De Cienfuegos a Chavez Ravine

por Arturo E. García Niño

para Juan Carlos Plata, quien alimentó, sin querer, esta historia de migrantes

Lo habían intentado por lo menos cuatro veces antes de junio de 2012, pero —ya la policía de su país, ya la guardia costera estadounidense— otras tantas veces los habían regresado. Querían emigrar a pesar de que tenían privilegios que el resto de sus compatriotas ni soñaban. Eran ídolos. Uno, el beisbolista, ganaba 17 dólares mensuales por fuerza de su talento y su poder atlético, por ser muy fuerte y muy rápido; por el poder y la velocidad que de cuando en cuando se conjugan para catapultar a los ganadores de las triples coronas en grandes ligas. El otro, boxeador, tenía un récord de 230 victorias y 33 derrotas, y formaba parte del equipo nacional de la disciplina.

Yasiel Puig. (Foto: Reed Saxon.)

Yasiel Puig. (Foto: Reed Saxon.)

Desde sus inicios en las Escuelas de Iniciación Deportiva Escolar y su paso por las Escuelas Superiores de Perfeccionamiento Atlético, Yasiel Puig, el beisbolista, demostró que con mucho superaba a sus compañeros. A los 17 años este joven oriundo de Palmira, quien vivió su primeros años y sus primeros lances beisboleros en Elpidio Gómez, pueblo azucarero de tres mil habitantes pegado a Palmira, ingresó a los Elefantes de Cienfuegos.

Luego de una buena temporada inicial, su indisciplina, el gusto por las mujeres y la fiesta lo condujeron a calentar la banca durante la segunda. Regresó a la siguiente para reconciliarse con la afición y las estadísticas: .333 de porcentaje de bateo, 17 jonrones, 47 carreras impulsadas y 78 anotadas fueron sus números en 2010-2011. Vino la temporada 2011-2012 y la vuelta a su fiestero actuar le acarreó ser puesto fuera de circulación por la autoridades deportivas. Su mánager abogó por él y le permitieron ser reserva durante veinticinco partidos, al cabo de los cuales no volvió a jugar; se le consideraba un mal ejemplo para sus compañeros y la juventud cubana.

La huída, según el beisbolista

Cuando salió de Cienfuegos por carretera rumbo a Matanzas, para de ahí navegar rumbo a Miami, a Puig lo acompañaban un boxeador (su amigo desde la infancia), un santero y una modelo que veían en su viaje a La Yuma la solución a todos sus problemas. Él recordaba que ya en 2010 se le habían acercado miembros de las redes clandestinas que asedian a los atletas cubanos, para ofrecerle 300 mil dólares si se comprometía a jugar en Estados Unidos, y los había denunciado al Ministerio de Deportes. Ahora había decidido que no tenía ya nada que hacer en su patria, llena por doquier de mantas con la leyenda “Jamás renunciaremos a nuestros principios”.

Subió a la lancha controlada por cinco hombres a quienes Raúl Pacheco, un delincuente de Miami, les pagaría 250 mil dólares para que los trasladaran hasta allá. Fueron llevados primero a Isla Mujeres, punto intermedio necesario para cumplir con los requisitos establecidos por las autoridades hacendarias estadounidenses. Ahí, en un motel isleño, los cuatro migrantes ilegales pasarían días y semanas porque Pacheco no enviaba la cantidad pactada con los polleros, que estaban bajo la égida y protección del cartel de los Zetas. Éstos empezarían a subir diariamente el costo en 20 mil dólares y amenazarían al beisbolista con cortarle algunos dedos de la mano e incluso el brazo.

El acuerdo del beisbolista con Pacheco era que le pagaría el 20 por ciento de su contrato con el equipo de grandes ligas que firmaría al final del sufrido periplo: los Dodgers de Los Ángeles, a cuyas filas llegó Puig para ganar 42 millones de dólares por siete años jugando con el equipo nacido en Brooklyn —el contrato más alto de la historia firmado hasta entonces por un beisbolista cubano-agente libre internacional—[1] y desatar la puigmanía con sus actuaciones.

La huida, según el boxeador

Yunior Despaigne —quien hoy tiene una academia de boxeo en Miami y es sobrino de Yordanis Despaigne, también pugilista huido de Cuba en 2008— era ya famoso cuando salió de Cuba con su compañero de toda la vida, la novia de éste y el santero del beisbolista rumbo a Estados Unidos. En Isla Mujeres, según Yunior, la pasaron bien: “Puig hasta se iba de fiesta con algunos de los lancheros, sobre todo con uno llamado Tomasito”, dijo a El Nuevo Herald en junio de 2014. Y agregó: “Allí creo que [Puig] desarrolló su apetito por convertirse él también en un traficante de peloteros. Vio las cifras que se manejaban [y] cómo era el proceso de sacar gente.”

Ya antes, durante su vida en Cuba y sus intentos de escape de la isla, habían ocurrido algunos hechos sospechosos, recordó Despaigne: “Con el tiempo caí en cuenta de que Yasiel era el principal responsable de que algunos que intentaron irse con nosotros cumplieran prisión, ahí estaban sus declaraciones juradas […], sus llamadas extrañas en medio de los puntos de escondite. Una vez, escondidos en Holguín, llegó la policía y le dijo en la cara que él estaba colaborando, cosa que él negó enfáticamente.” Despagine amenzó que mataría Puig en caso de caer preso. “Él le temía a esa advertencia”, concluye quien, en la primavera de 2011, estableció contacto vía telefónica con su conocido Raúl Pacheco, el balsero promotor de la huida y quien lo buscó por su cercanía con Puig para que lo convenciera de irse a Estados Unidos.

Su labor de intermediación sería pagada en parte con su inclusión en el grupo que acompañaría al beisbolista de los Dodgers. A a través de él, Pacheco le enviaría a Puig más de 25 mil dólares de adelanto. “Curiosamente en el último viaje él no quería venir, pero Pacheco lo presionó y no le quedó más remedio que coger rumbo a la costa sur de Matanzas”, le dijo a El Nuevo Herald en la entrevista donde dio a conocer que a él, por su gestión, le prometieron 250 mil dólares, de los cuales sólo le dieron 95 mil, y que Pacheco, junto a Alberto Fariñas y Gilberto Suárez (a quienes el balsero acudió cuando los polleros subieron la tarifa de 250 mil a 400 mil dólares) se llevaron el 15 por ciento del contrato de Puig.

Las intervenciones de Fariñas y Suárez consiguieron que los migrantes llegaran a su destino final, pero no estuvo nunca claro qué hicieron para lograrlo, hasta que Despaigne recibió llamadas telefónicas amenazándolo para que hiciera que Puig pagara. Luego un hombre en la calle lo encañonó con una pistola y le repitió el reclamo. Acudió a Puig y éste le respondió que cambiara el número de teléfono o que mejor cambiara de domicilio. Despaigne dice que acudieron a él porque Puig era ya una gran figura del deporte y por ende inalcanzable para los reclamantes.

2015

Los para entonces ex amigos Puig y Despaigne vislumbraban su reencuentro a finales de ese 2015, cuando el pelotero tuviera que dar la cara en los tribunales a causa de la demanda interpuesta en su contra por Miguel Ángel Corbacho Daudinot (condenado en Cuba a siete años de cárcel), acusándolo de ser chivato del gobierno cubano, y en la cual Despaigne era uno de los testigos principales. Además, el hermano materno de éste, Eduardo Antonio Soriano Díaz, había sido condenado en la isla, junto a dos hombres, por intentar sacar, enviados por Puig, al lanzador Noelvis Entenza, compañero de éste en el equipo de Cienfuegos. Avelino González, abogado de Corbacho Daudinot y de Yunior Despaigne en el caso de Soriano Díaz, afirmó que Puig no sólo era un chivato del gobierno cubano, sino un delincuente que violó la ley en Estados Unidos al tratar de llevar ilegalmente a Entenza, quien, se sospecha, fue quien denunció a los enviados de Puig, entre ellos al hermano de Despaigne, ante el gobierno cubano.

El caso, por razones que hasta hoy no sabemos, se quedó estancado en ese año y evitó la posibilidad —si los gloriosos Dodgers hubieran llegado a disputar el clásico de otoño en ese año— de que Yasiel, un monstruo del béisbol que en 2013 y parte de 2014 fue el más importante y sensacional pelotero de grandes ligas, entrara y saliera del diamante para ir a los tribunales. Quizás tuvo que ver en ello la intervención Antonio Castro —hijo de Fidel—, quien era responsable de las negociaciones entre Cuba y las ligas mayores para el traslado legal de los beisbolistas cubanos a la gran carpa, dentro de las negociaciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas promovido por el gobierno de Barack Obama; el mismo Antonio Castro que negoció la visita de Puig —considerado un desertor— a Cuba en enero de 2016. (Un mes antes había sido parte de una delegación de las ligas mayores, y volvería en febrero de ese mismo año para visitar Cienfuegos, pasear por las calles y firmar autógrafos.)

Hoy, casi normalizadas las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump y sus embates contra todo migrante, las acusaciones en contra de Puig —cosas de la política— se desvanecen quizá gracias a las gestiones de Antonio Castro. Y el presunto desertor y traficante de beisbolistas, acusado de estar al servicio del aparato de inteligencia cubano, puede ir y venir a su tierra, luciendo una gruesa cadena de oro al cuello y apantallante reloj en la muñeca izquierda, independientemente de que sus números en la temporada 2016 hayan sido un escaso .263 de promedio de porcentaje, con 11 cuadrangulares y 45 carreras impulsadas —muy lejos del .348 de D.J. LeMahieu, los 41 y las 133 de Nolan Arenado, campeones en los respectivos departamentos en la Liga Nacional.

El espectacular monstruo cienfueguino de 26 años, del que los Dodgers esperaban encabezara la conquista de la serie mundial, que no han ganado en las últimas 28 temporadas, ha dejado mucho que desear con su bateo de .287, sus 57 jonrones y 194 careras impulsadas en 435 partidos jugados en grandes ligas. La puigmanía terminó a causa de los altibajos y el gusto por la fiesta del pelotero, y el equipo angelino busca, sin éxito hasta hoy, venderlo a algún equipo. En tanto, Puig espera jugando en un equipo de la liga Triple A estadounidense.

Fuentes

Es mucha la información de prensa respecto a los casos de Puig, Despaigne y Entenza. Una buena síntesis puede verse en “Ex boxeador cubano acusa a Yasiel Puig por arresto de hermano”, nota de Jorge Ebro, El nuevo Herald, 2 de octubre de 2014 —disponible aquí—; “Yasiel Puig subjected to threats, suit”, ESPN, 20 de abril de 2014 —disponible aquí—, y “Court in Cuba Sentences Three Baseball Players for Human Trafficking”, nota de Wilfredo Cancio Isla, Havana Times, 13 de agosto de 2014 —disponible aquí.

[1]. En octubre de 2014, José Pito Abreu, de 26 años, firmaría con los White Socks de Chicago un contrato por seis años a cambio de 68 millones de dólares. Sus números amparaban la grosera cantidad: .345 de porcentaje de bateo, 19 jonrones y 60 impulsadas en 264 veces al bate durante 2012-2013; un año antes había bateado para .453, con 33 jonrones y 93 impulsadas en 66 juegos.

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