan con los debates públicos acerca de la memoria histórica oficial que el gobierno debe adoptar respecto a éste y otros episodios.

Ante la mencionada iniciativa, congelada desde 2002, miembros del partido de centro derecha Union pour un Mouvement Populaire aseguraron que la izquierda quiere usar ésta fiesta nacional para facilitar la visita del presidente François Hollande a Argelia en diciembre próximo, así como para “reescribir la historia y abrir heridas todavía sangrantes” (consultar esta nota). Aseguran que lxs promotorxs de la iniciativa pretenden olvidar a las decenas de miles de harkis y pieds noirs y a aquellas víctimas de la violencia del FLN. Los miembros del UMP proponen en cambio utilizar una fecha “neutral para ambos bandos”.

La discusión resulta muy compleja por sus alcances históricos y políticos. De por medio se encuentra la institucionalización de la memoria histórica del pueblo francés, y también la del pueblo argelino. Los debates historiográficos desatados en el seno del estado sobre las fechas de conmemoración suponen una toma de posición ideológica acerca de los hechos del pasado y de su vigencia en el presente. La elección de una u otra fecha está dada, siempre, en función de la voluntad de recordar un hecho como fundamental para la sociedad y como aquél que representa un proceso histórico complejo.

Lo que una sociedad recuerda acerca de su pasado, por su puesto, no puede reglamentarse en un calendario cívico. Sin embargo, las decisiones estatales en materia de memoria histórica terminan por ser determinantes en ello pues, como vemos todos los días, los libros de texto y los programas de educación están dados en función de una política estatal determinada.

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