por Huitzilihuitl Pallares Gutiérrez *

Por continuar hablando del bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución mexicana —lo que, dicho sea de paso, seguiremos haciendo hasta por lo menos 2021—, propongo sumar un punto más a la discusión: la participación de los historiadores en las conmemoraciones. Como dijo alguna vez Cristina Gómez Álvarez, hace falta ser más autocríticos: 2010 representó para los profesionales de la historia una oportunidad, acaso la primera, de tener diversos escenarios a su disposición para difundir el conocimiento histórico que se desarrolla al interior de la academia. Fue, pues, una oportunidad de oro: salir de los cubículos y poder llegar a un público bastante amplio, diferente al de los múltiples estudiantes de las facultades.

Programas y entrevistas en la radio y en la televisión, exposiciones, conferencias y publicaciones de libros, fueron algunos de los medios por los que los historiadores pudieron comunicarse con un amplio y diverso público… El resultado en general, sin embargo, deja mucho que desear. Basta ver los programas Discutamos [a] México para darse cuenta de que los historiadores se expresaron en un lenguaje poco menos que incomprensible: por ejemplo, “La independencia de México: La rebelión popular” fue más bien una mesa de discusión académica sobre las contribuciones de la historia social al desarrollo de la historiografía sobre el tema.

Historia soporífera
Historia soporífera

¿A quién de los televidentes le interesaría conocer los debates de la historiografía de los últimos años? En realidad a casi nadie entre la gente común le importó ver esos 150 programas, que  fueron “un dialogo crítico con más de 500 expertos en la historia y en la cultura de nuestro país”. En todo caso, el público volvió a ser el de los estudiantes universtarios, aquéllos interesados en algún tema en particular, en la difusión de la historia, o en la participación de algún profesor.

¿Acaso los historiadores se preguntaron, antes de tomar la palabra, sobre la utilidad de la historia para la sociedad en que vivimos? Tal parece que la mayoría, no. Una cosa mostró la participación de los profesionales de la historia en las conmemoraciones: la historia se reduce a su función de conocimiento y por tanto no tiene una función social.

En ese sentido, creo que el problema no sólo es la simple cuestión de cómo los historiadores se enfrentaron y efectuaron la difusión del conocimiento histórico, sino que tiene que ver con la manera de concebir la historia. En mi opinión, por el contrario, es necesario —como ha propuesto Marialba Pastor— convertir a la historia en una narración significativa para el presente.

1 Comment

  1. Que exista un medio de comunicación abierto para nada implica que la comunicación se efectúe. En 2010 se abrieron espacios y algunos especialistas hablaron. Nunca hubo diálogo entre quienes pudieron soportar los horrendos programas de la inefable serie esa y los “especialistas” en monólogos.
    Que no ocurra lo mismo con El presente del pasado; que los que aquí exponemos nuestras ideas no ignoremos a quienes lleguen a leernos.
    Por lo demás, me deslindo de escribir sobre conmemoraciones hasta 2021. Mi presente me plantea otra relación con el pasado.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s