por Josefina Mac Gregor *

El 15 de noviembre pasado —y de nuevo en el número 9 de su compilación semanal, aparecida hace dos días— en El Presente del Pasado se publicó un artículo de Pedro Salmerón Sanginés titulado “Cuentas de vidrio”, en el que hace una reseña crítica del libro de Alan Knight, La revolución mexicana, publicado en español en 1990 pero con un copyright de cuatro años atrás.

En realidad no me interesa referirme a los cuestionamientos de Salmerón al libro de Knight, pues no es a mí a quien corresponde replicar. Más bien deseo aludir al menosprecio de Salmerón por la visita de este historiador a las facultades de Filosofía y Letras y de Economía de la UNAM.

En primer lugar, es mi obligación aclarar que no se le rindió ningún homenaje al historiador británico —así lo merezca por su entrega a indagar sobre nuestro país—; se le invitó a impartir tres conferencias sobre algunos de los temas que ha trabajado sobre el siglo XX mexicano. De tal manera que no vino a recibir ningún elogio sino a trabajar.

Historiador trabajando (en el Tec de Monterrey en Torreón).
Historiador trabajando (en el Tec de Monterrey en Torreón).

Efectivamente, a los alumnos del posgrado de historia se les indicó que debían asistir como parte de su compromiso con el posgrado, ya que se trata de actividades organizadas precisamente para promover “la formación crítica de los historiadores mexicanos” que todavía son alumnos en la facultad. También fue obligatorio el seminario que tuvo lugar el semestre pasado al que asistieron académicos extranjeros, de otras ciudades de la república y de nuestro posgrado; y así se hizo este mismo semestre durante los cursillos impartidos por Eric Van Young y José Antonio Serrano Ortega, los cuales no molestaron al doctor Salmerón.

Por lo que se refiere a los estudiantes de licenciatura, mis alumnos estaban obligados a ir porque la primera conferencia se impartió durante mi horario de clase, y esta actividad estaba programada desde que inició el curso. Los demás acudieron por su voluntad. Las fuentes del doctor Salmerón evidentemente no fueron muy precisas.

Sin embargo, el doctor Salmerón planteó una inquietud que debe ser aclarada: ¿por qué se invitó a Alan Knigth? A pesar de las observaciones de aquél sobre el trabajo de éste, la respuesta es muy simple: porque desde hace más de 40 años, Knight se ha dedicado al estudio de la historia de nuestro país, de tal modo que posee una amplísima bibliografía que lo convierte en un referente ineludible para los interesados en el estudio del siglo pasado.

Salmerón mismo reconoce que el libro de Knight, ése que tanto critica, está en la bibliografía de los cursos sobre la revolución mexicana de todo el país. ¿Acaso supone que los profesores, sin excepción, somos tan ignorantes como para sugerir un trabajo inconsistente? ¿Acaso supone que hay una historia general sobre la revolución mexicana que no tenga aspectos cuestionables? De dónde viene Alan Knight me tiene sin cuidado, pues no soy xenófoba. Desde mi perspectiva, Knight no es ninguna cuenta de vidrio; es un académico que vino precisamente a exponer sus ideas para contrastarlas con las de los que quisieron hacerlo —ya que, por cierto, la entrada a las conferencias fue libre y libremente se hicieron comentarios y preguntas.

5 Comments

  1. A mi tampoco me importa, para los efectos de su labor como historiador, donde nació ni donde estudió el Dr. Knight. No me interesa tampoco cuántos libros haya escrito, cuantos años tenga estudiando un tema ni en cuantas bibliografías lo incluyan. Si jugáramos con criterios semejante stambién podríamos invitar a SArmando Fuentes Aguirre, Catón, porque nadie tiene más años escribindo sobre nuestra historia ni más ejemplares vendidos que él.

    Lo que me interesa es la manera en que trabaja, la parcialidad de sus fuentes, su falta de equilibrio y la inconsistencia de sus novedaosas e interesantes aportaciones cuando una las mira por los pies. Me gustaría que la Doctorta MacGregor comentara algo sobre eso. O que alguien respondiera a mi artículo publicado en “Historia Mexicana” en el que apareció la crítica que resumí en nuestro blog y que nadie comentado, quizá porque sigue sin gustarnos que se critique a quien han dedicado 40 años a nuestra historia. También Arturo Langle, por poner un ejemplo, tiene 40 o 50 años de trabajo sobrte la revolución mexicana, y eso no significa nada.

    En fin, si mi error o el de mis fuentes fue decir que los alumnos de varios cursos de licenciatura fueron obligados, me retracto sobre ese único punto. Diré pues: los alumnos del posgrado y los de un curso de licenciatura lo fueron. Y si no fue homenaje, la manera en que se publicaron las invitaciones lo hacía parecer.

    Por cierto, referí al artículo en la entrada del día 15. Vuelvo a hacerlo:

    http://redalyc.uaemex.mx/pdf/600/60015959002.pdf

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    1. Porque, como digo en tuitter y FB:

      En realidad, sería infinitamente más importante y enriquecedora una polémica sobre la obra de Alan Knight con la Dra. Josefina MacGregor, que una discusión sobre las estupideces de Zunzu, Catón o Schettino…

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  2. Lo que critiqué, estimada Bertha, es la manera en que trabaja Alan Knight, la parcialidad de sus fuentes, su falta de equilibrio y la inconsistencia de sus novedaosas e interesantes aportaciones cuando una las mira por los pies. Y el hecho de que le rindamos homenaje a gente así.

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  3. La doctora Josefina se molesta mucho, pero, como usted dice, no se enfoca en lo realmente importante. Y si, ya no queremos cuentitas de vidrio. Saludos Dr. Salmerón !!

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