por Fernando Pérez Montesinos *

Las campanas de la iglesia comenzaron a sonar desde muy temprano la mañana del 15 de abril de 2011. No se trataba, sin embargo, del habitual llamado a misa. No esta vez. En esta ocasión las campanas convocaban a los habitantes de Cherán, pueblo de la meseta purépecha, a un asunto de suma urgencia. Había que cerrar todas las entradas y salidas del pueblo para evitar el paso de camiones que, un día sí y otro también, transportaban troncos de árboles de pino y encino extraídos de los bosques pertenecientes a Cherán. Alrededor de las 8 a.m., un grupo de jóvenes y mujeres interceptaron cuatro de esos camiones y apresaron a quienes los conducían. Se trataba, según parece, de gente del pueblo vecino de Capácuaro. La sangre estaba que hervía. Uno de los detenidos estuvo a punto de ser linchado, pero los gritos de “no somos asesinos” aplacaron las cosas. Nada se les haría a los apresados. A los camiones, eso sí, se les prendió fuego.

Los de Cherán sabían que aquello les acarrearía consecuencias y levantaron barricadas a lo largo y ancho del pueblo a la espera de lo que viniera y quienes vinieran. Dos horas después llegaron en cinco vehículos un grupo de alrededor setenta individuos procedentes, la mayoría, de Capácuaro. Traían palos y machetes. Traían armas de fuego. También los de Cherán. El enfrentamiento duró varias horas. Hubo un herido de bala de gravedad, varios vehículos más incendiados y bloqueos en distintos puntos de la carretera que conecta Cherán con Uruapan y Zamora. Al final, el grupo de Capácuaro no pudo liberar a los retenidos por los habitantes de Cherán. Sin embargo, el pueblo tuvo que replegarse sobre sí mismo. Nadie podía entrar o salir. Por la noche, las barricadas se convirtieron en docenas de fogatas alrededor de las cuales se fueron juntando los vecinos de los cuatro barrios del pueblo para protegerse unos a otros y estar a la escucha de un posible nuevo ataque.[1]

En un principio, se habló de los sucesos en Cherán como de un conflicto “típico” entre comunidades vecinas. En realidad, se trataba de un acto inusitado de desobediencia civil, una pequeña revuelta de grandes consecuencias en contra de las autoridades y el poder cada vez más asfixiante de células del crimen organizado. En los días anteriores al enfrentamiento del 15 de abril, un grupo de mujeres se había reunido para hablar sobre la situación por la que atravesaba Cherán desde hace tres años. De esas reuniones salió la idea de hacer unos volantes y repartirlos por el pueblo. El mensaje de los volantes era simple, pero contundente: “Ya basta compañeros y compañeras. Vamos a levantarnos”.[2]

En Septiembre de 2006, cinco cabezas humanas fueron dejadas sobre la pista de baile de un centro nocturno en la ciudad de Uruapan, la población más grande de la meseta purépecha ubicada al sur de Cherán. Se trataba de uno de los primeros actos de violencia extrema que marcaría el inicio de la ola de crueldad y consternación que azolaría al estado de Michoacán en los años por venir.[3] Los ajustes de cuentas iniciales entre bandas criminales rivales por el control del mercado y tráfico de drogas dieron eventualmente paso a la hegemonía del cártel de La Familia y, después, a la de los Caballeros Templarios. Pronto, las operaciones de los cárteles se extendieron más allá del comercio ilícito de drogas hasta incluir secuestros, trata de personas y extorciones.[4]

No por casualidad, las zonas al sur del estado fueron las más afectadas por las actividades del crimen organizado. Ahí, en municipios como Coalcomán y Aguililla, se encuentran las minas de hierro de las que se apoderaron primero La Familia y luego los Templarios para llevarse una gran tajada de las exportaciones a China. Ahí, en Lázaro Cárdenas, también está el puerto más grande del país y uno de los más grandes de todo el Pacífico. En la tierra caliente michoacana, una región abundante en agua e históricamente propicia para la agricultura comercial a gran escala, la exigencia de pago de cuotas a productores, cortadores y empacadores de limón (Buenavista, Apatzingán) comenzó a dar ganancias millonarias al crimen organizado. Entre la parte norte de la tierra caliente y la parte más al sur de la meseta purépecha están los cultivos de aguacate (Tancítaro, Los Reyes, Peribán, Uruapan), un negocio de cientos de millones de dólares que ha hecho de Michoacán el mayor productor a nivel mundial y que pronto también fue objeto de la ambición de los grupos criminales.[5]

En las partes altas de la meseta purépecha, donde el agua escasea y por tanto no es posible el cultivo comercial a gran escala, el blanco de las extorciones y exacciones ilícitas fue otro: los bosques de pino y encino característicos del área. La tala clandestina en pueblos como Cherán tuvo al menos dos vertientes. La primera consistió en reclutar directamente mano de obra en algunos pueblos vecinos para que llevaran a cabo el corte y extracción de madera. Una vez cortada, la madera era transportada a un conjunto de aserraderos (muchos de ellos clandestinos) controlados por La Familia. En la segunda vertiente, la organización criminal ofrecía “protección” y permita “libre” acceso a los bosques a cualquiera que estuviera dispuesto a pagar una cuota correspondiente por la madera cortada. Por cada camión, se cobraban alrededor de mil pesos. Sólo en Cherán, llegaban a contarse entre 180 y 250 camiones diarios.[6]

Y así lo mismo durante tres años hasta aquel 15 de abril de 2011. A decir de sus pobladores, Cherán perdió unas 16,000 hectáreas de bosque de un total de 20,000. Oponerse a tala significaba exponerse a intimidaciones, amenazas, secuestros e incluso la muerte. La tala podía llegar a involucrar hasta 500 individuos, entre ellos gente que cargaba armas de alto calibre. A pesar de los riesgos, muchos decidieron hacer frente a la situación: al menos 18 perdieron la vida y cinco más fueron desaparecidos en el intento. Los habitantes de Cherán siguieron las vías institucionales. Levantaron las denuncias correspondientes. También acudieron a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Las autoridades federales, estatales y municipales estaban al tanto de los problemas por los que atravesaba el pueblo. La Secretaría de Pueblos Indígenas de Michoacán llegó a hablar de otros trece “focos rojos” similares a Cherán. Ya sea por incapacidad, falta de voluntad o complicidad, nunca autoridad alguna actuó en consecuencia.[7]

Cuatro días después del enfrentamiento del 15 de abril, el gobierno de Michoacán (en ese entonces a cargo del perredista Leonel Godoy) reconoció públicamente que el crimen organizado estaba detrás del conflicto en Cherán. El pueblo siguió en poder de los detenidos de Capácuaro como prenda para entablar negociaciones con las autoridades del estado. A cambio de los detenidos, la gente de Cherán exigía garantías de protección frente a posibles represalias del crimen organizado. Los pobladores también desconocieron al presidente municipal, el priista Roberto Bautista, y desarmaron y cesaron de sus funciones a los casi 50 policías municipales de la localidad (muchos de ellos acusados de estar coludidos con los talamontes). Una ronda comunitaria, compuesta por voluntarios, los sustituiría. Era la primera de su tipo en Michoacán y a la que tiempo después acudirían los grupos de autodefensa del sur del estado (diferentes en composición y naturaleza) para pedir asesoría.[8]

El 23 de abril los habitantes de Cherán entregaron a los detenidos con la promesa por parte de las autoridades de salvaguardar la seguridad de la localidad. Sin embargo, sólo uno días después, el 27 de abril, dos pobladores de Cherán fueron asesinados en una emboscada mientras trabajaban en el bosque. La alerta regresó al pueblo. Se reforzaron las barricadas. Por la noche, el número de fogatas se multiplicó hasta llegar a unas doscientas. Rebasadas por las circunstancias que por omisión, ineptitud y hasta colusión habían contribuido a crear, las autoridades del gobierno de Michoacán solicitaron la intervención del ejército y el gobierno federal para tratar de salvar la situación (4 de mayo). La solicitud, en realidad, respondía a una demanda de los pobladores de Cherán quienes sabían de antemano que el gobierno estatal difícilmente podría cumplir con su promesa de seguridad. En los meses siguientes, los “levantones” y el hostigamiento por parte de los talamontes y las células locales de La Familia no cesaron, pero los patrullajes de la policía federal y ejército ayudaron a mitigar la crisis. Sin embargo, ni policías ni soldados entraron a Cherán. La seguridad interna del poblado siguió a cargo de los voluntarios de la ronda comunitaria.[9]

La cercanía de las elecciones estatales (13 de noviembre de 2011) dio a la revuelta de Cherán un rumbo inesperado y radical. Desde el comienzo, las barricadas y fogatas dejaron de ser simples puestos de vigilancia para convertirse en puntos de reunión y discusión; pequeñas asambleas de donde se originaron las ideas y propuestas que luego se transformaron en iniciativas como la ronda comunitaria o los comités a cargo de la reforestación del bosque. De ahí surgió también la discusión acerca de la conveniencia de llevar a cabo las elecciones programadas para noviembre.

Los pobladores de Cherán habían ya desconocido a la autoridad municipal y llevaban semanas haciéndose cargo de la administración local de manera independiente. En los años anteriores a los sucesos del 15 abril, el pueblo se encontraba fuertemente divido en dos bandos rivales agrupados en torno al PRD y el PRI. Aquellas divisiones facilitaron la intrusión de los talamontes y el crimen organizado. Las elecciones podían reavivar las disputas internas en un momento en que buena parte del pueblo se había unido en torno a una causa común que, dadas las circunstancias de emergencia, muy pocos podían cuestionar abiertamente. Hacia finales de septiembre, el PRI y el PRD, junto con otros tres partidos (PVEM, Nueva Alianza y Convergencia), impulsaron una candidatura única. El PAN, sin mucha influencia local, renunció a participar, mientras que el PT decidió competir con su propio candidato.[10] Todos fueron expulsados de Cherán.

En una decisión sin precedentes, la comunidad decidió prohibir la propaganda electoral, desconocer a los partidos políticos y evitar los comicios de noviembre. La revuelta que comenzó con una toma de camiones se había convertido en un desafío a la legitimidad ya no de las autoridades locales, sino de la clase política en su conjunto. Sin embargo, nuevamente, Cherán no abandonó los canales institucionales. Las elecciones locales se llevarían a cabo, pero sin la intervención de los partidos y con base en la figura legal de “usos y costumbres”. Las comisiones y representantes del pueblo se movilizaron para respaldar la decisión de la comunidad en lo previsto por la constitución mexicana (artículo 2º) y la legislación internacional (en particular, el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas).[11]

El 8 de noviembre, tres días antes de la elección, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación respaldó la propuesta del pueblo de Cherán y determinó cancelar los comicios en la localidad. También ordenó que se llevara a cabo una consulta entre los miembros de la comunidad para determinar si la mayoría estaba de acuerdo con realizar la elección de autoridades locales según el método de usos y costumbres. La consulta, supervisada y avalada por el Instituto Electoral de Michoacán, se llevó a cabo a mediados del mes de diciembre. El pueblo de Tanaco, tenencia de Cherán, también fue incluido. Ahí, la consulta resultó en contra de realizar las elecciones por medio de usos y costumbres. En Cherán, la cabecera municipal, el resultado fue como se esperaba a favor.[12]

La elección tuvo finalmente lugar en enero 22 de 2012. Un consejo (Consejo Mayor Comunal) compuesto significativamente por once hombres y una mujer tomó posesión como la autoridad legal de Cherán en sustitución de los anteriores (y depuestos) funcionarios municipales.[13] Era el primer proceso electoral de este tipo en Michoacán, el primero del siglo XXI y, de hecho, el primero con esas características en toda la historia de la entidad. Tal fue la novedad del gobierno indígena de Cherán que poco tiempo después dio lugar a una controversia jurídica que terminó por dirimirse en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Cuando el TEPJF dispuso que se llevara a cabo la consulta sobre usos y costumbres en el municipio de Cherán, también ordenó al congreso de Michoacán que legislara en materia de derechos indígenas. Los legisladores del estado así lo hicieron, pero las reformas que realizaron a la constitución de Michoacán (publicadas en marzo de 2012) no incluyeron el derecho a elegir autoridades municipales por el método de usos y costumbres. Cherán entonces promovió una controversia ante la Suprema Corte para invalidar las reformas porque los cambios a la constitución michoacana potencialmente anulaban la legalidad de su recién conseguido Consejo Mayor, así como la posibilidad de volver a elegir autoridades locales en el futuro según la figura de usos y costumbres (y, por tanto, sin la intervención de los partidos políticos que la comunidad había logrado expulsar).[14]

Dos años después, a finales de mayo de 2014, la Suprema Corte falló a favor de Cherán e invalidó las reformas hechas por el congreso de Michoacán. La Corte, sin embargo, también estableció que la invalidación de las reformas (que habían otorgado poco más de una veintena de nuevos derechos a los pueblos indígenas en todo el estado) sólo tendría efecto para el caso de Cherán. La decisión de la Corte, en efecto, garantizó a los miembros de la comunidad la facultad de seguir eligiendo sus autoridades según las reglas que ellos mismos se fijaran siempre y cuando no contravinieran otros derechos marcados en la constitución federal y los tratados internacionales signados por el estado mexicano. Como contraparte, también dejó sin efecto para la localidad los derechos que se ejercen en el resto de los pueblos indígenas de Michoacán.[15]

Los alcances de esta decisión (entre otras, la posibilidad de que otras comunidades indígenas en el estado puedan regirse localmente a través de consejos a la manera de Cherán) están aún en desarrollo. También están por conocerse si las circunstancias que llevaron a la revuelta de la mañana del 15 de abril de 2011 están enteramente superadas o si, por el contrario, habrán de resurgir en el futuro próximo. Después de todo, las amenazas, los secuestros y asesinatos continuaron por un tiempo después de la elección del Consejo Mayor en enero de 2012, aunque posteriormente la violencia pareció disminuir. La caída de los Caballeros Templarios lo mismo puede llevar a una nueva ola de violencia que derivar en una cierta mejora de seguridad. Hay todavía cuentas pendientes y resentimientos entre los propios habitantes de Cherán y entre Cherán y sus pueblos vecinos —lo que nos recuerda la necesidad de también contar esta historia desde el punto de vista de Tanaco y Capácuaro—. El bosque sigue en disputa. El desprestigio de los partidos políticos aparentemente no ha hecho sino aumentar en estos años, pero una vez lograda la autonomía local viejas rivalidades podrían regresar.

 

 

[1] Adán García, “Desata tala enfrentamiento en Michoacán”, Reforma, 16 de abril de 2011; Lilian Palma, “The courage of Cheran: organizing against violence,” Open Democracy, 14 de diciembre 2011, https://www.opendemocracy.net/lilian-palma/courage-of-cheran-organizing-against-violence.

[2] Laura Woldenberg, “Cherán, el pueblo purépecha en rebeldía”, Vice, 19 de julio de 2012, http://www.vice.com/es_mx/video/cheran-pueblo-rebelde.

[3] James C. McKinley Jr., “With Beheadings and Attacks, Drug Gangs Terrorize Mexico”, New York Times, 26 de octubre de 2006, http://www.nytimes.com/2006/10/26/world/americas/26mexico.html?pagewanted=all.

[4] Salvador Maldonado, Los márgenes del estado mexicano: Territorios ilegales, desarrollo y violencia en Michoacán (Zamora: El Colegio de Michoacán, 2010).

[5] Ver José Eduardo Zárate Hernández, coord., La tierra caliente de Michoacán (Zamora: El Colegio de Michoacán / Gobierno del estado de Michoacán, 2001); Salvador Maldonado, “You Don’t See Any Violence Here but It Leads to Very Ugly Things: Forced solidarity and Silent Violence in Michoacán, Mexico,” Dialectical Anthropology 38 (2014): 153-171; José de Córdoba, “The Violent Gang Wars Behind Your Super Bowl Guacamole,” Wall Street Journal, 31 de enero de 2014, http://www.wsj.com/articles/SB10001424052702303277704579349283584121344; Omar García-Ponce y Andrés Lajous, “How does a drug cartel become a lime cartel?,” Washington Post, 20 de mayo de 2014, http://www.washingtonpost.com/blogs/monkey-cage/wp/2014/05/20/how-does-a-drug-cartel-become-a-lime-cartel/.

[6] Gloria Muñoz Ramírez, “En Cherán ‘nos cansamos de agachar la cabeza’, La Jornada, 28 de mayo de 2011; Woldenberg, “Cherán”.

[7] Ibíd. También, Magdalena Gómez, “Chéran: opacidad del Estado y razón de la comunidad”, La Jornada, 24 de mayo de 2011.

[8] Adán García, “Arman en Cherán ‘ejército’ de civiles”, Reforma, 4 de mayo de 2011.

[9] Ariadna García y Adán García, “Interviene ejército en Cherán”, Reforma, 7 de mayo de 2011.

[10] “Une Cherán a cinco partidos”, Reforma, 29 de septiembre de 2011.

[11] Gilberto López y Rivas, “El derecho de Cherán a elecciones por usos y costumbres”, La Jornada, 9 de diciembre de 2011.

[12] Adán García, “Cancela Cherán proceso electoral”, Reforma, 8 de octubre de 2011; Benito Jiménez, “Desafían a autoridad cansados de la violencia”, Reforma, 12 de noviembre de 2011; Andrés Martínez, “Tala Cherán elección y siembra consejo”, Reforma, 14 de noviembre de 2011; Adán García, “Realizan consulta en Cherán”, Reforma, 18 diciembre 2011.

[13] Ernesto Martínez Elorriaga, “Elige Cherán a sus autoridades municipales; supervisa IEM”, La Jornada, 23 de enero de 2012.

[14] “El extraño caso de Cherán”, Reforma, 3 de junio de 2014.

[15] Ibíd.

[Nota: Escribí este texto aproximadamente hace un año. Lo hice con el fin de participar en un concurso para un puesto académico que, a la mera hora, se malogró para mí y, según tengo entendido, también para el resto de los participantes. Al menos tres colegas pensaron que el escrito, parte de un protocolo de investigación más largo, idealizaba los hechos que refiere; al menos otros tres pensaron que, en realidad, lo que pasaba es que hería la susceptibilidad política de quienes pensaban que el texto tenía un tono demasiado idealista. No modifiqué, salvo pequeños detalles, el trabajo original. Va, en todo caso, como una sincera demostración de reconocimiento a quienes dieron vida a los sucesos que arriba se relatan.]

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