por Octavio Spíndola Zago *

En otro momento hemos comentado las estrategias de entretenimiento cultural en nuestro país, que trae consigo cierto regreso a la noción ilustrada de cultura como espacio restringido para las clases altas que saben apreciar los bienes materiales que las élites gobernantes ponen a su disposición con museografías escenográficas monumentales y minimalistas. Tomé como ejemplo aquella vez el Museo Internacional Barroco, ubicado en la periferia residencial de la Angelópolisque hoy alberga una exposición temporal sobre Audi, porque nada puede ser más barroco que una industria de automóviles de lujo jugando.

En esta ocasión propongo algunas líneas para reflexionar acerca de las otras estrategias de los tecnócratas que implementan con avidez: la destrucción y la subasta. Creo conveniente aclarar que el problema fundamental de esto es la visión patrimonial de los bienes públicos y la personalización del cargo que los políticos tienen a abrazar, lo que les lleva a introducirse a la dinámica de redes clientelares, corporativismo electoral y corrupción de los recursos.

Edward Burnett, en el ocaso del siglo XIX, propuso definir la cultura como “aquel conjunto complejo que comprende conocimientos, creencias, arte, leyes, moral, costumbres así como otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad”. Bolfy Cottom agrega la característica de retroalimentación entre grupos, y entiende la cultura como la enuncia Guillermo Bonfil: como “el conjunto de símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, significados, formas de comunicación y organización sociales, y bienes materiales que hacen posible la vida de una sociedad determinada y le permiten transformarse y reproducirse como tal de una generación a las siguientes” (citado en “Patrimonio cultural nacional: El marco jurídico y conceptual”, Derecho y Cultura, 2001).

Si aceptamos que el patrimonio son las huellas de la memoria y el olvido que se encuentra, los restos, intencionales y no intencionales, tangibles e intangibles, que representan procesos sociales e históricos —cuyo sentido obtienen de éstos y son resignificados a la vez por ellos al introducir nuevos sentidos o renegociados, como afirman Criado-Boado y Barreiro—, entonces podríamos enriquecer esta postura afirmando que el patrimonio se distingue por su significado y representación singular como una expresión que concentra en sí toda la riqueza, la esencia y el espíritu que nos transmite una cultura. Se vuelve resto material, transhistórico y metacultural, del sentido sobre el que se funda la comunidad humana; es evidencia del devenir histórico de la humanidad.

“Entre el poco personal que queda en el olvidado San Pedro Museo del Arte existe zozobra ante la versión extraoficial que corre desde hace algunas semanas, la cual apunta a que este inmueble de origen virreinal y que ha sido uno de los edificios más importantes en la historia de Puebla desde hace cinco siglos, podría formar parte de los bienes que están siendo rematados por el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.” Con pesar escribió estas líneas Fermín Alejandro García hace unas semanas, advirtiendo que el magnate mexicano Carlos Salinas Helú ya se ha apuntado como potencial comprador.

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Pero es sólo otro escándalo más de la venta de garage que el suspirante presidencial ha puesto en marcha en el último tramo de su mandato. La Casa de la Enfermera, un edificio en la avenida Maximino Ávila Camacho, la biblioteca del Consejo Puebla de Lectura, y la reciente solicitud para enajenar también la Casa del Escritor y otro inmueble sobre la calzada de los Fuertes, cerca de Casa Puebla, son los conocidos. La destrucción no sólo se hace presente en las zonas arqueológicas; el gobierno también está clausurando las posibilidades de acceder a espacios culturales como la galería Tesoros de la Catedral, el Museo de la Revolución Casa de los Hermanos Serdán, el Museo Bello y González y el Museo Regional Casa del Alfeñique han sido cerrados por remodelaciones por tiempo indefinido.

Los mexicanos estrenaremos Secretaría de Cultura el próximo año (ya con sus estatutos en orden), y los poblanos veremos renacer la primera secretaría de cultura del país, ya no como órgano descentralizado sino ahora subordinada al turismo abiertamente. Ni hablar, se subasta el país; interesados, inbox.

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