Chivos, cerdos y marranos

por Pedro Salmerón Sanginés

Los jilgueros del régimen, los crédulos que se dejan seducir por campañas de odio generosamente financiadas e incluso algunos académicos y personas bien intencionadas se han aferrado al significado bíblico de chivo expiatorio para desatar la enésima campaña de calumnias y mentiras contra Andrés Manuel López Obrador. Puesto que López Obrador calificó a Javier Duarte de Ochoa de “chivo expiatorio”, argumentan que lo está defendiendo o lo considera inocente. (¿Qué pasaría si usaran de la misma manera el significado antiguo —pero todavía presenten el diccionario— de marrano, término que López Obrador aplica a los priístas en el poder?)

Se olvida (a propósito y con mala intención en algunos casos, por ignorancia en otros) que en cada cambio de sexenio de la transición del régimen priista al neoliberal un puñado de políticos eran sacrificados en el altar de la “justicia” para que los principales responsables de los sucesivos desastres políticos y económicos quedaran impunes. A ese puñado de políticos sacrificados sexenalmente se les llamó, en cada una de esas ocasiones, “chivos expiatorios”, sin que en ningún caso eso significara que fuesen inocentes.

¿Los emblemáticos? Jorge Díaz Serrano y Arturo Durazo Moreno en 1983, Joaquín Hernández Galicia en 1989, Raúl Salinas de Gortari en 1995… con el retorno del PRI y sus prácticas, Elba Esther Gordillo en 2013. De todos ellos se dijo que eran chivos expiatorios y la mayor parte de las opiniones al respecto no los hacían inocentes: eran chivos expiatorios en el sentido que hemos indicado. Se les sacrificaba para salvar a régimen y a los culpables mayores. (Podría traer a cuento numerosos artículos de opinión de 1983 y 1989, sobre todo.)

De acuerdo con esa tradición y más allá de definiciones académicas, por supuesto que Javier Duarte de Ochoa es un chivo expiatorio: sus antiguos jefes y grandes amigos lo envían a la cárcel cuando se sienten amenazados por un cambio de régimen que puede abolir sus privilegios y llevarlos ante la justicia.

Pero de la interpretación a modo que hacen los jilgueros del régimen (y que mucha gente de buena fe ha hecho suya) se salta a la mentira descarada, según la cual Andrés Manuel es un defensor de Duarte o dice que Duarte es inocente. De ahí se llega incluso a asegurar que Andrés Manuel nunca señaló el carácter criminal de Duarte, o se compra la mentira inventada (nunca probada) por uno de los políticos de más negro historial entre tantos historiales negros, Miguel Ángel Yunes Linares, que vincula a Duarte con Morena.

Otro precioso gober. (Foto: AP.)

De ese modo, y aunque no debería sorprender a nadie la capacidad que tienen los priistas y panistas en el poder (o a su servicio) para mentir con descaro, recordaré de manera meramente enunciativa algunas cosas que desde Morena han dicho Andrés Manuel y otros actores políticos sobre el inefable criminal Javier Duarte de Ochoa, que hasta ayer era flor y espejo de la mafia política en el poder y que hoy es chivo expiatorio para salvar a la misma.

El primero de agosto de 2015, al saberse en Xalapa del asesinato de Rubén Espinosa, frente al palacio de gobierno Cuitláhuac García y Paco Ignacio Taibo II señalaron al gobierno del estado, y en particular al gobernador Duarte, como cómplice del asesinato del fotoreportero. Cuitláhuac, en ese momento diputado electo por Xalapa, exigió que la PGR atrajera el caso, porque las autoridades de Veracruz estaban comprometidas de una u otro manera en el crimen.

El 17 de noviembre de 2015, en El Higo, Veracruz, López Obrador dijo: “es lo mismo Salinas del PRI que Fox del PAN, es lo mismo Peña Nieto del PRI que Calderón del PAN, no hay diferencia, no nos estemos equivocando”. Expresó que a la mafia del poder no le preocupa si Miguel Ángel Yunes ganaba el gobierno de Veracruz porque no hay diferencia entre los priistas Fidel Herrera, Javier Duarte y el panista Yunes. Desde ese día señalaría reiteradamente que Duarte y Yunes eran igualmente corruptos, lo que en ningún caso y de ninguna manera implicaba exculpar a Duarte.

El 3 de marzo de 2016, los diputados Rocío Nahle y Sergio René Cancino presentaron una solicitud de juicio político contra Javier Duarte, respaldada en pruebas más que suficientes, que la mayoría de la cámara, al parecer aún vinculada al Pacto por México, desatendió. Meses después, el 12 de octubre, Cuitláhuac García exigió que se atendiera esa demanda, que se desaforara a Duarte para evitar que se fugara y recordó que Morena había solicitado juicio político desde más de medio año antes: Duarte —dijo— “no solo debe responder por peculado y corrupción sino por múltiples daños al estado de Veracruz”.

El de 5 de abril de 2016, Cuitláhuac García, ya en campaña para gobernador del estado, a pregunta expresa sobre Duarte, respondió: “hay que, inmediatamente, fincarle responsabilidades” y aplicar la ley (minuto 2:15). “Hay un daño patrimonial” de millones de pesos, agregó, y recordó que Morena ya había iniciado la solicitud de juicio político en la cámara de diputados.

El 13 de abril, en Tantoyuca, Andrés Manuel definió al gobierno de Duarte como continuador de la corrupción de Fidel Herrera (minuto 1.45): “El gobierno de Duarte es lo mismo […] un desastre: corrupción, inseguridad, violencia, algo realmente lamentable.” Y al día siguiente, en Poza Rica, respondió a los reporteros “Es un corrupto, en efecto: Duarte es muy ladrón.” “La única diferencia que hay entre Duarte y Yunes Linares es que Duarte es ratero y Yunes es ladrón.” El 16, en otra declaración, simplemente invertiría los términos: “La única diferencia entre Duarte y Yunes Linares es que uno es ladrón y el otro es ratero, pero son lo mismo.” Lo repetiría en numerosas plazas (me tocó escucharlo en cinco o seis).

El 19 de abril, reuní las opiniones de los dirigentes de Morena sobre Duarte de Ochoa en un artículo de La Jornada, en el que sinteticé: “Ese gobierno se caracteriza por la corrupción, el cinismo y la soberbia, y deja el campo abierto a la impunidad, la violencia e índices crecientes de marginación y pobreza. El señor Duarte de Ochoa hace ingentes esfuerzos para pasar a la historia como el peor gobernador del peor par de sexenios de nuestra historia moderna. Será recordado por los 17 periodistas asesinados, los siete violadores confesos que siguen impunes, los cuatro muchachos de Tierra Blanca, los desalojos, la represión y la inaudita desvergüenza de sus declaraciones.” No se trataba de mi posición, sino de la síntesis de la opinión de los compañeros de Veracruz.

El 27 de mayo, Cuitláhuac declaró: “Vamos a iniciar las investigaciones con el objetivo de fincar responsabilidades no solamente contra los que desviaron recursos y se hicieron de dinero público de manera ilegal, sino en contra de los que actuaron de manera omisa en sus instancias investigadoras.” Y recordó el 24 de junio que “La solicitud de juicio político tiene meses interpuesta, y ni PRI ni PAN han querido retomarla ahí en la cámara de diputados.”

El 28 de mayo, Andrés Manuel señaló “que el PRI trajo al ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, para operar el fraude” y llamó a tener cuidado, “no acercarse a esa gente, porque pueden perder al cartera, son muy ladrones”. Recordó que “Herrera fue quien impuso al gobernador mediocre y ladrón de Javier Duarte”.

En su discurso de cierre de campaña, el 29 de mayo (cuando algunos de los políticos con peor reputación del país, incluido Yunes Linares y algunos de sus más fervorosos aliados perredistas, habían lanzado la fantástica acusación de que Duarte había financiado su campaña), Cuitláhuac llamó a Javier Duarte “corrupto” de manera reiterada (minuto 5:20). Añadió: es “un ladrón de primera” que no actúo solo”. “Duarte, además de ladrón, tiene miedo a la ciudadanía” (minuto 18). Concluyó: “ya para qué hablar de alguien que se va a hundir en el fondo del mar” (minuto 20). Y de paso retó a sus acusadores a que entregaran una sola prueba de que se hubiese acercado un solo momento a Duarte (pruebas que seguimos esperando, un año después).

El 7 de junio, Cuitláhuac acusó que “el gobierno de Javier Duarte de Ochoa montó en Veracruz un mega operativo para inhibir el voto que incluyó amenazas vía celular, balaceras, comandos armados, cambio de dirección de las casillas de último momento, así como retraso en su apertura”.

El 13 de octubre de 2016, otra vez de gira en Veracruz, Andrés Manuel dijo en Ozuluama: “Tienen que enjuiciar a Javier Duarte y Yunes Linares.” Duarte actuó mal, encabezó un gobierno corrupto, pero el panista Miguel Ángel Yunes Linares es igual, “no voy a decir peor, porque no le quiero dar ventaja a ninguno de los dos”. Tres días después, en Chicontepec, abundó: “Duarte es un reverendo ladrón […] nada más se dedican a robar, a saquear.”

De verdad hay que tener un grado increíble de cinismo y desvergüenza, o permanecer ciego ante la realidad, para suponer, ante estos botones de muestra, que Andrés Manuel López Obrador haya dicho o sugerido alguna vez que Javier Duarte de Ochoa es inocente. Y hay que ser ingenuo o malintencionado para creer las calumnias, ayunas totalmente de pruebas, de sujetos como Miguel Ángel Yunes, sus patrocinadores del PAN y sus aliados en el seno del PRD. Pero ya no me extraña la mentira de los jilgueros deel régimen.

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