Francisco y los 43

por Agustín Ramos

Que no se pierda uno solo de estos pequeños: Mateo 18, 1-14.

¿Debió el actual vicario de Cristo atender a los padres de los 43 desaparecidos? El papa actual parece un tipo risueño, bonachón, franco, sensato. Defiende a los pobres y comprende a los vulnerables. Adopta poses progresistas y simpaticonas, da la mano a tiranos que antes la iglesia católica mal miraba y, en general, apoya tibia pero ruidosamente las buenas causas. Quizá por eso en México, con 93 millones de bautizados, muchos practicantes católicos creyeron que Francisco concedería una audiencia a los padres de los normalistas desaparecidos.

Hay un solo motivo a favor pero demasiados en contra para que el papa Francisco accediera a eso. Entre éstos está su historial en la Argentina de 1976 a 1983, rigurosamente documentada desde 1999 por Horacio Verbitsky en Página 12, pues tal conducta perfila al papa actual como cómplice de genocidas, desamparador de sacerdotes y catequistas comprometidos con su grey, coadyuvante en el rapto de recién nacidos y encubridor del pacto entre jerarcas católicos y militares que empezó a sellarse en la plenaria episcopal del 10 de mayo de 1976.

El papa. (Foto. EFE.)

El papa. (Foto. EFE.)

Y aunque el periodista Verbitsky suprima de sus archivos digitales todas las notas en las que inculpa al actual papa, no rectifica “ningún dato” y asienta que sus opiniones al respecto “no han variado”, esto implica la vigencia de los documentos que justificaron a los militares por no actuar “con pureza química de tiempo de paz”, así como la denuncia de Verbitsky contra el actual papa por alterar la minuta en la que varios obispos bendijeron, por así decirlo, a la dictadura.

Aún más, el actual papa debió testificar en 2010 sobre crímenes de lesa humanidad cometidos en el principal centro de tortura de la dictadura militar argentina. Claro, él negó los cargos, en especial los relativos a su participación en el hurto de bebés. Sin embargo la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, desmiente esa declaración y atribuye al silencio de Bergoglio el haber contribuido a los “30 mil desaparecidos y 560 nietos apropiados por represores” en Argentina.

Esa cifra de desaparecidos en ocho años de dictadura militar se asemeja a la que la Procuraduría General de la República mexicana presentó, “ya depurada”, en marzo de 2015. Sí, aquí, en el país que visitó Bergoglio, el actual papa. Un México que sufre métodos similares a los de las dictaduras: primer lugar en asesinatos de periodistas en América Latina y quinto en el mundo; 51 sacerdotes asesinados en 25 años, once de ellos en el gobierno de Peña Nieto; “México, un infierno para ejercer el sacerdocio” reza el encabezado de una nota eliminada tan pronto como apareció en xeu.com.mx de Veracruz. Y con catorce recomendaciones del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, lo cual remite a la lucha por la reaparición con vida de los 43, una lucha que se pretende calumniar tildándola de politización manipuladora, de pretexto para sembrar desestabilización y cizaña de raíces rojas, de conjura antigubernamental para opacar supuestos logros, etcétera.

¡Ya supérenlo!, dicen.

La autoridad moral para llamar la atención al actual papa sobre esta lucha está justamente en esas cifras que se cuadruplicaron con Peña: 26 mil o 30 mil personas que comenzaron a desaparecer en 2006 tras la militarización calderonista, más otras once cada día que corre, según reporta Animal Político. Y más allá de la representatividad y la autoridad moral que la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa confiere al reclamo de sus padres, las normales rurales, por méritos propios, forman parte de un sector que el vicario de Cristo estaría obligado a privilegiar. La muestra consiste en un dato obtenido del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, de julio de 2014: “Entre 2003 y 2012 el desempeño [de los estudiantes mexicanos más pobres] mejoró más de un año de escolaridad. Esta fue la mejora más amplia para los estudiantes más pobres de todos los países [de la OCDE] que participaron en PISA en 2003 y 2012.”

Dije arriba que había un motivo para que el papa actual atendiera a los padres de los desaparecidos. Ese motivo es que se lo piden prójimos humildes, conscientes, de buena voluntad.

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